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Por Luis Salas Rodríguez

¿Por qué no se sembró el Petróleo?

Venezuela | 18 de octubre de 2016

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Si este triunfo (de la reacción) imaginario se diese, nos encontraríamos ante el más ominoso desastre. Los poderes públicos se convertirían en el azote del ciudadano, retornaría la zozobra, las persecuciones y las expulsiones, los expedientes insinceros y rabulescos que fueron sus aliados de ayer y su obsesionante sueño de hoy. La administración se vería intervenida por los intereses con que se han comprometido y por las especulaciones financieras con que están ligados para obtener los recursos de su conspiración. Miraríamos entonces el interminable desfile de los mercachifles insinuarse por todos lados con la fórmula del monopolio y la concesión, mientras todo un sanedrín de rábulas actuaría entre los meandros de las ciencias jurídicas para decapitar las conquistas afirmativas logradas en la presente etapa.

Si la reacción triunfara. Diario El Tiempo. 14 de septiembre de 1945.

“Por iniciativa de Don Luis Gonzalo Marturet muy eminente representante de los intereses públicos y privados (…) tan amenazados por las nuevas teorías y manejos de la cosa pública, que estaban y están utilizando los revolucionarios de nuestra época, fundamos la Federación de Cámaras de Comercio y Producción (…) Se nos ocurrió la necesidad de hacer una Federación que actuara contra el gobierno constituido”

Feliciano Pacanins. 51 años al servicio de Venezuela. P: 251.

Pocas consignas son tan consustanciales a la venezolanidad como la de Sembrar el petróleo. Desde niños, todos y cada uno de los habitantes de esta tierra la hemos escuchado, siendo que ya más allá de ser una consiga se ha convertido en una especie de imperativo categórico.

Pero lo cierto del caso es que las décadas han pasado y casi vamos ya para un siglo de su promulgación y los venezolanos y las venezolanas de hoy no solo seguimos repitiéndola, sino que nos preguntamos por qué no lo hemos hecho. ¿Es culpa del imperialismo? ¿O será más bien que como “raza” no somos capaces?

A lo largo de los años los expertos y los no tanto se han dado a la tarea de responder esta incognita. Sin embargo, todo el que quiera saber realmente por qué en Venezuela no se dio la siembre petrolera debe conocer la historia del 18 de octubre de 1945.

Y es que tal día como hoy, hace 71 años, FEDECAMARAS, de la mano de militares pentagonistas, las transnacionales petroleras y los adecos, derrocó al gobierno de Isaías Medina Angarita frustrando el proyecto de la siembra petrolera para consolidar el del rentismo parasitario.

FEDECAMARAS -creada en 1943 por los importadores y banqueros para oponerse -en palabras de uno de sus fundadores, Feliciano Pacanins, como mostramos en el epígrafe- al gobierno de Medina, siempre negó y todavía niega su participación en dichos eventos. Sin embargo, no solo fue la gran beneficiaria de las políticas de la “Junta Revolucionaria” presidida por Rómulo Betancourt (así como más tarde lo sería de las de la dictadura de Pérez Jiménez), si no que hasta se permitió celebrar el derrocamiento de Medina y colaborar en el mantenimiento del nuevo orden.

Por caso, en aquel entonces, el militante de AD Alejandro Hernández fungía de dueño fundador de industrias PAMPERO (en la actualidad pertenece a la transnacional Diageo). Y a su vez, era uno de los cuadros directivos de FEDECAMARAS, pasando durante el Trienio a formar parte de las juntas directivas del Consejo Nacional de Economía y la Corporación Venezolana de Fomento. El primero, el lobby instalado para que FEDECAMARAS dictara la política económica del país para su provecho y real criterio. Y la segunda, la oficina de financiamiento gracias a lo cual sus socios comenzaron a darse “créditos” preferenciales la mayoría de los cuales nunca retornaron y tampoco usaron para lo que oficialmente se los dieron (desarrollar la economía nacional, las fuerzas productivas internas, etc).

El 22 de octubre de 1945, ya derrotado Medina y en medio de la cacería que se emprendió contra los funcionarios de su gobierno y sus seguidores (como contra los militantes del PCV, prácticamente sus únicos aliados), industrias PAMPERO publicó el siguiente “mensaje institucional” en el diario El País:

Venezuela política y petróleo.

Como sabemos, la mitología adeca que el propio Rómulo Betancourt se encargó de montar con su Venezuela, política y petróleo, siempre argumentó razones democráticas y nacionalistas para el golpe de Estado. Por un lado, se dijo que se buscaban acelerar el ritmo democrático del país acusando al gobierno de Medina de rehusarse al llamado a elecciones populares para la elección de su sucesor. Mientras que, por otro, se dijo había que detener el proceso de entrega del petróleo venezolano que según Betancourt y su escudero Pérez Alfonso, Medina había reafirmado con la ley de hidrocarburos de 1943.

