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Por Oliver Rivas

Razones para avanzar y profundizar la Revolución

Venezuela | 2 de septiembre de 2015

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Por Oliver Rivas*

La Tesis:

Hoy día encontramos una dispersión fuerte en el seno del chavismo, nunca suficiente para que nos saquen corriendo despavoridos, eso no va a pasar por más que intenten socavar la legitimidad, la credibilidad y la fe en el único bloque -después de la independencia y del 23 de enero de 1958- con suficiente fuerza programática, unidad de amplios sectores y dirección única como para mover los cimientos de la sociedad venezolana, latinoamericana y mundial en los últimos cincuenta años. Esa es la pura verdad y quien no llegue a verlo, diríamos como Lenin, no llegarán nunca a ver una revolución, ni que les pase por un lado.

Ahora bien, justo y correcto es reconocer, que la ofensiva de la burguesía ha sido agresiva y que del lado de la Revolución ni la política institucional ni el campo popular revolucionario, ha tenido respuesta contundente a las matrices y líneas comunicacionales de la campaña que busca revertir el trabajo concientizador de muchos años y así, restaurar la ideología capitalista y es más, neoliberal. No se ha respondido que es la empresa privada la responsable de la fuga de divisas en connivencia con sectores corrompidos y comprables; no se ha respondido que las empresas del Estado no han dejado de producir, y que son las empresas privadas las que abandonan parque industrial y trabajadores cuando no adquieren gigantescas ganancias (cosa rara en Venezuela) y que es el Estado quien ha tenido que rescatarlas y honrar compromisos laborales con sus trabajadores y trabajadoras. No se ha respondido que el único sistema capaz de generar riqueza sin generar miseria es el socialista y que por esa razón, estamos en medio de una conjura internacional para agotarnos y asfixiarnos.

Peor aún, comienzan muchos, cansados en medio de la confusión, a falta de una línea revolucionaria (que no será una autodenominada vanguardia que en realidad le hace el juego al fascismo), a dudar de todos, a querer “salvarse”, a pensar en las reservas “por si acaso”, a suponer que todos están robando, en especial los militares, todos contra todos. Esta suerte de dispersión es una de las más perniciosas y solo atacará a conciencias débiles, sin herramientas ideológicas muchas veces.

Hay que tener cuidado, como marxistas en el análisis y como chavistas en la acción, sabemos que la sociedad es un reflejo de las relaciones sociales que se dan en su seno y que éstas están determinadas fundamentalmente por las relaciones sociales de producción, que se dan en la base material que permite a la sociedad producirse y reproducirse. Si esas relaciones son de dominación y profundamente egoístas, tendremos una sociedad dominada, en su mayoría cargada de egoísmo e individualismo y viceversa.

He aquí la clave del asunto, el capitalismo como metabolismo social, necesita reproducirse para mantenerse y en esa dinámica social, las fuerzas que lo encarnan actúan, empujando ferozmente para imponer su forma de relacionarse, su poder, para reproducir la explotación y para influir en la sociedad. De ahí que, en esta ofensiva burguesa que hoy llamamos Guerra Económica, pero que realmente responde a una dinámica mundial, las fuerzas del capital, no solo pretendan maximizar su ganancia, como lo han logrado en estos últimos dos años a través del alza de precios, de la liberalización fáctica de la economía a pesar de los esfuerzos del Estado que recién estábamos construyendo, a través del desvío de lo producido e importado a mercados más lucrativo (Por ejemplo: Cúcuta); el capital necesita a la vez, reproducir y extender la influencia ideológica que tiene en la sociedad. De forma que, mientras el capitalismo aprieta el bolsillo de la mayoría trabajadora, mientras restringe la oferta como le da la gana y vacía los mercados, capitaliza las divisas y se apropia de la renta petrolera, también convence al pueblo venezolano, que debe correr a salvarse, a como dé lugar, de la quiebra del país. Es decir, presiona al pueblo que se ha venido constituyendo en clase por vez primera en mucho tiempo, con un proyecto de sociedad distinto y una dirección concreta y cohesionada, con conciencia de su propia fuerza, para que crea que debe abandonarlo todo y resguardarse como sea.

La ideología dominante es la ideología de la clase dominante, diría Marx, y, ciertamente, la ideología de la clase dominante es individualista, cortoplacista, atomizada, fragmentaria y son estos valores los que trata de imponer con su campaña de terror. En definitiva, una clase atomizada, desconfiada de todo, neurotizada, sin fe en sus propias fuerzas y corrompida por el corto-placismo y el individualismo, es una clase que no puede luchar. Esa es la esencia del fenómeno que vemos. Tratan de obligarnos a ser como ellos para que en nuestra descomposición, ellos puedan asaltar el poder político y terminar con nuestro odioso anhelo de una sociedad más justa.

