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Por Raymundo Díaz Taboada

¿Qué significa Ayotzinapa a dos años de la masacre de Iguala?

26 de septiembre de 2016

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Ayotzinapa ejemplifica a los mejores valores de la juventud de México: Jóvenes campesinos, indígenas, de escasos recursos con ganas, deseos y necesidad de superarse profesionalmente, de apoyar a sus familias, de buscar un mejor futuro para sus hijos y/o para sus padres. Jóvenes que encontraron en la Normal rural de Ayotzinapa lecciones de historia y la necesidad de conmemorar el 2 de octubre. Jóvenes recordando a otros jóvenes masacrados 46 años antes en Tlatelolco, que hoy podría haber sido sus abuelos.

El 26 de septiembre de 2014 un primer grupo de normalistas fue atacado hacia las 9 de la noche resultando varios heridos; de manera urgente y solidaria sus compañeros que estaban en la normal acudieron en su ayuda, y con esto, se convirtieron en el objetivo del ataque de la medianoche que provocó 3 muertos y más heridos.

Ayotzinapa también son las otras víctimas, muchas más que los 43 desaparecidos: Si sólo decimos “43” dejamos de lado a los muertos y heridos; y ya los padres y madres de Ayotzinapa han señalado que es más allá de los 43. Y no sólo estudiantes normalistas: Otras organizaciones que también acudieron de urgencia al auxilio después del primer ataque engrosaron el número de víctimas heridas y sobrevivientes: Maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero CETEG y del Sindicato Único de Trabajadores del Colegio de Bachilleres SUTCOBACH; el equipo de futbolistas Los Avispones de Chilpancingo. Y civiles particulares, que nada tenían que ver con el acto original de los normalistas. También los normalistas sobrevivientes ilesos físicamente o con heridas leves y los que, después de sobrevivir a esa noche, abandonaron la escuela porque los delitos de lesa humanidad cometidos con la violencia del Estado les rompió su proyecto de vida. El recuento final de aquella noche de Igual es de 6 ejecutados, 40 heridos, 120 sobrevivientes de esa noche y aproximadamente 700 familiares de los desaparecidos que abarcan las 7 regiones del estado y alcanza a Oaxaca, Morelos y Tlaxcala.

El impacto es mayor en algunos casos como en las comunidades de la Costa Chica y Montaña de donde los desaparecidos son descendientes de los pueblos originarios na savi, me’phaa y nahua y los lazos comunitarios son más fuertes que en otros núcleos urbanos; hay impactos acumulados donde los normalistas desaparecidos en los que son familiares o vecinos y muy particularmente la situación de una familia donde son dos hermanos desaparecidos.

La vida cotidiana en la normal de Ayotzinapa enfrentó el hecho de haber sido prácticamente diezmada, (en el origen romano del termino): Entre ejecutados, heridos, desaparecidos y quienes abandonaron la normal, se perdieron 1 de cada 10 alumnos que iniciaron el ciclo escolar en agosto de 2014.

Jóvenes, jóvenes estudiantes, jóvenes padres,jóvenes que se sobreponen a las historias de otras masacres y abusos de poder. Y que no querían vivir re-viviendo las mismas condiciones de opresión y marginación. Así son los normalistas:con solidaridad, memoria y compromiso.

Hablamos de desaparecidos, ejecutados y heridos. Nos falta hablar del dolor de las familias, del costo social, del miedo que provocó la masacre de Iguala. De personas que no pudieron vencer su miedo a participar en las movilizaciones por que aumenta el riesgo de ser ejecutado o desaparecido, del miedo acompañado de impotencia, de no saber qué hacer para ayudar a encontrar a los desaparecidos. Impotencia que conoce que las autoridades son cómplices, están implicadas de una o de otra manera en las agresiones contra Ayotzinapa.

