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El pueblo de Haití en el marco de la patria grande:

“Tantas veces me mataron”

Haití | 9 de agosto de 2015

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Por Cindy Forster*

6 agosto 2015

Hace once años ocurrió el primer golpe de Estado exitoso de este siglo en el hemisferio, lo de Haití, y en estos días el partido progresista que fue derrocado está sumándose a la contienda electoral.

A la vez, el presidente Michel Martelly, un aliado de los golpistas, está de visita por todos lados. Incluso, fue anunciado que iba a ver al papa Francisco en Bolivia, pero cambió sus planes y lo vio en Ecuador, el país que está entrenando un nuevo ejército para reemplazar las fuerzas de las Naciones Unidas que llegaron en 2004. ¿Qué situación deja Martelly en casa cuando sale de Haití?

La verdadera y censurada noticia de Haití es la fuerza de su pueblo. Fanmi Lavalas, a la vez un movimiento de masas y un partido político, arrasaría en todas las elecciones según las encuestas. Su meta es la liberación, más allá de triunfos electorales. El partido fue proscrito por el régimen golpista de 2004, de manera de facto. Encarcelaron a sus candidatos injustamente, o los asesinaron. Ahora, Lavalas insiste que va a participar en el próximo ciclo electoral que empieza el 9 de agosto con la elección de senadores y diputados, sigue el 25 de octubre con la elección del presidente y alcaldes, y termina en diciembre con la segunda vuelta.

No escuchamos nada claro sobre el hecho de que Martelly venía imponiendo una especie de “autogolpe” este año, o el derrumbe de todos los poderes legítimos menos lo de él. Ha expresado su admiración por el “autogolpe” llevado a cabo por Alberto Fujimori del Perú, el ex presidente convertido en dictador. El 12 de enero, Martelly logró postergar las elecciones para el parlamento y el gobierno municipal, requeridas por esa fecha. Hizo lo mismo el 26 de octubre del año pasado. Sólo el presidente puede convocar a elecciones y él las ha aplazado en repetidas ocasiones. En su lugar, imponía el nombramiento de su propia gente para alcaldías y gobernaciones vacantes. El Parlamento está constituido por 30 senadores y disminuyó a diez personas.

El líder histórico de Lavalas es el ex presidente Jean-Bertrand Aristide. Ha sido blanco de acusaciones que resultan infundadas desde los años 80, cuando los pobres insistieron en que el entonces cura se sumara a la contienda política. Regresó de su segundo exilio hace 3 años. Fue posible sólo aprovechándose del momento cuando presidente Martelly ofreció una bienvenida de héroe al exiliado dictador Jean Claude Duvalier, a quien lo elevó al consejero clave en su gobierno.

Jean-Bertrand Aristide es la respuesta del pueblo haitiano a la dictadura de los Duvalier que gobernaba desde 1957 a 1986. “Baby Doc” o Jean-Claude Duvalier asumió la presidencia cuando falleció su padre Francois Duvalier por causas naturales. Padre e hijo presidieron 30,000 asesinatos cometidos por su cuerpo personal llamado los Tonton Macoutes, que eran paramilitares que actuaron como los escuadrones de la muerte en Centroamérica.

Así como Hugo Chávez dio su aval a Nicolás Maduro, los dirigentes de Lavalas han bendecido a su presidenciable, Maryse Narcisse. Y la campaña de calumnias en su contra instigada por la derecha es tremenda. Ella es una doctora médica de larga trayectoria con Lavalas. Una gran multitud la recibe por donde va en todo el país. Los demás presidenciables llegaron en Nueva York con su enorme comunidad de inmigrantes haitianos, y casi nadie asistió a sus mítines, pero cuando llegó Maryse Narcisse, la gente abarrotó la sala y se desbordó en la calle.

¿Qué les pasó a los políticos de la derecha que le hayan permitido la participación de Lavalas? No era su intención. Miles de personas han tomado las calles, pacíficamente, para exigir elecciones y la resignación del presidente. Según un dirigente popular, a través de las redes de base de Lavalas “se han reunido 70 mil personas en 24 horas, en 36 horas” para contrarrestar las maniobras de Martelly. En febrero, paralizaron el país con días de huelga general.

