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Ramón Lobo: ¿el ministro de la democracia económica?

Venezuela | 5 de enero de 2017

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Ministro de Economía y Finanzas, Ramón Lobo. Fuente: http://www.15yultimo.com/

En 2002 el sociólogo alemán Ulrich Beck, director del Instituto de Sociología de la Universidad de Múnich, catedrático de la London School of Economics y célebre por su obra La sociedad del Riesgo, publicó un libro de entrevista con el singular título de Libertad o Capitalismo.

Y decimos singular porque el título, siendo el mismo Beck bastante conservador, invierte de manera irónica el famoso postulado de la tradición conservadora Libertad o Socialismo, tan propio de los años de la Guerra Fría y del sentido común neoliberalizado, planteando una nueva dicotomía: la humanidad debe elegir no entre las rigideces del socialismo real y las libertades supuestas de la sociedad de mercado capitalista, sino entre la libertad y la democracia como prácticas propiamente tales y un capitalismo tardío imbuido de un liberalismo totalitario sumamente peligroso.

La crisis de las hipotecas de 2008 terminaría por confirmar las predicciones de Beck. Aquello de que existían empresas y bancos demasiado grandes para caer (too big to fail), no era más que la prueba empírica de su mayor temor: el capitalismo de hoy día es uno donde los poderes económicos fácticos imponen sus intereses sobre el resto de la sociedad, de manera no democrática y a menudo despiadada.

Lo ocurrido en Grecia en 2015, cuando la voluntad del pueblo griego de no acatar las órdenes de la troika fue aplastada por el Banco Central Europeo y el ministro de economía alemán, ha sido una de las exhibiciones más recientes del carácter no democrático del capitalismo de estos tiempos. Ni hablar de lo que ocurre en Brasil tras el golpe de Estado a Dilma Rousseff. O en Argentina, donde al ritmo del ajuste económico corre y se impone el apriete policial-judicial-mediático contra la disidencia. Y lo que el presidente Chávez en su momento llamó guerra económica es precisa y exactamente eso: la resistencia de los grupos de poder coludidos y especulativos, corruptos y corruptores, no elegidos por la sociedad sino impuestos sobre ella, a ceder en sus intereses ante el avance de la democracia participativa y protagónica –es decir: la democracia real, en el viejo sentido griego en cuanto gobierno del pueblo– que para terminar de ser y perdurar, necesita que la base material de la sociedad –lo que solemos llamar su economía– sea igualmente democrática y participativa.

El principal reto del nuevo ministro de Economía y Finanzas, Ramón Lobo, será este. No digamos derrotar la especulación, el desabastecimiento inducido, ni el paralelo, ni el bachaquerismo, el contrabando, la corrupción ni recuperar el malogrado poder adquisitivo de la población, etc. Será derrotar –para derrotar lo anterior– los grupos de poder propios y extraños, externos e internos, negados a que la democratización alcanzada en los últimos años en la esfera política, social y cultural tenga su correlato en la esfera económica.

Y es que en Venezuela habita desde siempre una estructura de poder mafiosa basada en el control monopólico/oligopólico de sectores de importancia estratégica para el conjunto de la economía y por tanto de la sociedad. Estas relaciones de poder constituyen un nudo gordiano históricamente opuesto tanto al desarrollo nacional como a la inclusión social sustentable de la mayoría. La especulación descontrolada, el acaparamiento, la corrupción, el contrabando, las corridas bancarias y cambiarias y la fuga de capitales, son los látigos con los cuales estas mafias fustigan al resto de la sociedad cada vez que sus intereses se ven afectados cuando alguien intenta desatar o cortar dicho nudo.

Eso es lo que estamos padeciendo como sociedad al menos desde 2013. Pero que ya hemos vivido antes también: en 1830, 1863, 1902, 1945, 1948, en octubre de 1958, en 1983, 1989, 1996, 2002…

Y es exactamente lo mismo, como dijimos, que están padeciendo otras sociedades y con lo cual están lidiando otros gobiernos, incluso de derecha y bien neoliberales. Por eso, entre otras razones, es la norma que los ministros de economía duran tan poco en estos tiempos. El drama de Prat Gay en Argentina fue justo este: que luego de aplicar la receta de ajuste económico completa que le exigieron los grupos económicos dominantes para tener confianza e invertir, esos mismos grupos se abstienen ahora de hacerlo espantados por los resultados de dicho ajuste –fundamentalmente la caída del consumo– pero a su vez exigiendo aún más ajuste. De allí que los famosos “brotes verdes” de la economía no llegaron en el primer semestre de 2016, ni luego en el segundo y luego ya fueron diferidos por Macri hacia un impreciso 2017. Es el mismo drama que abrasa lentamente la gestión económica de Peña Nieto y sofoca la de Temer.

La buena noticia es que a dichos poderes ya se les ha derrotado antes. Chávez y la mayoría democrática los derrotó al menos en 1998 y entre 2002 y 2003. Y en 2005 en Mar del Plata (a los regionales) y en 2006 y luego entre 2008 y 2010, cuando la conjunción de caída de precios petroleros, crisis climática y corridas bancarias especulativas. Y luego lo volvió a hacer en octubre de 2012. Y el presidente Maduro ya los derrotó en tres ocasiones: en abril de 2013, entre noviembre y diciembre de ese mismo año y luego cuando las guarimbas de 2014.

La enseñanza derivada de todas estas ocasiones, tanto de las que la democracia salió victoriosa como de aquellas en que salió derrotada, es que la clave de que la balanza se incline hacia uno y otro lado está en si el gobierno cede o no al chantaje de los grupos mafiosos. Si cede, los resultados para la sociedad y para el propio gobierno son nefastos, entre otras cosas porque para las mafias ceder en sus exigencias es síntoma de debilidad y, como los animales de presa, se lanzan por más sin contemplaciones, partiendo del principio de para qué compartir lo que puede ser solo suyo. Si no lo hace y se mantiene del lado de las mayorías, habrá naturalmente turbulencias, pero es la única forma de garantizar un desenlace feliz.

La decisión de fusionar Economía y Finanzas en un solo ministerio rector –así como la de separar la gestión operativa de PDVSA de la más estratégica del ministerio– es una buena señal. Ramón Lobo es, a todas luces, un hombre honesto, de compromiso político probado y con experiencia técnica, lo que juega a su favor. Si es capaz de armonizar una política económica más certera en los cortos tiempos que demanda la realidad actual, será un gran logro.

En octubre de 2013, al solicitar los primeros poderes habilitantes para derrotar la guerra económica, el presidente Nicolás Maduro citó en su discurso un texto del filósofo italiano Giorgio Agambem, todavía con una gran vigencia. El texto se llama Crédito fe y futuro y en él Agamben dice, entre otras cosas, lo siguiente: “Gobernando el dinero se gobierna no solo el mundo, sino también el futuro de los hombres, un futuro que la crisis hace cada vez más corto y decadente. Y si hoy la política no parece ya posible es porque de hecho el poder financiero ha secuestrado por completo la fe y el futuro, el tiempo y la esperanza”.

De lo que se desprende que la condición para que la política sea posible, la democracia triunfe y se recuperen la fe, el futuro y la esperanza, es no dejando que el dinero y los señores del dinero gobiernen. Amanecerá y veremos.

Este artículo fue publicado en la página http://www.15yultimo.com/ como su editorial dle día 5 de enero del 2017.

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