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En el mes de la Diversidad Sexual

Profundizar la Revolución es asumir la lucha Sexo-Género Diversa

Venezuela | 6 de junio de 2017

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Entender la sexo-género diversidad como condición natural del variado abanico de la población humana y, como tal, garantizar a todas las personas las condiciones para el respeto y el ejercicio de sus derechos, es fundamental para un proceso revolucionario como el bolivariano, que aspira construir una sociedad más justa, equitativa e igualitaria. Ciertamente eso conlleva a reivindicar una mayor visibilización y conquistas legislativas específicas para las minorías sexuales y de género, aunadas a la lucha contra todo tipo de discriminación, pero no sólo: pues se trata de desarrollar un proceso de transformación estructural de la sociedad. ¿Cuánto hemos avanzado en eso?

En los albores de la organización

Para reflexionar sobre los logros alcanzados, y en aras de evidenciar las luchas aún pendientes, hay que recordar cual era la situación del país en ese ámbito, antes de la Revolución Bolivariana.

A ese respecto, Armando Rodríguez, integrante de la Alianza Sexo-Género Diversa Revolucionaria (ASGDRe), explica que nos encontrábamos con “una situación de total invisibilización, por un lado, traducida en total ausencia de políticas públicas para la población sexo-género diversas y una punición indirecta mediante una Ley de Vagos y Maleantes que prejuzgaba a las personas pobres dentro de un marco de prejuicios culturales burgueses, homofobia y transfobia inclusive. La verdad es que era un sistema de exclusión bien engrasado que pasaba por la patologización en los hospitales y escuelas hasta la alianza tacita con poderes fácticos como las Iglesias”.

La mencionada Ley de Vagos y Maleantes estuvo vigente en Venezuela por más de medio siglo, desde su aprobación en 1939 (y luego una reforma poco después) hasta 1997, cuando finalmente fue proscrita luego de un largo iter legal, durado alrededor de doce años. Con ella el Estado, bajo la excusa de “prevenir” un posible delito en base a comportamientos “sospechosos”, legalizaba en realidad la discriminación y persecución de quienes eran considerados posibles causas de “perturbación” en la sociedad y sus “buenas costumbres”: eso se concretaba en parte en la persecución hacia homosexuales y trans y, en todos los casos, hacia personas de clases populares; por eso se conocía como una “ley contra los pobres”.

Las características de la Ley , y la connivencia de los cuerpos policiales, permitían además la perpetración de acciones violentas contra las minorías sexo-género diversas, generalmente perpetradas por jóvenes de clase media alta en algunas ciudades y no sancionadas.

La proscripción de la Ley de Vagos y Maleantes, en 1997, es sin duda expresión del proceso de cambio social, cultural y político que se estaba gestando y que llevaría al pueblo venezolano a sostener el proyecto bolivariano presentado por Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998 y luego a aprobar, en 1999, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) finalizada a refundar la República en pro de la construcción de una sociedad democrática, participativa y protagónica basada sobre los principios de “igualdad sin discriminación ni subordinación alguna” así como de “la garantía universal e indivisible de los derechos humanos” entre otros .
La situación de invisibilización, discriminación, patologización y persecución anteriormente descrita por Armando Rodríguez es la que había empujado también, una decada antes, el surgir de la lucha por los derechos de la sexogénero diversidad, que en Venezuela remonta al inicio de los años Ochenta. En esos años, según relata la historiadora Marianela Tovar Núñez ,“los gays decidieron organizarse para luchar contra los atropellos permanentes y la cotidiana represión de la policía y la guardia nacional expresada en los operativos represivos «Anti-Mariposa» y «Plan unión» que tenían como finalidad atacar a la delincuencia, e incluían limpiar algunas áreas de la ciudad de homosexuales y transformistas. Los medios de comunicación de masas registraban estas actividades, por lo que eran no sólo encarcelados sino expuestos al escarnio público. Producto de esta realidad, surgió en el año 1980 Entendido, la primera organización gay de Venezuela”.

La sexodiversidad en tiempos de Revolución

A partir de ese primer inicio, con el paso de los años ha ido surgiendo un muy variado abanico de organizaciones para los derechos de la sexo-género diversidad, fortalecidas también por los avances de este movimiento a nivel global. Con el proceso de cambio social impulsado por la Revolución Bolivariana, también se ha venido presentando en el país la oportunidad de ir materializando algunas reivindicaciones, valiéndose de la creación de una serie de mecanismos de participación democrática (por ejemplo la figura del Pueblo Legislador) y al mismo tiempo nutriéndose de la permanente movilización, organización y articulación social características del Venezuela bolivariano.

“Los logros más visibles han sido la introducción en el debate nacional de los derechos de la población sexo-género diversa, la articulación de un movimiento político (aunque todavía incipiente) por esos derechos y el cambio que se empieza a percibir en el clima cultural”, explica Armando Rodríguez.