Esto pasa a todo nivel, sobre todo en las capas más pobres, de ahí que no podamos obviar que ante la desvalorización del salario y el capital maximizado por vía de la especulación, el bachaqueo arrastre a capas de nuestro pueblo, incluso a sectores de la fuerza armada que son parte de nuestro mismo pueblo y viven esta realidad, y que éstos opten ante la inconsciencia de su papel revolucionario, por bachaquear, contrabandear, robar y “salvarse”. No es que un día amanecimos siendo ladrones y bachaqueros o que la FANB sea corrupta, es un proceso gradual que empuja la descomposición y que debemos impedir o corremos el riesgo de descomponer nuestra propia fuerza.

La Antítesis:

Sin embargo, nuestro papel no puede ser contemplativo, más que criticar como intelectuales mirones de palo, desde una visión inorgánica; el papel del pueblo militante y revolucionario debe ser la de afianzar los valores del socialismo, la solidaridad, la nueva ética, la unidad, la esperanza, la participación y la organización para constituirnos en poder y desmontar la campaña. Chávez hizo lo propio para poder darle unicidad al movimiento popular, elevó la estima colectiva, la fe en la fuerza transformadora del pueblo trabajador, como un todo. Hoy no puede haber un papel distinto, salvo que queramos que se imponga el fascismo rampante y reine el capitalismo por doscientos años más o hasta que el planeta aguante.

Y a la vez, no es sostenible esta campaña y esta visión contra-hegemónica por imponer una nueva hegemonía de los valores del socialismo, de la sociedad sin explotadores ni especuladores, sin que nuestra dirección asuma su papel revolucionario y en vez de oxigenar a las importadoras capitalistas (así ofendan la memoria de Chávez, diciéndose bolivarianas y socialistas), sustituya a la gran mayoría de estos sectores que dilapidan la renta petrolera para terminar chantajeándonos. Es necesario nacionalizar parte de la importación de bienes básicos. No es verdad, que sea igual que importe el Estado o que importe la empresa privada. Cada vez que hemos avanzado en materia de derechos sociales, ha sido porque el Estado ha controlado parte del sector que antes estaba subordinado a la lógica de mercado, así se rescató la educación pública y se ha garantizado ese derecho, así por ejemplo, se controlaron las plantas de cemento y se han podido construir viviendas para casi un millón de personas. No es política del Estado el bachaqueo ni el contrabando, por más que no se pueda eximir de ese mal, pero si es una política de la empresa privada y principalmente de FEDECAMARAS el bachaqueo (admitido por su vicepresidente en entrevista en Globovisión). No obstante, debemos generar mecanismos de control popular sobre áreas vitales como un Consejo de Vigilancia con delegados de las Comisiones Presidenciales de Gobierno Popular. Tampoco es una política de Maduro o el gobierno la especulación y el alza de precios, por más incapacidad que exista para controlarla, pero sí es una política de la empresa privada forzar el aumento de precios primero en los hechos para presionar después la licencia del Estado.

La Síntesis:

Debemos avanzar en lo económico y en lo ideológico a la vez, una depende de otra, la ideología de la base económica pero, sin claridad acerca de las implicaciones del capitalismo y de las tareas meridianas para transformar el orden social, tampoco avanzaremos en las transformaciones económicas necesarias y seguiremos siendo víctimas de campañas de descomposición por parte de la reacción capitalista.

Condiciones aún tenemos, cifras de Monitor-país / Hinterlaces, confidencial, tras 1.200 entrevistas directas en hogares en todo el país, desde el 17 al 2 de agosto 2015, muestran:

Ø – 73% en desacuerdo con privatizar PDVSA;

Ø – 65% en desacuerdo con privatizar la electricidad;

Ø – 67% está en desacuerdo con privatizar la CANTV;

Ø – 73% de acuerdo con un modelo económico productivo socialista con empresas del Estado, empresas privadas y empresas de propiedad social (compatible siempre y cuando la economía privada no sea hegemónica);

Ø – 86% de acuerdo con que el Estado promueva la iniciativa privada a nivel nacional e internacional (cosa que ya se viene haciendo con pequeñas y medianas empresas, que terminan ahorcadas por los inconstitucionales monopolios de FEDECAMARAS).

Ø – 70% de acuerdo con que el Estado fije un Precio de Venta Máximo.

Ø – 59% de acuerdo con que la economía de un país debe conducirla el Estado y no la empresa privada.

Tenemos condiciones, podemos y debemos avanzar, hagámoslo antes que sea tarde.

“El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza.” Arturo Martín Jauretche (Escritor Argentino)

*Oliver Rivas es militante del colectivo chavista Avanzada Popular.

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