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Por Pablo Siris Seade

Qué cosa tan fea es la OEA

Venezuela | 1ro de abril de 2017

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“Pregunto yo en mi canción / al que grita y patalea / Caballero de la OEA / Que pasó con la reunión. / Como no me voy a reír de la OEA / si es una cosa tan fea / tan fea que causa risa...” (canción compuesta por el cubano Carlos Puebla, con motivo de la expulsión de su país de la OEA de esa organización en la conferencia realizada en 1962 en Punta del Este, Uruguay).

El jueves 23 de marzo de este año se dio a conocer por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México una declaración firmada por 14 países integrantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde se adoptaba una postura en relación a la situación de Venezuela.

En la nota se establece que los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos de América, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay manifiestan que recibieron el informe del Secretario General de la OEA sobre Venezuela, “el cual evaluaremos con detenimiento con miras a acordar el curso de acción que corresponda dentro de la Organización” (el análisis realizado de este documento está disponible en http://cajaderespuestas.blogspot.com.uy/2017/03/la-obsesion-de-almagro.html).

Se indica en el texto: “Consideramos urgente que se atienda de manera prioritaria la liberación de presos políticos, se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional, según la Constitución, y que se establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas”.

Así mismo, estos países (más Bahamas, Barbados, Jamaica y Santa Lucía) convocaron posteriormente a una sesión del Consejo Permanente para discutir la situación de Venezuela. Esto a pesar de que Venezuela no solicitó dicha reunión, ni fue consultada, ni la consintió y adicionalmente solicitó su cancelación.

La solicitud de cancelación de la sesión, así como la palmaria demostración de la injerencia del secretario general Luis Almagro, la realizó la canciller venezolana Delcy Rodríguez en una sesión especial convocada el lunes 27 de marzo, cuyo contenido completo puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=5NAi8E6p6Q4 (por cierto, un valiente y extraordinario ejemplo de valor revolucionario y defensa de la soberanía y la autodeterminación del pueblo bolivariano).

El artículo primero de la Carta de la Organización de los Estados Americanos (sus estatutos) dice en su segundo párrafo: “La Organización de los Estados Americanos no tiene más facultades que aquellas que expresamente le confiere la presente Carta, ninguna de cuyas disposiciones la autoriza a intervenir en asuntos de la jurisdicción interna de los Estados miembros” (subrayado del autor).

El argumento de Venezuela es muy claro; si ninguna de las disposiciones de la Carta de la OEA permite la injerencia en sus asuntos, menos se puede admitir que la organización debata o resuelva sobre la situación del país.

A pesar de esto, quienes suscribieron ese documento y convocaron esa sesión (más Guyana y Antigua y Barbuda) decidieron aprobar el orden del día y que la sesión se desarrollara, a pesar de la enérgica protesta del representante venezolano Samuel Moncada, con el apoyo de Bolivia, Nicaragua, Haití y República Dominicana, entre otros.

Si bien la sesión se levantó sin ninguna decisión -luego de la reiterada injerencia por parte de los representantes de algunos de los países convocantes de la sesión respecto de Venezuela-, la representante canadiense Jennifer May Loten, leyó sobre el final una declaración en la que se le exige a la OEA “seguir examinando opciones, con la participación de todas las partes en Venezuela, para apoyar el funcionamiento de la democracia y el respeto al Estado de Derecho dentro del marco constitucional venezolano”.

“Coincidimos en la necesidad de que encontremos propuestas concretas para definir un curso de acción que coadyuve a identificar soluciones diplomáticas, en el menor plazo posible, en el marco institucional de nuestra organización y a través de consultas incluyentes con todos los Estados miembros”, señala también el comunicado donde se insiste en la intervención de la OEA en la solución a la que solamente pueden arribar los venezolanos en torno a una mesa.

El representante mexicano en el organismo hemisférico, Luis Alfonso de Alba Góngora, - quien según los medios ejerce el liderazgo en el grupo de naciones que llevan adelante esta acción inamistosa contra Venezuela- había ido antes más allá aún al proponer reuniones “al menos mensuales” del Consejo Permanente para evaluar los acontecimientos en el país.

