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Por Aram Aharonian

Telesur: así se parió la revolución

Venezuela | 26 de julio de 2015

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Por Aram Aharonian (creador, fundador y 1er director de Telesur)

Alguna vez prometí –no recuerdo si sobrio o no– contar la génesis de Telesur. El problema radicaba –cuando hice esa promesa– en que a Telesur le habían salido tantas madres y padres que dejaban como falsa aquella sentencia de mater sempre certa…

Es que ni siquiera puedo hablar del nacimiento de Telesur sin faltar a la verdad. Porque Telesur ni siquiera existía en nuestras calenturientas mentes. Lo del nombre digo. Pero la idea sí, claro, a pesar de lo extraño del reconocimiento de paternidades –cosa que me han dicho–, no es común en nuestro continente, salvo en las telenovelas.

Resulta que al gremio de periodistas de Cuba, allá por noviembre de 2000, se le dio por rescatar la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap), y organizó un congreso en La Habana. Y al mismo concurrimos “apenas” unos 450 periodistas y comunicadores sociales de toda América, incluidos compañeros de Estados Unidos y de Canadá.

En ese congreso confluimos mucha gente, entre ellos los que nos habíamos desencontrado durante demasiados años. Y los desayunos del hotel Palco –y las sesiones y conversaciones de pasillo en el Palacio de Convenciones- sirvieron para reanudar viejas complicidades y amistades. Fue tanto el trabajo que Compay Segundo no cantó al final del congreso: todos querían hablar aunque algunos insistíamos en que no había nada más importante que escuchar, por primera y última vez en vivo, al veterano sonero.

Pero allí estaban los anfitriones Tubal Páez y Pepe de los Santos para ponernos en el orden del día, en una reunión tan formal como informal, en la que Fidel se despachó en los pasillos con informaciones y declaraciones que sorprendieron a muchos, entre ellos los argentinos Quique Pesoa, Ana de Skalon y su consorte Miguel Bonasso (con quien habíamos compartido en 1973 la experiencia de Noticias, en Buenos Aires).

Allí recomenzamos a recitar nuestros argumentos de la necesidad de una integración comunicacional pero, en realidad, lo que hicimos, durante horas y horas los 400 y pico de periodistas fue repetir un diagnóstico de la información y la comunicación en América Latina.

Al final del congreso, y mientras Compay Segundo dormía en los bancos, era hora del cierre de Fidel. Pasada la medianoche, casi todos estábamos reventados: cansados y semidormidos, cuando sin consideración ninguna, el presidente cubano nos despertó con una frase que yo recuerdo que sonaba como esta: “Ustedes se pasaron tres días haciendo diagnósticos sobre nuestra realidad a nivel comunicacional, hablando de revolución. De ese tema, compañeros, nosotros sabemos casi todo… Pero ninguno de ustedes hizo alguna propuesta… a nadie se le ocurrió, por ejemplo, crear una CNN latinoamericana…”. Logró semidespertarnos, y muchos le respondimos con una larga carcajada: ¡qué ocurrencias tiene este Fidel!

Un parto de nueve meses

Uno, que llevaba ya más de cuatro décadas escuchando los discursos de Fidel, sabía que no da puntada sin hilo. Apenas finalizado el congreso, hablamos sobre el tema con varios compañeros y, en semanas posteriores, comenzamos a analizar la provocación de Fidel.

Anita, Miguel, Marcelo Larrea, Quique Pesoa, Beto Almeida. Muchos creían que había sido una estratagema de Fidel para hacernos reaccionar, y nada más. Pocos creímos que era un puntapié que nos daba a aquellos que seguíamos creyendo en la necesidad de una integración comunicacional, en darle voz a quienes nunca tuvieron voz, en la necesidad de asaltar los medios masivos, entrar de lleno en la batalla cultural con algo más que un lanzapiedras.

Y comenzó la tarea: demostrar que era posible volver realidad ese viejo sueño de tener un canal de televisión latinoamericano que trascendiera los proyectos de intercambio de información y/o contenidos, y que sirviera realmente como alternativa al mensaje hegemónico. Y comenzaron las consultas, con cineastas, gente de la televisión, intelectuales –en especial un entusiasta Eduardo Galeano-, periodistas, economistas y administradores, dirigentes de movimientos sociales… Pocos aportaron algo más que una sonrisa perdonavidas.