En el ámbito legislativo también se han cosechado algunos logros, acota Rodríguez, “como la no discriminación por orientación sexual e identidad de género en la Ley de Inquilinato, que fue fruto, en este caso, de la articulación de la ASGDRe con los distintos colectivos que presentaron a la Asamblea Nacional el proyecto como pueblo Legislador.” Luego de esa conquista, sigue Armando Rodríguez, “el punto álgido ocurrió en enero del 2014 cuando más de 40 organizaciones presentamos, [nuevamente] como Pueblo Legislador un proyecto de Ley de Matrimonio Civil Igualitario, que lamentablemente no fue atendido.” Sin embargo, reconoce, “la articulación política lograda se observa en una multitud de colectivos y organizaciones que transversalizan las luchas sexo-género diversas en sus propias luchas, esto gracias a el enorme esfuerzo de la población vulnerada y a una nueva conciencia antipatriarcal.”

Otro logro importante sin duda ha sido el reconocimiento de la importancia de la lucha sexo-género diversa como parte de los Objetivos Históricos del Plan de la Patria 2013-2019 presentado por el Presidente Hugo Chávez en su última elección, validado en el debate territorial a nivel nacional y luego asumido como plan de gobierno por Nicolás Maduro. Esto por ahora se ha concretato en la apertura de diferentes espacios de participación, atención, expresión cultural y debate político junto a los colectivos y movimientos sexo-género diversos; sin embargo, se encuentra una considerable resistencia dentro de las mismas instituciones del Estado.

En esta lucha, de hecho, a pesar de la apertura revolucionaria, no han faltado las dificultades, debidas a la herencia de un sistema sexista, machista, homofóbico y transfóbico que tiene raíz en la cultura patriarcal, el eurocentrismo colonial y la moral burguesa judeo-cristiana , que resiste al cambio cultural y social y que se refleja y refuerza, sobre todo, a través de las instituciones (en primer lugar las religiosas, pero no sólo) y de los medios de comunicación.

Como nos relata Armando Rodríguez, “la naturaleza policlasista y la mescolanza de intereses que se expresan en los poderes del Estado y los poderes fácticos han plantado un escenario nada sencillo que sigue poniendo obstáculos para cambios más radicales; en la actualidad existe una situación de tensión que está poniendo a prueba a la Revolución Bolivariana en su capacidad de concretar la esperada igualdad. Los poderes fácticos como las Iglesias, están más activos que nunca presionando al Estado para dar paso a una agenda retrógrada. Por otro lado, la organización de la sexo-género diversidad proletaria todavía no se convierte en un fuerte movimiento nacional que empuje los cambios. El clima cultural ha cambiado en el sentido que ha bajado la fuerte patologización en la Sanidad y en las instituciones educativas, pero faltan acciones programáticas para lograr una educación sexual verdaderamente liberadora”.

A profundizar el cambio

En esta situación de tensión entre el viejo sistema que no termina de morir y el nuevo que no termina de nacer, el proceso constituyente actual representa, sin duda, la oportunidad para hacer valer las deudas históricas de la Revolución Bolivariana hacia la lucha sexo-género diversa.

Entre estas deudas, enumera Armando Rodríguez, se encuentran: “un programa nacional de educación sexual libre de prejuicios, la modificación del marco legal (sobre todo el artículo 77 de la actual constitución) para proteger a toda la diversidad de familias, lograr el derecho a la identidad de las personas Trans, consolidar el acceso a los servicios de Salud sin violencia patriarcal y, sobre todo, articular un fuerte movimiento nacional por nuestros derechos que permita empujar el debate hacia delante”.

“Las oportunidades son enormes” sigue Rodríguez “se ha conversado en varios espacios de encuentro sobre montar un capítulo completo en el nuevo proyecto de constitución sobre los derechos sexuales y reproductivos, la inclusión de la economía de los cuidados y de la preservación de la vida que aseguraría la protección social de la población sexo-género diversa.”

El proceso sin embargo no se puede dar por asentado y, como alerta la historiadora Marianela Tovar Núñez, la Revolución Bolivariana puede cometer “los mismos errores de otros procesos revolucionarios del siglo XX, en que los problemas relacionados con la sexualidad eran considerados de menor importancia”, eso sin prestar atención a la alerta feminista de que lo personal es político.

Reflexionando sobre este riesgo, concluye Armando Rodríguez: “Los peligros más evidentes se cristalizan a través de la exclusión de nuestras demandas y la falta de coherencia del resto de los factores políticos que deberían transversalizar esas demandas en sus luchas. El resultado de eso, podría ser el atornillamiento de los sistemas de exclusión que ya se expresan en el artículo 77 de la actual constitución, por poner un ejemplo”.


Notas:

[1] Hasta el año 1990, la Organización Mundial de la Salud incluía la homosexualidad en una lista de enfermedades mentales. Actualmente, se sigue patologizando de esa manera a las identidades trans, negándolas como expresión de la diversidad humana.
[2] La ley remitía a civiles y policia el juicio de considerar sospechosa una persona, sin el derecho a la defensa y sin la sentencia de un juez
[3] Constitución de la Républica Bolivariana de Venezuela de 1999, Preámbulo.
[4] Marianela Tovar Núñez, La diversidad sexual en Venezuela: notas para una historia reciente de las organizaciones lésbicas, en Rodrigo Navarrete (comp.), Historias y culturas de la diversidad sexual, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas 2012.
[5] Defensoría del Pueblo/ Fundación Juan Vives Suriá, Elementos conceptuales, psicosociales y políticos para una política de defensa y protección del los Derechos Humanos de las Minorías Sexuales, Caracas 2012.

IA/AlbaTV/2017

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