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Nunca olvidar, y jamás rendirse

Turquía: el peor atentado y la digna resistencia

Internacional | 11 de octubre de 2015

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Por Lucrecia Fernández desde Turquía
10 de octubre 2015.

En la mañana de este sábado, en la ciudad de Ankara, capital de Turquía, tres bombas explotaron en medio de una manifestación por la paz del pueblo de Kurdistán. El atentado dejó -hasta el momento- 94 muertos y se convirtió en el más grave en la historia turca.

El hecho provocó multitudinarias protestas en las principales ciudades del país. El número de víctimas fatales se cree que seguirá aumentando ya que hay al menos 400 heridos, de los cuales 30 son de extrema gravedad.

El 1º de noviembre habrá elecciones en Turquía por segunda vez en cuatro meses, debido a que al partido islámico AKP, cuyo líder es el actual presidente Recep Tayyip Erdogan, no quiso aceptar perder la mayoría absoluta en el Parlamento, ya que con el 13% obtenido por el HDP en las últimas elecciones (que equivale 81 parlamentarios de esta fuerza de izquierda), Erdogan perdía la mayoría absoluta en el Parlamento quedando como tercera fuerza.

Los meses pasaron desde aquel 7 de junio y la intención de voto no ha cambiado, el pueblo sigue eligiendo al HDP. Para los movimientos kurdos esto es un enorme logro, pues se avecinan tiempos difíciles. En los últimos días la cúpula del partido de los trabajadores del Kurdistán (PKK) había dado a conocer la decisión de un cese al fuego unilateral, información que se formalizó en un comunicado el sábado en la mañana.

La razón de la decisión fue comunicada por una de las líderes del PKK, Bese Hozat, quien afirmó que “como movimiento haremos lo posible para contribuir a la victoria del HDP”. De esa manera, Erdogan se quedó sin excusa para acusar de terroristas a los integrantes del PKK, y teme que esto sume más votos al HDP.

Fue en ese contexto que, en medio de una concentración por la paz del pueblo kurdo, luego de que la policía asesinara brutalmente a cinco jóvenes la última semana (elevando la cifra a 91 jóvenes muertos en los últimos tres meses), tres bombas explotaron en la explanada de la estación de tren en Ankara, lugar donde los trabajadores de izquierda, el comité de médico, el comité de ingenieros y arquitectos de izquierda, las madres por la paz, el HDP y asociaciones de trabajadores del estado de izquierda, realizaban la concentración.

El saldo –al cierre de esta edición- era de 94 muertos. Miles de personas se acercaron a los hospitales por información sobre los fallecidos y para donar sangre para los heridos.

Es el peor atentado en la historia de Turquía, y el gobierno de Erdogan se limita a culpar a los terroristas, aunque no aclara a quienes se refiere. Los movimientos de izquierda en Turquía apuntan a los grupos de la derecha islámica afines y al servicio de Erdogan, que intentan detener las elecciones y provocar el cese al fuego del PKK.

Un pueblo que resiste

Caminando unos metros por las calles de Ankara, sorprende la tranquilidad con la que la gente vive el cotidiano. Es imposible no preguntar por qué no han perdido la sonrisa, el compañerismo, el respeto por el otro y las ganas de ayudar. La respuesta es dura, honesta y heroica, sobre todas las cosas, como manifestaba un ciudadano a esta cronista hace unos días, “hoy estamos, mañana no sabemos, nos estamos preparando, pero sobre todo vivimos”. Sólo cinco días después, ese mensaje se hace carne, muchos de aquellos rostros hoy no están.

En la plaza se lee un banner con la oración “no a la guerra, no al fascismo”. Luego de las explosiones, la policía demostraba claramente el significado de esa declaración al no permitir que las ambulancias ingresaran a la zona a atender a los heridos. Y cuando, no conforme con eso, también reprimió a los manifestantes. Secahattin Demirts, líder del HDP, decía apenas producido el atentado que “el gobierno de Erdogan es un asesino serial y una mafia”, declaración que resume en parte los terribles hechos que sucedían, y sus responsabilidades.

En Turquía, la democracia es una pieza de museo, pero al AKP dejo de resultarle útil la “democracia”. Miles de personas, a los largo y a lo ancho del país, salieron a las calles a reclamar y repudiando los atentados. El pueblo kurdo y el pueblo turco buscan dejar una importante enseñanza: nunca olvidar, y jamás rendirse.

Fuente: Marcha / Resumen Latinoamericano,

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