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A 131 años de su nacimiento

Teresa de la Parra: “Este fastidio que me ha hecho analista expansiva y escritora, tiene una raíz muy honda”

Venezuela | 5 de octubre de 2020

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Una mujer que escribe y libera pensamientos, sentires, vivencias, anhelos, secretos, angustias y dolores, siempre será subversiva para la época que la vea nacer, crecer y morir. ¡Una mujer escritora, pensante y culta será absolutamente peligrosa!

Esta mujer, escritora y venezolana, de la que queremos narrarles con orgullo y honor, dio una conferencia en Colombia titulada “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”, ahí dijo:

“Son ya muchos los moralistas que con amable ecuanimidad, los más, o con violentos anatemas, los menos, han atacado el diario de María Eugenia Alonso, llamándolo volteriano, pérfido y peligrosísimo en manos de las señoritas contemporáneas. Yo no creo que tal diario sea tan perjudicial a las niñas de nuestra época por la sencilla razón de que no hace sino reflejarlas. Casi todas ellas, las nacidas y criadas en medios muy austeros, especialmente, llevan dentro de sí mismas una María Eugenia Alonso en plena rebeldía, más o menos disimulada, según la oprima el ambiente (...) Disgústense o no los moralistas, no se detiene una epidemia escondiendo los casos (...) La crisis por la que atraviesan hoy las mujeres no se cura predicando la sumisión, la sumisión y la sumisión, como se hacía en los tiempos en que la vida mansa podía encerrarse toda dentro de las puertas de la casa”.

Ana Teresa de la Parra Sanojo nació el 5 de octubre de 1889, circunstancialmente en París, Francia. Fue la primera de seis hermanos. Sus padres fueron los venezolanos: Isabel Sanojo y Rafael Parra. Su tatarabuela fue Teresa Jerez de Aristeguieta, quien era prima de Simón Bolívar y madre del general Carlos Soublette.

Cuando los padres de la niña Teresa regresaron a Venezuela ella tenía dos años de edad. Vivieron en la Hacienda de Tazón, ubicada en el suroeste de Caracas, ahí se cultivaba caña de azúcar. Los primeros años de Teresita pasaron en un ambiente de campo. Sus hermanos fueron Isabel, Elia, María, Miguel y Luis Felipe.

Su familia contrató una tutora para enseñarla a leer, escribir, contar y recitar a ella y a sus hermanas. Su vida de niña transcurre entre una vida campestre y una vida cultivada por las letras.

Teresa de la Parra estudió en un colegio de monjas. Ahí se ganó un premio escolar por sus versos. Fue una alumna sobresaliente. Aprendió el idioma francés y se desenvolvía muy bien con esa lengua. Leyó autores destacados. Fue formando un gran hábito por la lectura, el amor a los libros y el elegir sus propios autores. Se fue forjando una cultura universal además de sus viajes y estadías en Europa.

“¡Si al menos hubiera nacido hombre! Verías tú, tío Pancho, cómo me divertiría y el caso que haría entonces de Abuelita y de tía Clara. Pero soy mujer ¡ay, ay, ay! Y ser mujer es lo mismo que ser canario o jilguero. Te encierran en una jaula, te cuidan, te dan de comer y no te dejan salir; mientras los demás andan alegres y volando por todas partes. ¡Qué horror es ser mujer! ¡qué horror, qué horror!” (Ifigenia, de Teresa de la Parra)

Ente 1919 y 1922, Teresa escribió la novela Ifigenia (una de sus obras más importantes y trascendentales) entre la ciudad, el valle de Caracas y Macuto. El escritor venezolano, Arturo Uslar Pietri dijo sobre Ifigenia que era “un libro mujer atractivo, oscuro, turbador”. “Refleja una escritura y una mirada femenina de tan hondo contenido literario que no pudieron pasar desapercibidas ni por los escritores ni por los políticos contemporáneos con la autora”.

Si bien la opinión de Uslar Pietri no es desacertada, nos atreveríamos a decir que Ifigenia es un manuscrito esclarecedor en cuanto a la vida de las mujeres en esos años de 1920, sobre todo al plasmar los sentires, limitaciones y aspiraciones de las mujeres de la época, la hacen una subversiva y transgresora para su tiempo. ¿Quién podría pensar que una señorita de buena familia pueda fastidiarse y aspirar a no ser esposa y madre sino escritora?

“Este fastidio cruel que presentí por vez primera la tarde de mi llegada, este fastidio que me ha hecho analista expansiva y escritora, tiene una raíz muy honda” (Ifigenia, de Teresa de la Parra)

“¡Ah! ¡si tía Clara supiera por ejemplo, que estoy leyendo ahora el Diccionario Filosófico de Voltaire! ¡Qué escándalo y qué horror le causaría! Pero mis lecturas tienen el doble encanto de lo delicioso y lo prohibido, y el Diccionario Filosófico, cuando no está entre mis manos yace enterrado como un tesoro en el doble fondo de mi armario de espejo” (Ifigenia, de Teresa de la Parra)

Leyó sobre la historia de Venezuela. Admiraba a nuestro Libertador, Simón Bolívar. También leyó sobre filosofía, poesía alemana, estudios orientales, en especial sobre el misticismo oriental y el budismo.

“París es la dispersión, por todos lados influencias que me estorban cuando no me perjudican en el sentido más serio, el de la fe y en la unión de mi espíritu con ciertas cosas determinadas que le convienen, y que al desaparecer no siento reemplazar por otras. Si se reemplazaran serían evolución siempre provechosa. ¿Habrá evolución latente que yo no alcance a sentir?” (Diario íntimo de Teresa de la Parra, 5 de octubre de 1931 (mi cumpleaños))

Su vida fue muy corta. Se acompañó de una mujer, Lydia Cabrera. Murió de tuberculosis terminal el 23 de abril de 1936 en Madrid, España.


María Mercedes Cobo/Alba TV

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