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Por 15yultimo.com

Pronunciamiento: “No es la benevolencia…” o porqué debemos apoyar la toma de panaderías

Venezuela | 22 de marzo de 2017

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La toma de la panadería Maison Bakery por parte de vecinos organizados hartos del maltrato físico (porque poner a la gente a hacer colas es una forma de maltrato físico) y psicológico (porque negarle a la gente el acceso a sus bienes de consumo es una forma de maltrato psicológico y moral), pero también de las condiciones de insalubridad con que venía operando el establecimiento, es un hecho importante al menos por dos razones.

La primera porque constituye una respuesta colectiva y solidaria por parte de los vecinos y la comunidad organizada frente al abuso de los comerciantes, abuso el cual, y hay que decirlo, se produce en buena medida gracias a la apatía e incluso colaboración de algunas autoridades llamadas a ponerle fin a prácticas que, más allá del maltrato en sí, son violatorias al derecho constitucional y humano a tener libre acceso a bienes de calidad sin condicionamientos de ningún tipo.

Es decir, no se trata de una respuesta de orden individualista. Las respuestas de orden individualistas y egoísta son dos: la del que tiene dinero y quiere que le suban el precio del pan lo más posible para que todos aquellos que no tienen ya no puedan comprarlo y, por tanto, él o ella, tener acceso sin competencia al mismo; o la del que ve en los problemas de acceso al pan una oportunidad de negocios y jugando con la necesidad de los demás, se aprovecha para revender. El bachaquerismo no es más que la versión más reciente y decadente de este proceder muy bien arraigado en el ADN de los comerciantes venezolanos que, como bien dijo un intelectual de derecha alguna vez, más que como pequeña burguesía, en realidad piensan, actúan y viven como buhoneros con ínfulas.

La segunda razón es que si bien es verdad que tales tomas no solucionarán el problema de fondo, si crean las condiciones para avanzar sobre ello. A este respecto, se ha dado toda una discusión sobre si iniciativas de este tipo o los llamados “boicots” son o no productivas (para salir del atolladero actual). Esta es una discusión típica de la forma FEDECAMARAS de ver el mundo, pero que también se ha apoderado de sectores progresistas y de izquierda que ante la pobreza intelectual que los caracteriza, no han encontrado mejor cosa que recostarse y apropiarse de los lugares comunes de los buhoneros con ínfulas de ideas. Pues según este razonamiento entonces los sindicatos, por ejemplo, tampoco tendrían razón de ser, pues ni ayudan a superar estructuralmente la relación capital-trabajo ni necesariamente hacen más productiva a las sociedades desde el punto de vista material.

Sin embargo, ese ni es ni tiene que ser el punto de los sindicatos: el punto de los sindicatos y demás formas organizativas de los trabajadores es la defensa de sus derechos, y en última instancia, la de ejercer frente al abuso de los patrones una fuerza colectiva que la contrarreste o le ponga fin. No han ayudado a superar el capitalismo, pero gracias a ellos ya no existen jornadas laborales de 20 horas, el trabajo infantil está prohibido, hay vacaciones colectivas pagas, etc.

Entonces, los asalariados y asalariadas, así como estamos organizados en la esfera del trabajo para defender y salvaguardar nuestros derechos, podemos y debemos a hacer lo mismo en la esfera del consumo, a donde concurrimos a intercambiar nuestro salario por bienes y servicios que obligatoriamente deben ser de calidad, ofrecidos de forma igualmente digna y que no pueden estar sujetos a los condicionamientos de quienes nos ven, a la hora de comprarles, con el mismo desprecio que a la hora de querer mal contratarnos y mal pagarnos. Así como las vacaciones pagas y el salario mínimo no nacieron por la benevolencia de los patronos, los derechos de los consumidores no se impondran por la benevolencia de los comerciantes: se deben conquistar.

Adam Smith decía que el capitalismo es capitalismo porque “no es la benevolencia ni el bien común lo que lo rige sino el egoismo, porque el panadero no vende pan para saciar el hambre del otro, sino porque ve en el hambre del otro una oportunidad de saciar su propia hambre de querer ganar más”. Por eso, el comerciante actua como actua y el bachaquereo, que no hace más que imitar un poco más burdamente al comerciante formal, también. Pero esos son ellos. Nosotros y nosotras, asalariados de todas las índoles, trabajadores de 15 y último por definición, podemos y debemos pensar en el bien común, hasta por razones egoistas. Pues incluso si usted es alguien que en el fondo no le interesan los demás, debería saber que en la suerte de los demás se juega también la suya.

Los ciudadanos y ciudadanas de este país no necesitamos panaderos, necesitamos pan. En cambio, los panaderos no necesitan pan, necesitan de nosotros pues viven de nuestro dinero. Ese es el orden real de la ecuación. Y si alguien debe imponer las reglas de comercialización somos nosotros y nosotras, no ellos, y si no lo entienden o no les gusta pues haremos el pan nosotros mismos y fin de la historia.


Fuente: 15yúltimo.com

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