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Por Franco Vielma

Pre-acuerdo en República Dominicana: aristas y conmoción opositora

Venezuela | 1ro de febrero de 2018

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Foto: Archivo.

Los anuncios dieron cuenta de la firma de un pre-acuerdo entre las partes, en un marco de suma complejidad, pero también de negociaciones sobre puntos sensibles a cargo de los responsables e involucrados. Este conjunto de elementos debatidos en esta etapa de diálogo, busca hacer efectivo un conjunto de demandas de las partes con los fines de resolver (al menos en el corto plazo) las graves turbulencias políticas que han configurado el devenir venezolano en los últimos meses.

Para el chavismo, aún en posición electoralmente triunfante y con perspectiva de dominio en la escena, el diálogo con los representantes de la envilecida Mesa de la Unidad Democrática (MUD) parte de un nuevo momento fundamental para la construcción de nuevos espacios y momentos políticos de estabilidad y paz, en medio de una trama de amenazas externas que en lo concreto se traducen en presiones y sanciones por parte de la política tutelar de Washington en alianza con otros actores de peso en la escena latinoamericana como la Unión Europea (UE).

Por su parte, la MUD ha sido enfática en "la búsqueda de condiciones" para su regreso al ruedo electoral, única alternativa políticamente manejable para esa organización una vez fracasaran nuevamente en el terreno sus escaladas conspirativas y actos de sedición que desarrollaron durante el año 2017. Eso le da al diálogo un carácter de salvavidas político para el antichavismo, entendiendo que hay una elección presidencial en ciernes convocada por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y que la salida parcial del ruedo electoral de la oposición se ha traducido en seguidillas de derrotas electorales para estas fuerzas políticas que
paradójicamente se autoproclaman como mayoritarias.

Las aristas del pre-acuerdo

Jorge Rodríguez, responsable de la vocería del Gobierno en el diálogo, declaró ante los medios desde el país caribeño que se había hecho efectiva la firma de un pre-acuerdo, el cual debe someterse a revisión de "mínimos detalles". El señalamiento de Rodríguez infiere además que el camino de un acuerdo de "convivencia política" con la oposición parece claro y bastante delineado. No obstante, fue hermético al no señalar públicamente los nudos críticos que hasta el momento impiden un acuerdo definitivo. En esta mesa de diálogo está impuesto por vía de consenso el principio de que "o hay acuerdo en todo, o no hay acuerdo".

El acompañamiento internacional estuvo estructurado por el país anfitrión en la vocería de su presidente, Danilo Medina, las cancillerías de Chile, Nicaragua, Bolivia y San Vicente y Granadinas y también el ex jefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Se destaca la ausencia de la cancillería mexicana, una vez que esta delegación decidiera intentar implosionar la mesa de diálogo desconociendo la decisión de la ANC en llamar a elecciones presidenciales antes del 30 de abril y retirándose de las sesiones en vilipendio a esta instancia plenipotenciaria.

No es un dato menor lo señalado por Jorge Rodríguez a su salida de estos encuentros: el directorio político del chavismo señala tener elementos probatorios de fuertes presiones emanadas desde instancias del Departamento de Estado de EE.UU. sobre la delegación opositora para que no se alcanzara un consenso.
La agenda estadounidense, que claramente colisiona con la posibilidad de un acuerdo político en Venezuela, se encuentra en una fase de mayor agresividad y supone el recrudecimiento de sanciones contra Venezuela, una vez que las vocerías de Rex Tillerson y Mike Pompeo (del Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia respectivamente) fijaran desde diversos foros posiciones abiertas que ilustran sin tapujos el desarrollo de una política modulada de asfixia política y económica contra Venezuela.

Estas declaraciones vienen precedidas por palabras del mismo Donald Trump, quien ante su discurso del Estado de la Unión redujo sus anuncios en política exterior para Latinoamérica a su ímpetu por respaldar y mostrar como un logro las sanciones financieras contra Venezuela. Marco Rubio, artífice de las sanciones desde el Senado, también intentó implosionar el diálogo una vez declarara a principios de año, palabras más palabras menos, que el resultado no tendría efecto en la política de sanciones que ya ha iniciado la Casa Blanca y el Congreso.

