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Por Paola Martucci

Que no te peguen en Carnaval

28 de febrero de 2017

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Mi hermana fue agredida físicamente por su “marido”, el domingo 26 de febrero al llegar de un paseo familiar, tras bajarse ambos en el estacionamiento del edificio donde viven, en la ciudad de Caracas.

Ante la mirada de los vecinos, los gritos y los mensajes que le decían desde las ventanas de los apartamentos, alguien llamo a la policía. Minutos mas tarde aparece Polibaruta, a quién corresponde esa jurisdicción y suben al apartamento. Mi hermana le explica a los policías lo ocurrido: él le pego. Ante ello, los policías le preguntan que si está segura de proceder, pues al hacerlo ya no hay marcha atrás. Que no se puede retractar después de denunciar por violencia de género. Ante eso, ella responde que si, que la lleven a la sede de la policía donde corresponde para realizar la denuncia formal, con los acontecimientos en caliente. Aún en el apartamento, ella se levanta, busca un vaso y sirve agua de la nevera. A los ojos de todos y todas, el marido ejemplar, le dice “no agarres nada, que esta casa es mía”; y se le va encima otra vez para golpearla. El policía reacciona y se lo quita de encima a mi hermana. En este punto, ya no es sólo un representante de la ley, sino testigo de la agresividad del hombre en cuestión.

Acto seguido, suben a la patrulla, ambos; y el policía continúa preguntándole a mi hermana si está segura, agregando, que como ella se defendió, también será detenida en igualdad de condiciones que su agresor. Pese a este comentario, ella reitera “Llévame presa entonces, porque yo a este lo denuncio”. Llegan al comando de La Trinidad (Municipio Baruta del estado Miranda); y le reiteran la advertencia, de que si denuncia, va detenida pues le propinó un golpe en la cara al señor durante el “altercado”. Ella responde: “¿y yo no me puedo defender?, ¿dejo que me mate?. ¡Que bonito!, ¿esa es la justicia, tratarme igual que a él, que fue quien me agredió?". El funcionario le da una respuesta ejemplar: “Señora, así es la situación, usted le pego a él, así que los dos van detenidos”. Asombrada, mi hermana le dice al funcionario; “pero míralo como está, vale, ¡está borracho!. Deben dejarlo detenido, tomen la denuncia”. El policía le agrega entonces: “No señora, así no podemos tomarle declaración a él: esta bebido".. Con todo esto a cuestas, con una acción legal inútil, frustrada, se llevan al agresor, casi como en un servicio de taxi, a donde el le indicó iba a pasar la noche. A mi hermana, la traen a su casa, me llama a mí y yo subo a acompañarla.

Es aquí, cuando llamo al 0800MUJERES, una línea pública de atención y orientación a toda hora para los casos de violencia, y me indican ante todo lo ocurrido, que ese no es el procedimiento oficial, que efectivamente debían haberle tomado la denuncia en ese mismo momento; y me indican que podemos ir al CICPC (Cuerpo e Investigaciones Científicas, Penales y Criminalisticas) de la Av. Urdaneta, en el centro de la ciudad, a denunciar. Nos vamos entonces, ya el 27 en la mañana y sorpresa, le salen con el mismo cuento: que como ella le pego, tienen que detenerla también. Vuelvo a llamar al 0800MUJERES y les digo: “Mira chama, ¿cómo es posible que los funcionarios le digan eso a mi hermana?”, la operadora me dice que son de lo último y que así no se procede en estos casos, que debían haberle tomado la declaración así le haya pegado, porque fue en defensa propia.

Hoy, 28 de febrero, mi hermana aún no ha podido poner la denuncia. El hombre, ha vuelto a la casa. Yo aquí con ella. Estamos a 2 (dos) días después de la agresión y la justicia se fue de Carnaval, mi hermana a merced de lo que haga un hombre violento al margen de la Ley, con la imposibilidad de denunciarlo, con las ventajas de ser hombre y un mundo de leyes machistas.

Reflexiones hay muchas. Pero lo que le paso y le pasa aún a mi hermana, pasa más seguido de lo que el Ministerio del Poder Popular para la Mujer piensa. Pasa a pesar de la Ley del Derecho de las Mujeres a a una vida libre de violencia, pues la violencia institucional, tipificada en dicha ley, no le interesa a los agentes del orden de nuestro país, ni les parece un delito. Las únicas que se mostraron indignadas ante los hechos ocurridos, fueron amistades cercanas que llame para pedir ayuda y a las operadoras del 0800MUJERES, así como algunas personas sensibilizadas pero con poco margen de acción efectivo. El estado debe repensarse la ruta de la denuncia y hacerla infalible, aunque sea feriado, pues la violencia no tiene guardia, no pide vacaciones, ni le descuentan un día de salario.

La mayoría de las mujeres que mueren a manos de sus agresores, tenían esperanza en la ley, en la justicia y en los cuerpos de seguridad. Por eso me uno al paro este 8 de marzo, contra la ineficiencia de las políticas de Estado, encargadas de luchar contra la violencia machista, contra los feminicidios. Me uno, por oponerme a la impunidad y a la complicidad de los cuerpos policiales que permiten que nuestros agresores caminen en libertad.

Yo, sigo aquí con mi hermana, esperando que ella o yo, no seamos una cifra más de mujeres asesinadas por el patriarcado. Esperando mañana, poder denunciar.

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