Sin embargo, la verdad con respecto a lo primero es que entre el medinismo y los adecos había consenso en que la sucesión no se resolvería electoralmente de forma inmediata. Se había llegado al acuerdo de apoyar la candidatura de Diógenes Escalante, que venía de ser embajador en los Estados Unidos y a quien los adecos veían con buenos ojos por considerar que tenía desacuerdos con puntos fundamentales de la política medinista en materia económica, si bien era cierto que gozaba de toda la confianza del gobierno del General. No obstante, como quiera que haya sido, en uno de los capítulos más oscuros de la historia venezolana, termina resultando que Escalante –alojado tras su venida de Washington en el hotel fundado por Nelson Rockefeller para sus asuntos en Venezuela: el Hotel Ávila de San Bernardino- de repente enloqueció, tal y como lo reportó a las autoridades el que entonces era su secretario privado: el no menos oscuro Ramón J. Velázquez.

Tras la repentina “locura” de Escalante, Medina opta por apoyar como candidato a su ministro de Agricultura Ángel Biaggini, ministro especialmente odiado por la reacción al haber impulsado la Ley de Tierras y la reforma agraria del 45 que confiscaba tierras ociosas privadas. Biaggini, en lo concreto, mantenía la misma propuesta de Escalante de resolver durante su mandato el llamado a elecciones populares, pero entonces los adecos comenzaron un despiadado ataque sobre su persona acusándolo de todo lo imaginable, desde corrupto hasta ignorante y continuador de la “dictadura”.

En cuanto al tema de la ley de hidrocarburos del 43, debe recordarse que los adecos –a quienes, dicho sea de paso, Medina legalizó como partido pues hasta entonces era un partido proscrito- por intermedio de Pérez Alfonzo se opusieron rotundamente a la misma durante su discusión. Particularmente, le criticaban el haber renovado las concesiones por un lapso de 40 años a las transnacionales, lo que consideraban poco menos que una traición a la patria. Empero, una vez en el poder, no eliminaron las clausulas que así lo establecían, pero lo que si hicieron fue modificar los mecanismos fiscales mediante los cuales se garantizaba que el Estado venezolano captará el 60% de la participación en el negocio petrolero mediante impuestos y regalías, así como el derecho a subir dicha participación de forma unilateral. Gracias a Betancourt y Pérez Alfonzo, la participación del Estado se redujo en un diez por ciento (él celebrado “fifty-fyfty”), pero además cualquier pretensión del estado venezolano de subir su participación debía hacerse en “consenso” y tras negociaciones con las petroleras. Por motivos como este, Betancourt sería tan bien visto siempre por las petroleras como por los gobiernos norteamericanos y británicos:

El otro “argumento” de los golpista fue la corrupción. Tratándose de los adecos, claro está, todo un ejercicio de cinismo. Pero incluso antes de abalanzarse como fieras sobre los recursos públicos, ya en aquel entonces Betancourt y los suyos daban muestra de la relación maniquea con que históricamente han manejado ese tema.

Un ejemplo de ello es el del empresario Eugenio Mendoza, en su momento ministro de fomento de Medina y quien tuvo que renunciar debido a las denuncias que desde todas partes se dirigían sobre el uso de su posición privilegiada para favorecer los negocios de sus empresas dedicadas a la construcción. El caso es que luego de derrocado Medina, Betancourt nombra a Eduardo Mendoza como su ministro de Agricultura, quien no solo era un cuadro probado de FEDECAMARAS sino además hermano y socio de Eugenio, con lo que la línea de continuidad de favorecimiento de los grandes grupos familiares desde el Estado se mantuvo. Valga reseñar solo a título informativo que Eduardo Mendoza es el abuelo materno de “nuestro” Leopoldo López Mendoza y suegro de Thor Halvorssen, célebre agente de la CIA y la DEA vinculado a CAP y Pedro Tinoco e involucrado en los casos de terrorismo financiero de los años 90. El hijo de Thor Halvorssen, Thor Halvorssen Mendoza, primo de Leopoldo, dirige una organización denominada Human Rigths Foundation con sede en Nueva York, también una fachada de la CIA y la USAID para operar en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Todos estos personajes son a su vez familia de Lorenzo Mendoza Giménez, el mismo de la POLAR.