Las presiones

El propio presidente norteamericano Donald Trump se encargó las semanas previas de llamar a varios mandatarios latinoamericanos para manifestarles su preocupación por Venezuela y su interés en “hacer algo” (los pueblos de América Latina sabemos qué quiere decir ese algo).

El Departamento de Estado anunció una ofensiva diplomática en todo el continente para lograr que ese “algo” sucediera, y cuando la diplomacia no fue suficiente vinieron las amenazas.

El senador republicano por el estado de Florida Marco Rubio declaró el lunes 27 a El Nuevo Herald que esta votación en la OEA podría tener repercusiones en la asistencia que Washington brinda a El Salvador, República Dominicana y Haití.

“Esto no es una amenaza, pero es la realidad (…) Estamos viviendo en un ambiente muy difícil en Washington, donde se están considerando recortes masivos a la ayuda en el extranjero y para nosotros va a ser bien difícil justificar la ayuda a estos países si ellos, al final del día, son países que no cooperan con la defensa de la democracia en la región”, dijo Rubio.

En la nota de El Nuevo Herald se afirma que Rubio señaló que él personalmente ha tenido contactos con el presidente Donald Trump, así como con los jefes de Estado de Costa Rica y Honduras para tratar de conseguir el respaldo al planteamiento de Almagro, quien se pronunció sobre la necesidad de activar la Carta Democrática Interamericana para tratar el caso de Venezuela.

El mismo día Rubio señaló a la cadena televisiva Fox: “La OEA es una organización colectiva de democracia en América y es el modo en que se deberían resolver los problemas en la región, pero si un foro como ese no es capaz de unirse para básicamente señalar en una resolución que Venezuela no es ya una democracia, entonces uno se pone a pensar: ¿para qué tenemos a la OEA?” (subrayado del autor).

Lo que se invoca

Las más graves acciones de la humanidad han sido realizadas sobre la base de este discurso. Nadie dice que defiende una dictadura, ni la opresión, ni las más flagrantes violaciones a los derechos de las personas.

Siempre la excusa para todo es la defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Aún cuando para ello haya que matar a miles a bombazos, restringir las libertades, ahogar por hambre o violar los más elementales derechos.

La OEA ha sido especialista en eso.

Ese organismo fue creado como polea de transmisión de las órdenes del país que detenta la hegemonía continental y global, como un producto de la confrontación con la extinta Unión Soviética y con el expreso objetivo de cerrarle el paso a las ideas del socialismo que adquirieron un gran impulso después de la II Guerra Mundial, tras el heroico ejemplo que dio ese pueblo en el combate victorioso contra el nazi-fascismo.

Por eso expulsó a la naciente Revolución Cubana de su seno en 1962 y por eso mismo respaldó a todas las oprobiosas dictaduras que bañaron en sangre América Latina y el Caribe para defender los intereses económicos de los poderosos grupos transnacionales que son quienes en realidad detentan el poder en los Estados Unidos.

Miles de jóvenes con sus vidas truncadas por militares impuestos a fuego por parte de “las embajadas” (ya sabemos cuáles), pueblos destrozados, expoliación y dependencia económica salvajes que no pueden ser olvidados por una operación de marketing o por el supuesto fin de la historia o por vaya uno a saber qué.

Todavía nuestros pueblos recuerdan a sus mártires, tienen sus cicatrices que aún arden y tienen a los hombres y mujeres que aún pueden dar testimonio de su sufrimiento y su lucha por una sociedad de pan y de rosas, de iguales, donde “naides sea más que naides”, en la que “los más infelices sean los más privilegiados”.

Para esto Venezuela cuenta con el camino y el ejemplo de Chávez, la resistencia y dignidad de su pueblo y la solidaridad combativa de los pueblos de todo el mundo.

Venezuela y su Revolución no están solas. Están rodeadas del amor de millones millones de hombres y mujeres que ven en los sueños de Bolívar, Chávez -junto a tantas y tantos otros líderes revoluconarios- la esperanza de un mundo mejor.

Esos miles de millones son el principal temor de quienes pretender destruirlas.

Tomado del Blog Caja de Respuestas: http://ow.ly/LwIw30atmrU

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