Las tropas de las Naciones Unidas (ONU), cuya fuerza en Haití se llama MINUSTAH, se apoyaron a la policía de Martelly para reprimir aquellas protestas. A mediados de diciembre de 2014, dispararon balas y gases lacrimógenos contra la multitud. Entonces los pobres levantaron barricadas, que los medios internacionales caracterizaban como una respuesta “violenta”.

El candidato de Lavalas por la alcaldía de la capital, quien hubiera ganado fácilmente, fue asesinado a balazos hace once meses aun antes de inscribir su candidatura formalmente. “En un partido de futbol, su asesino andaba con la mafia de alcaldes nombrado por Martelly y lo llamó por su nombre, para matarlo”.

En noviembre, “4 civiles resultaron gravemente heridos en las marchas, y uno o dos de ellos han muerto”, informó un organizador del área rural. “Los civiles rescatan a sus compañeros caídos, porque es sabido que el gobierno se ha llevado y asesinado a los heridos”.

Las manifestaciones de Lavalas son constantes. Dos niños murieron a causa de los gases lacrimógenos que llevan irritantes, en febrero, y mucha gente salió herida. A un dirigente popular, le dispararon en la cara.

Sin la presión popular, ni el Estado haitiano ni Washington jamás aceptarían elecciones con Lavalas.

La larga duración de la dictadura de los Duvalier se debía, fundamentalmente, a la protección de los Estados Unidos, y el gobierno de Martelly no es distinto. “Baby Doc” Duvalier recibió millones de dólares de la llamada agencia estadounidense para el desarrollo internacional, USAID (solamente en el año 1978, recibió $69 millones). Con todo y eso, los Estados Unidos no pudo aplastar la movilización pacífica que condujo al exilio de su aliado “Baby Doc” en 1986.

Pensando en la patria grande

Con Aristide al frente del gobierno, los pobres ratificaron una nueva Constitución a través de un proceso de consultas comunitarias, similares a las asambleas populares que más tarde se emprendieron en Bolivia y Venezuela. Lavalas empezó a desmantelar el neocolonialismo, el racismo y la pobreza.

El presidente aimara de Bolivia, Evo Morales, ganó las elecciones con cifras que se califican como una mayoría electoral inédita. Fue la respuesta del pueblo boliviano al neoliberalismo. Evo triunfó con el 63% el 12 de octubre del año pasado, y el 64% en la penúltima contienda. Por su parte, Aristide ganó las primeras elecciones después de décadas de tiranía con el 67% de los votos, y su segunda elección con 92% (según la CNN).

Los dos gobiernos de Aristide contrarrestaron el flagelo del hambre y la explotación, por medio de soluciones surgidas de las bases y proyectos a nivel local. Consagraron el principio que la tierra es de quien la trabaja. Es una visión que viene de siglos atrás.

Haití fue la primera nación de América que ganó la independencia por los pobres, siendo un pueblo negro que fue esclavizado. Fue justo diez años después de la rebelión lanzada por Tupac Katari y Bartolina Sisa para ganar la libertad de los pueblos indígenas en tierras andinas.

En la nación que hoy llamamos Haití, los negros y, célebremente, las negras, lucharon desde 1791 a 1803 y triunfaron el primer día de 1804. Doblegaron los ejércitos más poderosos del mundo. Su revolución costó el sacrificio de la quinta parte de la población. Invitaron a toda la gente negra en el hemisferio, y enseguida, a toda la gente indígena, que viniera a la tierra sagrada de Haití para vivir como hombres y mujeres libres. Les darían tierra gratis.

Si así lo deseaban, les ofrecieron armas para pelear por la independencia de América Latina, como Hugo Chávez recordó a la patria grande hace poco. Muchas de las guerras de aquella época quedaron truncadas en una independencia para los dueños de esclavos, los grandes terratenientes y comerciantes, y sectores aliados al proyecto de las élites blancas en América del norte y del sur.

El segundo golpe de Estado contra Aristide, en 2004, se ocurrió después del Bicentenario de la independencia haitiana. Semanas antes, Aristide exigió que Francia pague reparaciones para la misma cantidad que había extorsionado de Haití cuando aquella nación era recién formada. Según el Estado francés, fue necesario y justo restituir el daño que sufrieron tras su derrota en la revolución haitiana, o sea, por la propiedad “robada” tanto humana como no humana que los negros liberaron.