El Ministro de Agricultura de la “Junta Revolucionaria” Eduardo Mendoza y su esposa junto a Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos. Eduardo Mendoza era hermano y socio de Eugenio Mendoza. Tres años después del golpe de estado de 1945, FEDECAMARAS repitiría el formato conspirativo contra Gallegos al intentar este revivir algunas de las políticas medinistas. En noviembre de 1948, tras tan solo ocho meses en el poder, es derrocado Medina y se instala una dictadura milico-corporativa de 10 años.

Las verdaderas razones del derrocamiento de Medina.

Entre las razones reales del derrocamiento del gobierno de Medina ninguna ha resaltado tanto como la petrolera. De hecho, son varios los que sostienen que Medina fue víctima del segundo de los cuatro golpes petroleros de la historia venezolana junto al de Gómez contra Castro en 1908, el orquestado contra Gallegos en 1948 por los militares y FEDECAMARAS tras su ruptura con AD, y el de FEDECAMARAS y la meritocracia petrolera contra Hugo Chávez en 2002.

La historia de la variable petrolera es conocida. En 1943, Venezuela aprovecha la coyuntura de la segunda guerra mundial para mejorar su participación dentro del negocio forzando a las petroleras a aceptar condiciones con las cuales estaban en franco desacuerdo. Esto genera una situación de tensión entre el gobierno venezolano y las mismas, que lleva al gobierno de Roosevelt a intervenir buscando garantizar a toda costa el estratégico suministro petrolero venezolano y evitar se produjera una nacionalización del petróleo, tal y como había ocurrido en México y Bolivia. Luego de intercambios entre los dos gobiernos, el Ejecutivo norteamericano prácticamente ordena a las petroleras propias y a las del Reino Unido –todavía más dependiente del petróleo venezolano dado el bloqueo alemán- que acepten las condiciones lo cual finalmente hacen. En agosto de 1945 terminó la guerra y ya no era presidente Roosevelt sino Truman. Dos meses después, se produce el golpe de Estado.

Pero hay otra variable no tan conocida como la anterior y que tiene que ver con la posición de Venezuela durante la Cumbre de Bretton Woods celebrada en julio de 1944, cuando si bien no había terminado la Segunda Guerra ya se inclinaba la balanza hacia el bando aliado y por tanto se delineaba el orden postguerra.

En dicha cumbre, se “acordó” que las condiciones del nuevo orden internacional pasaba por el relevo del testigo de la hegemonía global de manos inglesas a las norteamericanas, aprovechando los norteamericanos lo prácticamente intactos que salían de la guerra y el superávit comercial, productivo y financiero que la propia guerra les supuso.

Precisamente debido a esto, el nuevo orden mundial “propuesto” por los norteamericanos, suposo una apertura total al libre comercio, lo que facilitaría la colocación de sus mercancías a lo ancho y largo del mundo. A su vez, la instauración del patrón oro dólar y la consolidación de la moneda norteamericana como divisa de cambio y referencia mundial. Aunado lo cual las políticas cambiarias de los países debían unificarse –eliminar los tipos de cambio múltiples- y cualquier manipulación de los temas cambiarios no podía hacerse sin la autorización de la institucionalidad creada para salvaguardar y administrar el orden naciente: el FMI, el BM y la OMC.

En Latinoamérica hubo dos países que se negaron a suscribir tales “acuerdos”: Argentina y Venezuela. En el caso argentino, tanto el presidente Edelmiro Julián Farrell como su sucesor Juan Domingo Perón, se negaron a suscribirlos por ir en contra de sus intereses nacionales. Tal oposición se mantuvo hasta 1956, cuando tras el derrocamiento de Perón, el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu lo hizo.

El gobierno venezolano adoptó una actitud más compleja. Declaraba apoyar el “espíritu” de los acuerdos pero se reservaba de no suscribir todo aquello que contrariara sus intereses o fuera en contra de sus planes de desarrollo. Y es que el pilar de la política medinista se basaba en un estricto control de cambios y la existencia de tasas diferenciales dadas las asimetrías de la economía nacional, pero también en una política aduanera que sirviera para promover un proceso de industrialización nacional. De tal suerte, al momento de firmar el acta, el delegado venezolano Rodolfo Rojas consignó la siguiente nota:

“La delegación venezolana desea expresar que su firma de la presente Acta no implica recomendación alguna a su Gobierno respecto a la aceptación de los documentos en ella contenidos.”

El entonces Jefe de la Oficina de Control de Cambios e importaciones del Estado, Diego Mejía, justificó la posición venezolana de manera bastante elocuente:

“A Latinoamérica le interesa naturalmente, el afianzamiento de una paz sólida y estable. Pero esta paz no puede significar para ella su carta de esclavitud. Paz sí, pero paz con igualdad de oportunidades para todos los pueblos. Paz que nos permita trabajar para conseguir los altos niveles de vida que otros pueblos ya han alcanzado.