Comenzamos las labores de definición conceptual y de realización del proyecto con los pies sobre la tierra. Comenzaban a sembrarse las semillas de la nueva América Latina y, paralelamente, a disminuir los precios de la tecnología. Hubo necesidad de adelantar muchas definiciones conceptuales, programáticas y también tecnológicas. En lo conceptual estuvieron respaldando Ana de Skalon y Beto Almeida, y en lo tecnológico y financiero trabajando intensamente con Ricardo Font, mi socio en el mensuario Question, sumando la colaboración de Juan José Feler y de Carlitos Rodríguez en lo que respecta a transmisiones y tecnología.

Y el proyecto primario estuvo listo y tuvo su primer nombre: TodaméricaTV. Algunos funcionarios de varios países lo archivaron en sus gavetas burocráticas, otros –incluso amigos europeos– se rieron en nuestras caras por perseguir una utopía, y otros más, cuando vieron que la idea iba ganando adeptos y hasta podía convertirse en realidad, intentaron adueñarse del mismo.

Tres años después de ir conceptualizando el proyecto de la televisión masiva, latinoamericana y latinoamericanista, tarea de investigación y creación, comenzamos a trabajar la idea con Jesse Chacón, que era director de la venezolana Comisión Nacional de Telecomunicaciones y luego ministro de Comunicación e Información.

En la Cumbre del Grupo de los 15, a mediados de 2003, el presidente venezolano Hugo Chávez manifestó a sus pares la necesidad de tener medios de comunicación del Sur e instó a formar televisoras en Sudamérica. Y siguieron más seguido mis reuniones con el presidente venezolano, segundo enamorado de la propuesta.

Desde allí se sucedieron reuniones con Chávez y Chacón, el primero decidió aupar el proyecto, creo, sobre todo, porque la gente que lo presentaba eran profesionales con vocación integradora y que habían ganado su credibilidad. Y fuimos buscando “cuadros” para el proyecto y, por ejemplo, creímos en que era acertado ofrecerle la Dirección de Información a un joven que se había formado profesionalmente en el Norte, Andrés Izarra.

Incluso, hasta cuando comienza a materializarse el proyecto tras el decreto de creación de La Nueva Televisión del Sur el 28 de enero de 2005, la idea era de una pequeña televisora que iba a ir creciendo poco a poco. Y aquí, cabe reconocerlo, contamos con la ayuda de compañeros cubanos, quienes “se fajaron” con nosotros en toda la etapa del parto.

Izarra ya no era el desempleado del canal RCTV que había renunciado cuando el golpe de Estado contra Chávez: ya era ministro de Información y Comunicación, y desde allí comenzaba a montarse en el proyecto, ahora como primer presidente de la empresa que debía ser una multiestatal latinoamericana. En el primer directorio estuvieron aquellos que comenzamos esta historia: Ana de Skalon, Ricardo Font, Beto Almeida, Jorge Enrique Botero (un periodista colombiano que puso en marcha el Departamento de Información), y se sumó Ovidio Cabrera, en representación del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

Comenzaba como empresa venezolana, para ir buscando su horizonte de empresa multiestatal latinoamericana. Empezábamos a caminar hacia la utopía. Habíamos logrado volver realidad el sueño de muchos compañeros que lucharon (fueron presos, desaparecidos, torturados, asesinados) por él. Comenzábamos a vernos con nuestros propios ojos.

Nos pusimos a trabajar en la planta física, a estudiar la programación y cómo conseguirla, en la creación de la imagen de Telesur con los compañeros de Casa Cuatro (el nombre que sugiriera Chávez fue Tevesur), en fin; la “invención” de esta nueva televisora.

El 24 de mayo de 2005 habíamos logrado concitar tanta expectativa que debimos poner en el aire una señal de prueba. El 24 de julio, con la primera reunión del Consejo Asesor, lanzamos nuestra señal al aire, y el 31 de octubre del mismo año comenzamos a transmitir las 24 horas desde nuestros propios estudios. En nueve meses parimos Telesur.

El 10 de septiembre de 2013, ocho años después del parto, Eduardo Galeano comentaba en su última visita a Caracas: el proceso bolivariano podrá dejar muchas experiencias valiosas e incluso un sinnúmero de enseñanzas para la historia, pero seguramente uno de los hechos que sí pasará a la historia es la creación de Telesur.

A diez años del parto y a siete de mi alejamiento del proyecto, conservo la carpeta que recorrió durante demasiados meses pasillos y escritorios, con el proyecto de la televisión latinoamericano-caribeña (carpeta de la que solía hablar Izarra)… con las acotaciones en rojo de Chávez…

Fuente: Question Digital.

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