Para poner fin a las continuas agresiones francesas después de 1804, Haití pagó 21.7 mil millones (ó 21.7 millardos) en dólares estadounidenses según el valor actual. Hizo estos pagos exprimiendo a su pueblo a lo largo de un siglo y, con el mismo fin, talló sus bosques para venderlos a los poderes marítimos. Por todo el siglo XIX sufrió un boicot económico de las potencias.

Entre sus reformas más populares, Aristide desbandó el ejército en 1995. Fue después de un arduo trabajo de solidaridad que logró que el presidente de los pobres regresara del exilio para el corto tiempo que le restó de su mandato. Con el presupuesto militar, Aristide estableció un ministerio de la mujer, y un nuevo cuerpo de policía a base de una ética de respeto.

Niños que antes vivían en situación de calle y bajo el asedio de la policía, con Aristide recibieron una vivienda digna. A nivel nacional, organizaron a sus pares y lanzaron una emisora de radio conducida por niños. El movimiento de radios en manos del pueblo floreció.

Bajo el mando de Lavalas, se otorgaron miles de becas y aproximadamente 400 escuelas fueron construidas, más que en toda la historia anterior. Las tasas de mortalidad infantil se bajaron. Estaba planificando un hospital infantil en el mismo sitio donde el gobierno de los golpistas, en cambio, dio su aval a un hotel de lujo.

Haití en tiempos de Lavalas enfrentó un boicot económico y además, exigencias neoliberales. Interesante recordar, Cuba jamás subió al carrusel de países latinoamericanos que enviaron empresarios o tropas a Haití en los momentos pos golpe.

Castigo ejemplar

Después del primer golpe para derrocar a Aristide, “entre 1991 y 1994, más de cinco mil gente murió de hambre o de balas. La mayoría eran militantes de Lavalas. Los golpistas destruyeron nuestras casas. Destruyeron las radios comunitarias del pueblo”, dijo un sobreviviente.

Los Estados Unidos estaba al frente de los golpes contra Aristide, el primero en 1991 con la ayuda de Francia y Canadá después de solo 8 meses de gobernar. Las mismas tres superpotencias diseñaron el golpe de Estado en 2004 (cabe mencionar, Canadá invierte bastante capital en Haití en empresas mineras).

En su segundo mandato, Aristide fue asediado por una campaña de desestabilización organizada desde Washington. Hubo una ola de homicidios. Bandas armadas asolaron varias regiones. Los paramilitares gozaron de libre acceso a la vecina República Dominicana, y recibieron instrucción militar estadounidense.

Para derrocarlo la segunda vez, Aristide fue sacado a bordo de un avión estadounidense. Lo llevó a un destino desconocido, que resultó ser una dictadura francoparlante que pudiera haber sido sumamente peligrosa para su supervivencia, la República de África Central. Un clamor internacional produjo su traslado a Sudáfrica, donde vivía como invitado de honor, pero constantemente reclamando su derecho y su deseo de regresar a Haití.

El segundo golpe de Estado, como el primero, se logró a través de un baño de sangre. Destrozaron escuelas y facultades profesionales que Lavalas había fundado.

Dirigentes de Lavalas fueron agarrados y encerrados en furgones utilizados para el transporte de mercancías, donde murieron por asfixia.

“No se sabe con certeza cuántos miles fueron asesinados en el segundo derrocamiento de Lavalas. Miles de militantes han cruzado fronteras”. Los pobres se refugiaron en la huida constante, pero sin salir del país. Muchos gobiernos latinoamericanos no abrieron sus puertas a los haitianos.

Lobos con piel de cordero: La ONU

Justamente el 27 de julio, rememoran los horrores de la ocupación estadounidense que empezó hace cien años en esa fecha. “Los cobardes llegaron en medio de la noche. Un centinela los disparó a los invasores cuando exigieron que se rinda, y él fue el primer muerto”. Encontraron una férrea resistencia del pueblo. No existe haitiano que no puede hablar de las historias de sus héroes, entre ellos, Charlemagne Peralte que lideró la resistencia armada a los yanquis. Fue acabada por una traición porque la saña no era suficiente.

