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Por Eduardo Viloria Daboín

Respuesta de un venezolano común y corriente al expresidente Pepe Mujica

Venezuela | 1ro de marzo de 2019

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Por Eduardo Viloria Daboín

Estimado Pepe Mujica, le escribe un venezolano. Mi nombre es Eduardo Viloria Daboín, tengo 41 años y vivo en Caracas. Soy padre de una hija con autismo de 16 años y un niño de 10 que practica fútbol, ajedrez y arte circense. Al igual que usted, al igual que cualquiera, tengo sobradas razones para no querer una guerra en mi país. Sin embargo, quisiera decirle varias cosas sobre el mensaje que usted envía sobre Venezuela.

Estimado Pepe, comienzausted pregúntandose si la guerra será, como decía Clauzewitz, la continuación de la política por otros medios. Pues déjeme decirle algo: Bienvenido al siglo XXI, tiempo histórico en el que EEUU se ha encargado de invertir esa máxima. Porque para EEUU la política es la continuación de la guerra por otros medios, y no al revés. Eso precisamente es lo que se está aplicando actualmente contra Venezuela, y es lo que usted, aparentemente sin darse cuenta, favorece en su mensaje.

Usted hace un llamado a acudir a la política para evitar la guerra, pero se olvida de que en Venezuela ya está en desarrollo una guerra. Desde hace años el país está sometido a un feroz ataque a su economía y la población del país tiene años sometida a una brutal guerra psicológica. Se olvida usted, también, de que EEUU tiene años cercando militarmente a Venezuela, usando el territorio colombiano como sitio predilecto para ese emplazamiento amenazante de tropas, y además ha realizado recientemente movimientos de más tropas hacia Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Curazao. Es cierto que EEUU no ha lanzado una bomba sobre Venezuela todavía, pero el cerco militar, el asedio y sitio económico, el robo de dinero y activos venezolanos en el exterior, las permanentes operaciones psicológicas y el infiltramiento mercenario y paramilitar son acciones concretas de guerra, definidas incluso en los manuales actualizados de guerra del pentágono. ¿Sabe usted que el 23 de febrero desde territorio Colombiano se intentó violentar la sobernía territorial venezolana utilizando mercenarios y que no se logró gracias a la actuación de la FANB, la PNB y el pueblo organizado? ¿Sabe usted que lo mismo ocurrió en el sur del país, en la frontera con Brasil? ¿El cerco comunicacional contra la verdad de Venezuela le permitió saber que el 24 de febrero un puesto militar venezolano cercano a la frontera con Colombia fue atacado por 60 mercenarios?

Sin duda usted tiene razón de que se debe acudir a la política para evitar la guerra, pero, ¿cómo hacemos si EEUU en lugar de comenzar por la política y darle una oportunidad al diálogo y la negociación comenzó primero por la violencia y las acciones de guerra?

Usted mismo dice que se impone la política y que la política es voluntad de negociar. El problema está en que usted plantea que negociar es aceptar las condiciones que Estados Unidos pretende imponer con sus acciones de guerra. Dice usted que negociar es evitar acorralar, pero se olvida de que EEUU lo primero que ha hecho es acorralar a Venezuela, cercarla, amenazarla, apuntarla con su cañones y agredirla. Está claro que EEUU no quiere negociar nada sino imponer sus condiciones y más nada. Y justamente la primera condición que pone es ésa que usted coloca como elemento inicial para negociar y evitar una guerra: que Maduro abandone el cargo para el que lo eligió el pueblo de Veneuzela en elecciones legales y legítimas, y dé paso a un nuevo y arbitrario proceso electoral.

Habla usted también de más democracia como lo la única salida para evitar la guerra. Pero se olvida de que la revolución bolivariana es el proceso en el que se dieron las más profundas transformaciones democráticas del continente en los últimos 20 años y que fueron justamente Estados Unidos y la dirigencia política que avanza hoy tutelada por el poder de ese país quienes dieron un golpe de Estado que derrocó a Chávez en 2002, y un golpe petrolero luego entre diciembre 2002 y enero 2003, y después pretendió incendiar de violencia a Venezuela en 2013, 2014 y 2017 para derrocar al presidente Maduro ante la imposibilidad de derrotarlo políticamente.

Usted se atreve, además, a atacar las intituciones venezolanas y afirmar que en Venezuela lo que hay es una crisis de confianza. Permítame recordarle que luego del referendo revocatorio realizado contra Chávez (en el cual la revolución bolivariana salió victoriosa en el que fue el proceso democrático más hermoso de toda la historia de nuestro país), ante la imposibilidad política de derrotar a Chávez, fue cuando se inició la operación psicológica y mediática para deslegitimar las instituciones venezonalas y socavar su credibilidad. Esa operación no ha cesado desde entonces. Casi 15 años después, el efecto de esa acción de guerra psicológica tiene tal profundidad que incluso personas como usted pueden afirmar hoy que en Venezuela no hay instituciones confiables para garantizar elecciones libres y transparentes.