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, nos confirmó mucho de lo que sabíamos pero no podíamos probar y sistematizó una buena parte de los esfuerzos del estado mexicano para ocultar la verdad: que las agresiones fueron un amplio operativo coordinado en el transcurso de las 8:30 pm del 26 hasta las 6 de la mañana del 27, que abarcó un extenso territorio -por el control en las carreteras que van a Taxco, Teloloapan Chilpancingo- para ejecutar una acción de terrorismo de estado. Que los normalistas fueron monitoreados desde que salieron de Chilpancingo, que el ejército tomo el control de la información a través del C4 de Iguala, que los mandos militares de zona y región, así como la Policía Federal estuvieron informados en tiempo real sobre los que sucedía esa noche en Iguala y sus alrededores. Ese mismo ejercito acusado de ejecuciones en Tlatlaya, que está a poco más de 50 kilómetros de Iguala en línea recta. Esa misma Policía Federal, heredera de la represión en Atenco en 2006 y responsable de las masacres de Apatzingan y Tanhuato.

Ayotzinapa trajo a la memoria a los más de 400 desaparecidos del terrorismo de estado de las décadas de los 60’s y 70’s. Uno de los normalistas desaparecidos es nieto de un desaparecido de esa época. El informe final de la Comisión de la Verdad del estado de Guerrero se presentó a escasas tres semanas de los hechos de Iguala, y por supuesto, esas desapariciones siguen impunes a pesar de la sentencia de la Corte Interamericana en el Caso de Rosendo Radilla detenido en un retén del ejército en 1974 y desaparecido desde entonces.

El primer punto de esa sentencia mandata que el estado mexicano de a conocer el paradero de Rosendo Radilla; como burla y acto revictimizante la PGR lo busca publicando megacarteles de “se busca” en edificios en Chilpancingo y autobuses urbanos de Acapulco…

Porque esa es la otra parte que representa Ayotzinapa: La impunidad que genera el poder económico-político-militar para negar su responsabilidad directa por acción, omisión o aquiescencia. La definición de la ONU sobre desaparición forzada de personas está plenamente identificada con el caso Ayotzinapa. Agentes del estado (policías municipales, estatales y federales, soldados del ejército) fueron los perpetradores directos. Pero ha sido un conjunto muy amplio de actores miembros del estado mexicano (los políticos del ejecutivo, legislativo y los jueces del poder judicial, los sectores empresariales y las cúpulas eclesiales, quienes siguen jugando y actuando como comparsas de los autores materiales. Se ocultan los intereses de quienes decidieron y tuvieron el poder de matar, herir y desaparecer. Todos ellos han clamado para que se asuma la verdad histórica de Murillo Karam y Zerón, que se superen las graves violaciones a los derechos humanos y los delitos de lesa humanidad sin que se conozca la verdad ni haya alcanzado la justicia. Otros actores del Estado participaron en la campaña difamatoria contra los miembros del GIEI, después de su primer informe y obligaron a su salida del país después del segundo informe en abril de este año.

El discurso del gobierno y del estado mexicano a favor de los Derechos Humanos no es consecuente con sus acciones: en Guerrero seguimos con marco legal inadecuado e insuficiente en relación a tortura y desaparición forzada. Ni en ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales. La ley General sobre Desaparición Forzada ofrecida por Peña en noviembre de 2014 aun no llega a hacerse realidad. Este estado mexicano proclive a la violencia institucional que culpa a las victimas ha rechazado opiniones, estudios e investigaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de las áreas de tortura, desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales de la ONU, ha minimizado las opiniones de instancias de Derechos Humanos de la Unión Europea, de Amnistía Internacional, de Open SocietyJusticeInitiative… ¡Vaya, hasta el Papa Francisco y Hillary Clinton se han pronunciado por Ayotzinapa..!

En ese estado de cosas Ayotzinapa significa quitar el velo sobre los otros desaparecidos de Iguala y sus decenas de fosas clandestinas, que originó la formación de otra organización de familiares de desaparecidos en Iguala. Ayotzinapa facilitó que se formaran y se conociera a las organizaciones de familiares de desaparecidos de Chilapa, Chilpancingo y Acapulco. Lo que representa aproximadamente otros mil desaparecidos en el estado de Guerrero.

Ayotzinapa representa a la juventud con valores que requiere este país, capaz de afrontar una realidad terriblemente trágica, que ha sido masacrada por el Estado mexicano con tal de mantener intocados sus intereses económicos y políticos a nivel local, nacional e internacional, valiéndose de la violencia impune, sin control y sin rendición de cuentas.A dos años es necesario reclamar verdad y justicia, exigir el fin de la impunidad.

Ayotzinapa es la esperanza y la lucha contra la ignominia y la impunidad.

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