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Memoria Libre - Por Jacinto Dávila

¿Qué queda de Nosotr@s?

18 de mayo de 2016

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“Quizás mi única noción de Patria sea esta urgencia de decir Nosotros. Quizás mi única noción de Patria sea este regreso al propio desconcierto” M. Benedetti

Comencemos por la mala noticia. Un asesinato siempre lo es. Pero uno en el que se confirma la tortura por dinero siembra dolorosa evidencia de la bestialidad en y entre nos. En el reino animal se mata para comer y esos que llamamos bestias suelen tomar justo lo que necesitan para sobrevivir. La impostura, la traición calculada, la saña y la impiedad parecer atributos de una humanidad que se niega a sí misma con la excusa animal. El afán por la ganancia conduce a eso. Quizás no inevitablemente, pero es una raíz fundamental. La conducta del asesino por paga es un extremo de un continuo que contiene a cualquiera que antepone su ganancia monetaria a la vida ajena. Así que allí cerca están los usureros, los bachaqueros, los corruptos, los que ocultan la comida y las medicinas y los que secuestran la salud a cambio de aumentar los chances de ganar más.

¿Qué nos separa de las bestias? es la pregunta obligada. Una diferencia es nuestra capacidad para darnos cuenta de nuestro origen común, gregario, colectivo. La consciencia de que cada uno y una de nosotr@s es porque somos. Es decir, el niño o la niña se reconoce como humana entre humanos. Se ha visto, si al nacer vamos a vivir entre otros animales, seremos justo como ellos por mucho tiempo antes de reencontrar esa consciencia trascendente. Nuestra conducta sexual, por ejemplo, en la comunidad deja de ser animal para transformarse en la búsqueda del amor que trasciende la química y la biología reproductiva. El amor sin condición, que algunas otras especies ensayan, los humanos y las humanas lo convertimos en la meta suprema que define nuestra condición ya no como especie, sino como seres vivos conscientes y respetuosos de toda la vida.

La buena noticia es que nada de aquella conducta bestial es permanente. La muerte es neutral y al invocarla como aliada no obtenemos a cambio ninguna garantía ni beneficio especial. Igual vendrá por su socio. La vida, por otro lado, otorga todos los beneficios entre los que había que incluir a los sacrificios.

Quizás ha llegado la hora de deletrear el socialismo. No es un método, teoría o doctrina terminada que se define por constraste con aquellas teorías cientificistas, como la sociobiología, que tratan de reducir lo humano a la conducta de los grandes depredadores. El socialismo es un propósito, una meta, un objetivo. Se han ensayado cómos y porqués, como el marxismo, pero nada de eso puede reemplazar el propósito: ser humanos amorosos, si permiten la redundancia, porque no se lo es de ninguna otra manera.

Pero hablemos sobre la piedra. Una práctica médica en la que el azar y el dinero deciden quienes son los pocos que reciben el mejor tratamiento no es humana. Un sistema de distribución de alimentos y medicinas que no tiene piedad por quienes no alcanzan a adquirirlas sino que, al contrario, estimula la escasez como un medio de aumentar la ganancia, no es humano. Una economía diseñada para extorsionar a un pueblo a ceder sus derechos políticos, incluido el derecho a defender y procurar aquel propósito, a cambio de apenas dejarle sobrevivir, NO es humana.
Queda de nosotros y nosotras aquel propósito: bien común. Lo más valioso no es el espacio o los bienes materiales públicos, es decir, del pueblo. Lo más valioso es el conocimiento. Todas esas experiencias en procura del bien común, exitosas y fallidas, agregan valor con tan solo reconocerlas y asimilarlas. Es lo más valioso porque el conocimiento útil es eterno, no se desgasta, se lo puede compartir sin negarlo a nadie, sin privar a otro u otra de su tenencia. Además, podemos aprender a disfrutar el placer de tenerlo, de aprenderlo, y de aprehenderlo por placer, aún cuando también lo usemos para resolver problemas y salvar al mundo. Es fantástico comprobar que al reemplazar “conocimiento útil” por “amor puro” en ese último párrafo, tenemos otra gran verdad al frente. Quizás la misma.

Pero volvamos a la piedra. ¿Qué queda del movimiento revolucionario de Chávez?. Queda Chávez. La memoria de un esfuerzo tras aquel propósito que está llena de conocimientos aún por asimilar. Lo que queda, es decir Chávez, es una sustancia sutíl. No es material, aunque los éxitos de Barrio Adentro, Robinson y las otras misiones sean tangibles y contables. Esos éxitos no son suficientes y están sujetos a la degradación en el entorno del capital. La Revolución no ha llegado tan lejos como Chávez propuso. No ha podido superar el rentismo. No ha podido superar el burocratismo. No ha podido superar la anticultura de la corrupción política. No ha podido contener el afán por el dinero que se manifiesta en una criminalidad desatada, desde el bachaqueo hasta el asesinato por encargo. No ha aprendido a distinguir los parásitos de las y los trabajadores honestos. Premia a muchos que fracasan o especulan y castiga o ignora a muchos que no. No ha vuelto a convocar a sus iguales para defender la Patria de la embestida imperial.

En ese recuento, sin embargo, se perciben también razones para tales fracasos. No se trata de un desafío local. No es un problema nacional reciente. Es el problema histórico de toda la humanidad. Quizás no deberíamos esperar la superación de 2000 años de patriarcado establecido, 500 años de colonización y despojos, 200 años de capitalismo salvaje y 100 años de rentismo, con un par de décadas de correctivos superficiales. Quizás no deberíamos asumir la tarea de 7000 millones de personas, como si solo 30 o 300 millones supiéramos exactamente lo que hay que hacer.
Progreso hay. Ya sabemos que, a menos que descubramos, humanas y humanos, otras formas de relacionarnos en y entre nos que no impliquen la explotación desmedida de todo (incluyéndonos), vamos a terminar de devastar este planeta en el muy corto plazo. Esa relación mediada por el capital no tiene otro destino.

Remembranza

Volvamos a la piedra. ¿Qué queda de la revolución chavista? El poder del gobierno está claramente disminuido. El Banco Central ya cedió completamente la política cambiaria a Dolar Today. La oposición cuenta con un enorme motor promocional antichavista en la Asamblea Nacional. La burocracia del Estado está congelada al parecer por los efectos de la regulación energética, pero en el fondo es por su incertidumbre política. Es decir, sigue jugando a la neutralidad. El ritmo inflacionario ya supera el punto de quiebre en el que los ingresos regulares de los empleados públicos quedan rezagados definitivamente frente a los precios de cualquier cosa. El gobierno de Obama ratificó el decreto que declara a Venezuela como amenaza, con lo cual los motores de los cazabombarderos siguen encendidos a la espera de cualquier evento que confirme que el gobierno bolivariano ya no tiene apoyo popular. Si el ganador de aquella contienda es Trump, no necesitará confirmación. Quizás Clinton tampoco. Por otro lado, el PSUV no encuentra cómo convocar y todavía desperdicia oportunidades extraordinarias para reconectarse con todas y todos, como los comités locales de abastecimiento y producción. Algunos de sus líderes deberían recordar, de Chávez, que no se puede ser solidario y sectario al mismo tiempo. Además, otros mecanismos de distribución y soporte alternativos siguen siendo torpes e improvisados. El servicio de acceso a la medicinas, particularmente, es una tortura. Las colas no son un chiste, se sufren y no se olvidan.

No nos engañamos. Somos humanos, racionalmente acotados y, por tanto, necesariamente propensos a errores. Todo puede terminar muy mal. Pero no ha terminado. Queda mucho por hacer.


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