Y aprovecho para preguntarle: ¿mide usted las consecuencias históricas de lo que sería la aplicación de su propuesta de convocar, apenas 8 meses después de realizadas elecciones presidenciales, unas elecciones en Venezuela con la ONU como único garante de su amplitud, pluralidad y transparencia? ¿Se da cuenta usted de que al plantear eso está validando el desconocimeinto arbitrario de Nicolás Maduro como presidente que hizo EEUU el 10 de enero de este año? ¿Se percata de que su propuesta respalda la anulación de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos en la medida en que legitima que cualquiera en cualquier país convoque una movilización más o menos numerosa para autoproclamarse presidente de ese país únicamente a cuenta de que tiene el respaldo económico, político, comunicacional y militar de un país poderoso que está dispuesto a recurrir a la guerra para imponerlo como presidente?

Usted plantea eso y al mismo tiempo habla de democracia, pero se olvida de que la oposición venezolana que está embarcada en la actual aventura golpista fue justamente la que decidió no participar en las últimas elecciones precisamente para boicotearlas y poder levantar hoy el discurso de ilegitimidad de Nicolás Maduro. Debería investigar un poco para que pueda darse cuenta de que la debilidad que impide a la oposicón venezolana llegar al poder se debe exclusivamente a sus propios erorres, a su propia incapacidad para consolidar un liderazgo, hacerle una propuesta seria y coherente al país que genere esperanza y entusiasmo político. Esa oposición ha sido tan mediocre y ha estado tan concentrada en sus propia¡os intereses económicos y de poder, que no ha sido capaz ni siquiera de capitalizar políticamente el descontento generado por la crisis económica y social venezolana creadas por el bloqueo. Esa dirigencia opositora es tan pobre que no ha sido capaz ni siquiera de acumular fuerza a partir de los numerosos errores y desviaciones de sectores del gobierno bolivarino. ¿No se da cuenta usted de que Trump, Pence, Pompeo, Bolton y Rubio tuvieron que salir ellos mismos a poner la cara y a dirigir directamente la oposición en Venezuela para poder medianamente despertar algún entusiasmo en la base social opositora, ante la absoluta falta de credibilidad y liderazgo de toda la dirigencia opositora venezolana? No venga entonces usted a decir que Venezuela necesita que venga Naciones Unidas a dar garantías de un proceso electoral absolutamente abierto y con la participación de todos.

¿Y sabe por qué, además?

Pues justamente por lo que usted plantea del trasfondo geopolítico y geoestratégico del conflico en Venezuela. En eso tiene usted toda la razón. Lo que está en el fondo es la necesidad de EEUU de apoderarse del petróleo venezolano y de todas sus enormes riquezas. Pero, además de todos sus otros olvidos, en este caso también se olvida de que justamente por ese objetivo a Estados Unidos le importa un bledo la democracia en Venezuela y la libertad y bienestar de su pueblo. La única democracia que a EEUU le interesa es la que le permita colocar a un presidente servil a sus intereses, y en la que puedan manejar directamente las instituciones a favor de sí mismo. Es más, esto es tan cierto, que a Estados Unidos ni siquiera le interesa la continuidad de Venezuela como nación y como república, sino su fragmentación, su disolución, para que prendan en su territorio el caos y la violencia que abran la puerta a dos grandes negocios: el control de las riquezas y una guerra prolongada que tribute a las arcas de su megaindustria armamentista.

Una sola cosa más: ¿No le parece lamentable recurrir “desesperadamente” a Europa para que haga algo y evite una guerra? ¿Olvida que Europa es un continente en el que aún prevalecen las monarquías y Estados enteros se sostienen merced a que son grandes lavaderos de dólares del crimen transnacional? ¿Olvida que Europa aún mantiene colonias en África, Asia y su amada América Latina? Recuerde que además de Estados Unidos y Canadá, ha sido Europa la que ha aplicado guerra económica a Venezuela, robando miles de millones de dólares en dinero y oro. ¿Puede pedírsele a Europa que haga algo?

Estimado Pepe, dejo esta carta hasta aquí. Podría extenderme más, pero he dicho lo central y creo que es suficiente. A usted lo rodea una imagen de sencillez y humildad. Si no es una mera construcción mediática espero que se tome la molestia de leer estas líneas y reflexionar sobre el lamentable mensaje que envió al mundo.

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