Un régimen de libertad absoluta en el comercio internacional sería fatal para los pequeños, para los retrasados, para los económicamente débiles. La aceptación de nuestra parte de un régimen semejante equivaldría a la cancelación de todos nuestros prospectos industriales, al abandono de nuestras aspiraciones de mejor estar económico, a la aceptación irremisible del bajo estándar de vida de nuestro pueblo.

(…) Aspiramos a contribuir a que en la postguerra sea más intenso el tráfico internacional de mercaderías, pero no podríamos renunciar al derecho de seleccionar nuestras compras, para que ellas sirvan mejor a los proyectos de nuestro desarrollo industrial.

Lo contrario equivaldría a la más irritante de las paradojas: que una guerra por la libertad y por la independencia de los pueblos tuviera como resultado la esclavitud económica de los países débiles, que no a otra cosa equivaldría dejarlos sin armas para defenderse de los fuertes, en el azaroso terreno de la competencia internacional”.

La prueba definitiva de que el proyecto de Medina y los nuevos intereses norteamericanos marchaban por rumbos distintos, la ofreció la polémica sobre el comunismo. Y es que ya superada la guerra, la alianza táctica entre la URSS y las potencias capitalistas se fue rompiendo para entrar en los tiempos de la Guerra Fría, todo mientras el gobierno de Medina no solo se estrechaba su alianza con el PCV si no además daba su autorización para la apertura de la embajada de la URSS en Caracas.

El conflicto en el frente externo abierto por el gobierno venezolano fue aprovechado por la burguesía parasitaria local, que era la otra parte afectada por los planes industrializadores de Medina y sus ideólogos. Y es que esta burguesía parasitaria ya entonces vivía del negocio de usufructuar la renta petrolera para importar todo género de cosas y venderlas a precios especulativos, dado lo cual no tenía ningún interés en el desarrollo de una industria local. Pero además, se oponía férreamente a los controles de cambio y precio impuestos por el gobierno, tanto como medida coyuntural de defensa económica frente a los desajustes internacionales causados por la guerra, como estructural para domesticar al capital criollo, desincentivar su tendencia especulativa y proteger al consumidor desabastecido y especulado.

La reacción de la burguesía parasitaria criolla fue organizarse y emprender una guerra económica contra el gobierno de Medina. En 1943, por iniciativa de las Cámaras de Comercio de Maracaibo, Valencia y Caracas, crean FEDECAMARAS, gremial desde la cual se dieron a la tarea de coordinar sus acciones a nivel nacional pero, además, darse tribuna para incidir sobre el debate político imponiendo sus intereses al del resto de la sociedad. Se cumplía una vez más la profecía de Adam Smith: cuando los hombres de negocios se reúnen, sale perdiendo la sociedad.

La especulación y el acaparamiento de productos fue el mecanismo utilizado por FEDECAMARAS para generar condiciones de descontento social. Y para ello se valieron de la coyuntura crítica de la guerra pues, en la medida en que las importaciones se dificultaban, los precios aumentaban y el acaparamientos se generalizaba. Al mismo tiempo, presionaban al gobierno para que le diera cada vez más dólares. Y a cada nueva medida de éste por proteger a los consumidores o los trabajadores respondían con nuevos comunicados amenazadores y catastrofistas o acciones de fuerza como cierre de empresas, despidos y nuevos acaparamiento especulativos.

Al igual que lo hace hoy, FEDECAMARAS culpaba al gobierno de los altos precios y la escasez, denunciando el “intervencionismo económico” que entorpecía el libre juego de la oferta y la demanda y ponía limitantes a la iniciativa privada. Así las cosas, poco a poco fueron creando las condiciones críticas para la caída del gobierno, la cual se generaría cuando los diversos factores involucrados alinearan sus intereses y la coyuntura externa les fuera favorable.

En fin, hoy es un recordatorio que el rentismo no es una tara, un designio ni una maldición, si no un modo de apropiación de la riqueza social en pocas manos, en este caso, de privatización del excedente petrolero a través del Estado que como todo modo de apropiación tiene un origen, una historia, unos arquitectos y unos defensores que luego levantan un mito que los encubre. Si la siembra petrolera no se pudo cumplir como proyecto histórico, fue porque a las “fuerzas vivas” de este país alineadas en torno a FEDECAMARAS, AD y sus variantes nunca les convino y han hecho todo lo imaginable en casi un siglo ya porque no.

Artículo publicado en el el blog Sur-versión: https://surversion.wordpress.com/

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