Con el diálogo, se impuso el "Método Chávez" para hacer política
Estos precedentes suponen que uno de los puntos de honor del diálogo, la trama de sanciones, quede en entredicho en los hechos.

No obstante, la posibilidad de un pre-acuerdo entre las partes supone una derrota táctica de la Administración Trump, en el sentido de que, a los efectos de la agenda injerencista en su momento actual, la oposición venezolana fija de manera pública una posición tácita de desplante a instituciones, gobiernos y voceros políticos que han insistido fervorosamente en que el diálogo con el chavismo implica "legitimar la dictadura" y además "reconocer la ANC".

Incongruencias de Julio Borges y conmoción en el antichavismo

La oposición lidia con la inercia de su propia esfera política: las vocerías histéricamente antichavistas que han involucrado en la diatriba venezolana desde el extranjero. También la decepción de grandes capas opositoras entre la población venezolana, quienes creen que todo diálogo de la MUD con el Gobierno es un acto de domesticación y sometimiento al presidente Nicolás Maduro. En consecuencia, su vocero ante la prensa en el diálogo en República Dominicana, Julio Borges, ha tenido que emplear las palabras de manera creativa para no proyectar debilidad. Aunque terminó evidenciando sus propias contradicciones.

Borges declaró que "no existía un pre-acuerdo". Pero admitió la firma de un documento donde ya existían varios acuerdos refrendados, bajo el criterio de que "hasta que no todo esté acordado, nada está acordado".

El presidente Danilo Medina declaró tener bajo su custodia personal el referido documento, dando cuenta del momento avanzado de las negociaciones.

Las reacciones en el antichavismo no se han hecho esperar. Las respuestas más furibundas han venido de quienes asumen que el diálogo es una capitulación de la MUD ante el chavismo, por la posibilidad de que esta se someta al reconocimiento de la ANC, como es el caso de María Corina Machado y voceros de Voluntad Popular, quienes atacan directamente a los partidos Acción Democrática, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo por mantenerse en las negociaciones.

Por otro lado, la aparente (hasta ahora) imposibilidad de la MUD de imponer la mayoría de los escaños en la Directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE) destruye, según comentaristas, la posibilidad de elecciones transparentes en Venezuela. En este ítem la desconfianza campea, consecuencia de que la MUD insistiera sostenidamente en justificar sus derrotas electorales señalando el árbitro que, en otros procesos comiciales, ha refrendado y validado mediante transparencia las victorias electorales que la coalición opositora ha conseguido.

Para la oposición, lidiar el camino espinoso del rechazo político y deslegitimación desde su propia base de seguidores, podría calificarse como consecuencia trágica de una conducción claramente errática, dislocada y poco pertinente a las expectativas que ellos mismos crearon. Por lo cual lidian con poco margen de maniobra política para alzarse de manera triunfante ante los resultados que puedan devenir del diálogo, si finalmente se realiza el acuerdo total.

Un desenlace en entredicho

Danilo Medina anunció un nuevo encuentro entre el chavismo y la oposición en su país el próximo lunes 5 de febrero. Esta nueva sesión supondría un momento final para el diálogo.

Desde estas instancias el diálogo, cuya iniciativa fue emprendida por el presidente Nicolás Maduro, supone un episodio angular en la política consistente de desarme de la guerra en ciernes que ha instrumentado el chavismo y que le ha permitido espacio y tiempo de maniobra política. Elementos estos que son claves desde el "Método Chávez" de hacer política: encarrilar al adversario a terreno propio, adelantando posición en la oportunidad y sentido de maniobra. Imponer la prevalencia de la política y el empeño en dialogar.

En caso de que en los próximos días se logre un acuerdo, el reto que se va a desencadenar es conseguir el respeto y acompañamiento del mayor número de voluntades del mundo, so pena de aquellos factores que muy probablemente continuarán aupando la creación de circunstancias bélicas en Venezuela. No en balde el secretario de Estado, Rex Tillerson, emprenderá una gira por países de Latinoamérica para aumentar la presión y romper la mesa en función de un ciclo de sanciones económicas más agresivas.


Tomado de: Misión Verdad

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