Las Naciones Unidas enviaron soldados en 2004; a principios de 2015, eran 7,400. Aquella tropa ha perpetrado asesinatos contra gente inocente en barrios pobres. Una mínima parte de los ultrajes cometidos por la ONU es conocida afuera de Haití, por ejemplo, aparte del ataque sexual al joven que salió en los periódicos, existen muchas mujeres violadas por soldados y ya tienen hijos como consecuencia de estas violaciones. Haitianos se la refieren a la presencia de la ONU como “la ocupación” y, incluso, como “la segunda ocupación estadounidense”.

El inmenso asentamiento de Cite Soleil ha sufrido masacres a manos de las tropas de las Naciones Unidas. Por supuesto, en los barrios pobres operan matones y narcotraficantes, pero la abrumadora mayoría de Cite Soleil es de la izquierda y no del inframundo criminal.

El cólera llegó con tropas de la ONU de Nepal; de ahí han muerto más de 8,500 personas y centenares de miles fueron infectados. La ONU construyó letrinas sobre los ríos. Depositaron las heces directamente en las fuentes de agua de los haitianos. Causó una epidemia muy previsible, así que los haitianos se la llaman genocidio.

Los cómplices de Washington: el pasado en el presente

Una vez derrocado el gobierno legítimo en 1991 y 2004, se han tomado el poder gobernantes con una clara línea de sucesión de la dictadura de Duvalier. Son publicistas astutos. El gobierno de Michel Martelly ha cultivado vínculos con la izquierda latinoamericana y es la mismísima táctica aplicada a mediados del siglo XX por Francois Duvalier, llamado “Papa Doc” porque antes de ser tirano era médico rural. Otro hecho bochornoso, Papa Doc adoptó el discurso revolucionario de “Poder Negro”.

Michel Martelly en su juventud era un cantante aliado a los Tonton Macoutes, los esbirros de Duvalier que tenían plena licencia de violar y asesinar. Varios militantes de Lavalas dicen que Martelly aparece en fotografías del ala juvenil de los Tonton Macoutes de los primeros años de los ochenta.

Desde aquella década, Martelly viene lanzando groserías contra Aristide cuya iglesia surgió como un defensor de los pobres. Las acusaciones de corrupción contra Aristide, muchos insisten, son una cortina de humo para distraer la atención de la erosión del Estado haitiano que sirve, principalmente, al imperio actual, como se verá más adelante.

Martelly ha ganado una reputación por el robo. Cuando viaja, su per diem personal es 20 mil dólares estadounidenses. Su esposa recibe la mitad, sus hijos 7,500 dólares cada uno, y sus amigos cercanos gozan de 4 mil dólares diarios para acompañarlo. Aparte, su esposa y su hijo supuestamente disfruten desembolsos del Estado que son más grandes que los salarios de la mayoría de políticos elegidos. Un abogado, André Michel, encontró pruebas de estas alegaciones y puso un juicio. Enseguida se vio obligado a esconderse por causa de las amenazas en su contra, mientras el juez encargado del caso fue asesinado.

El colegio de abogados en su totalidad denunció la corrupción en el sistema judicial en noviembre de 2013, con una marcha en sus togas. Es de notar, no son únicamente los pobres que toman las calles en protesta.

En efecto, los Tonton Macoutes tomaron posesión de Haití cuando Aristide fue despojado. Ellos y sus hijos han ocupado puestos gubernamentales de gran importancia. Por ejemplo, Martelly nombró un notorio oficial duvalierista, David Bazile, ministro del interior. Asesores y funcionarios con lealtades a la época duvalierista se encuentran en todo el gobierno (entre ellos, el hijo de “Baby Doc”). Madame Max Adolphe, “aquella mujer brutal y cruel que dirigía al Fort Dimanche”, un enorme centro de tortura y muerte durante la dictadura, “gozaba de impunidad por el hecho de que su hija, Magalie Racine, fue nombrada Ministra de Juventud y Deporte”.

Hoy día, muchos autodenominados dirigentes del movimiento social dan vueltas a nivel internacional y ni mencionan Lavalas. Su discurso es puramente izquierdista y su actuar, sirve a otros amos. Otros se representan como Lavalas, cosa que sí era cierta hace años pero luego se han cambiado su afiliación política. Ahora, se relacionan con las élites tradicionales y reciben fondos de Washington, mientras los grandes medios comerciales los identifican como Lavalas.

En barrios pobres en la capital, han aumentado los tiroteos desde automóviles. Lo mismo ocurrió la última vez que Lavalas hizo campaña, en 2000. Se cree que su finalidad es sembrar el terror. Incluso, en una forma sistemática, después de colocar afiches de candidatos de Lavalas, aquellos individuos han sufrido ataques.

Los militantes de base se ríen mucho, es desconcertante, quizás así aguantan su rabia en medio de las injusticias. Dijo una mujer en referencia a MINUSTAH hace años, riéndose, “Ellos son polvo, no más”.

En la misma línea un hombre recuerda la letra de una canción revolucionaria que data de dos siglos: “Si mueres en la batalla, es problema tuyo y no mío”. Él sostiene que el pueblo siga fuerte por la terquedad de pensar en lo colectivo.

La satanización de un cura revolucionario

Maliciosos rumores sin fondo contra Aristide son una especialidad del departamento de Estado norteamericano, la CIA, y sus demás colegas. Es un fenómeno experimentado por la mayoría de presidentes populares en la región. Claro, el mismo plan que los norteamericanos quieren imponer en Bolivia, Venezuela y Ecuador, hace ratos estaba en marcha en Haití.

Los intentos golpistas en Venezuela o Ecuador, y los disturbios contrarrevolucionarios en Bolivia, se evidencian estrategias idénticas a las que se manejaron en Haití contra Aristide. Éstas van desde estragos económicos hasta paramilitares que siembran el terror. Así como asesoría y fondos de la USAID y también de dos órganos establecidos por el congreso estadounidense con este mismo propósito, el Instituto Republicano Internacional y la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy). Se coordinan sus actividades con una multitud de organizaciones no gubernamentales (ONG) para inflamar las divisiones y aumentar los rumores falsos.

Haití tiene uno de los más altos índices de ONG en el mundo, y la mayoría de ellas funciona como una rama privatizada de gobiernos europeos y norteamericanos. Los fondos que reciben las ONG, en gran parte, regresan a aquellos países, sobre todo en la forma de salarios.

De este caldo de cultivo en Haití se produjo un supuesto movimiento estudiantil aliado a la derecha extrema, de una proeza militar que asombra, y con acceso envidiable a los medios de comunicación a nivel mundial. Así llevaron a cabo el primer golpe exitoso del siglo XX y contra un gobierno inmensamente popular.

Por 8 largos años en Sudáfrica, Aristide no encontró cómo regresar sin arriesgar ser otra víctima más del terror, hasta que “Baby Doc” le abrió la puerta, sin querer. Era de esperar, el gobierno de Martelly y el departamento de Estado norteamericano han desatado ataques desmedidos en su contra. El líder de los pobres no sale afuera de su propiedad para evitar “accidentes”. Con estas limitaciones, Aristide ha refundado facultades de medicina, enfermería y derecho. Estudiantes universitarios llegan a su residencia para recibir clases de él.

Quizás el momento más peligroso fue cuando Martelly acusó a Aristide de corrupción por la cuarta vez desde su retorno, el día 13 de agosto de 2014. Poco después, a la una de la mañana, se le quitó el personal de seguridad al que tienen derecho todos los ex presidentes. Aristide fue sometido a arresto domiciliario (aunque según la nueva Constitución pos dictadura, no existe tal figura en la ley haitiana). Aparecieron policías con los rostros cubiertos que rodearon la casa de Aristide, y respondieron miles de pobres sin armas que rodeaban a la policía.

Después de más de un mes de esta tensa situación, el ex dictador “Baby Doc” falleció de un ataque al corazón el 4 de octubre, la administración de Martelly se declaró de luto, y las amenazas a Aristide se aplacaron un poco.

La última vez que acusaciones fueron fabricadas contra Aristide, el tribunal lo citó e, inmediatamente, los pobres se congregaron fuera de cada tribunal del país y gritaban, “Si le convoque a nuestro hermano, pues nos convoquen a nosotros”.

El imperio de mil cabezas contra un pueblo implacable

Martelly, quien fue seleccionado por su posición por Hillary Clinton, está reconstituyendo el ejército que Aristide disolvió. Hace un siglo, los invasores norteamericanos fundaron el ejército durante su ocupación que terminó en 1934. Hoy, las nuevas fuerzas castrenses están recibiendo entrenamiento de Ecuador y Brasil. Resaltó un militante de Lavalas, “Las tropas brasileñas son muy, muy brutales, y no es de extrañar teniendo presente lo que hacen en las favelas”.
No todos los militares brasileños son desalmados. Un jefe brasilero de la ONU en Haití, Augusto Heleno Ribeiro Pereira, declaró ante el congreso en Brasil en 2005 que “nos están sometiendo a una presión extrema” por parte de los Estados Unidos, Francia y Canadá, “para que usemos la violencia” en barrios pobres. Unos meses después, él apareció muerto. Las Naciones Unidas dijeron que fue un caso de suicidio.
En años recientes, están construyendo la embajada estadounidense más grande de América Latina en Puerto Príncipe (y la cuarta más grande del mundo), a un costo de 74 billones de dólares. Se puede compararla al consentimiento del gobierno colombiano al libre acceso de militares estadounidenses a todas sus instalaciones militares, más el alojamiento de siete bases militares de los norteamericanos en su territorio. Van a monitorear el hemisferio entero.

Sumado a la cuestión militar, las reglas más ventajosas para empresas transnacionales que quieren extraer petróleo, oro, plata, iridio y uranio del subsuelo haitiano, dependen de un presidente de ideología neoliberal.

Son la gente del campo que está en primera línea frente a la minería. Un miembro de Lavalas dijo, “En Haití, los dirigentes del movimiento popular están muriendo en accidentes sospechosos. Hay muchos homicidios. Los más vulnerables son campesinos”.

Otro campo de batalla tiene que ver con las vacaciones de las clases adineradas. “Los gobiernos de Venezuela y EEUU están en clara competencia para emprender proyectos turísticos. Bill Gates y Bill Clinton han acaparado grandes extensiones de tierra. La mayoría de las islas haitianas está bajo el control de extranjeros. Es un desastre”, dijo un dirigente popular. La isla llamada Ile a Vache ha sido ocupada por un complejo turístico a pesar de las constantes protestas de los pescadores y campesinos que viven allí. “Ya arrasó sus bosques. ¡Qué bonito! Ahora los habitantes pueden obtener empleos en el sector de turismo: –Sí, Señor, No Señor, ¿Te gustaría más azúcar en su café, Señor?–”

“Las tormentas vienen y van pero este árbol no se rompe”

Los comentarios de la gente son ácidos. Dijo una mujer que organiza contra la violencia, “Gracias, Naciones Unidas, por el cólera. Y gracias por las violaciones, por los asesinatos cometidos por su tropa”. Y refiriendo a su pueblo: “Las tormentas vienen y van pero este árbol no se rompe”.

Dijo otra mujer que se identifica como base de Lavalas, “En Haití, para algunos soldados de la ONU es legal violar a un hombre, mujer o niño. Se puede hacer lo que le dé la gana con inmunidad absoluta. Las ONG y las Naciones Unidas buscan crear una situación muy difícil con el fin de que sólo ellas son capaces de resolverla. Quieren instalar un nuevo Estado de su propia creación”.

Se pregunta un dirigente del movimiento popular, “Quizás la infame participación de tantos latinoamericanos en la ocupación de Haití es un hueso que los gobiernos de la izquierda están tirando a sus propios ejércitos, sabiendo que sus castrenses tienen relaciones de larga data con el ejército norteamericano. A partir del golpe de 2004, hemos sido testigos a la desgracia de gobiernos izquierdistas dando fondos a un régimen ultra-derechista”.

Expresó la segunda mujer arriba citada, “Las Naciones Unidas están aquí para forzarnos a arrodillar y decir: ¡Que nos perdonan por haber sido la primera república negra en el mundo! ¡Jamás!”

Por Cindy Forster, autora de La revolución indígena y campesina en Guatemala, 1970 a 2000: “Ver un día que nuestra raza maya fuera levantada”. Es historiadora estadounidense.

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