Colombia | 9 de septiembre de 2012
Por Santiago Peña Aranza
Ahora que el presidente Juan Manuel Santos por fin se “destetó” de Uribe en el tema de las FARC -porque en lo económico son prácticamente lo mismo-, fue nuevamente blanco de críticas por parte de su antecesor y elogiado por muchos sectores del país.
Subió en una encuesta reciente al 51% de favorabilidad luego de destapar sus cartas de paz, días después de que Uribe hiciera eco de versiones que hablaban de los acercamientos secretos del gobierno con las FARC en Cuba. Los medios no hicieron esperar sus noticias, artículos, entrevistas y análisis sobre el tema. El Tiempo publicó el pasado 25 de agosto que “entre 2008 y 2010, el entonces presidente impulsó de manera secreta un acuerdo político con las FARC” (ver aquí). Uribe dijo que eso era mentira, que ese periódico daba informaciones “tendenciosas”. El medio de comunicación se ratificó (ver aquí).
Uribe el guerrerista intransigente
Álvaro Uribe es un líder político que llegó a la presidencia catapultado por el fracaso del proceso de paz del Caguán. Mientras la guerrilla y el gobierno de Pastrana se hacían conejo mutuamente, la una fortaleciéndose y el otro negociando el Plan Colombia, él empezó a capitalizar el descontento nacional con su discurso de mano dura contra las FARC y el ELN.
El mundo de la política electoral se mueve en gran parte por las emociones (en Colombia también por tamales, tejas, narcotráfico, guerrilla y paramilitares), y ante la decepción nacional, el “no podemos negociar con terroristas” de Uribe caló perfectamente, tanto que logró movilizar a su favor el odio del país a las FARC. Logró dividir al país –en el discurso, pero no en la realidad- entre amigos y enemigos de la guerrilla. Toda crítica hacia el gobierno se recibía como una crítica del “terrorismo”. El disenso se convirtió en un riesgo. La oposición fue espiada, intimidada, señalada. Muchos periodistas fueron amenazados, muchos sindicalistas fueron asesinados. La protesta social se criminalizó.
Su “seguridad democrática” mostró resultados nunca antes vistos en el país: cada semana caía un “jefe de finanzas” de las FARC, la Operación Jaque -montaje o no- fue cinematográfica, el asesinato de Raúl Reyes, con todo y lo ilegal que fue, consolidó el liderazgo de Uribe y le dio al país argumentos para pensar que la solución militar del conflicto armado –amenaza terrorista para Uribe y los uribistas-, era posible. El fin estaba justificando los medios.
Se hizo reelegir con una triquiñuela y un inmenso apoyo popular. Pero como sólo pudo hacerlo una vez y no dos, como realmente quería, tuvo que apoyar a su ex Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, para ser presidente. Así al menos el poder quedaría en manos de la derecha, se daría continuidad a su gobierno y se protegería a sus aliados políticos. Sus cálculos fallaron.
Santos no cazó sus peleas internacionales. Solucionó la crisis diplomática con Venezuela y Ecuador en poco tiempo, se mostró conciliador y no hizo nada para impedir que la justicia avanzara, lenta pero segura, a destapar irregularidades del gobierno anterior. El Twitter se volvió su trinchera y su oposición empezó: hoy crítica más que nunca al gobierno por su disposición a negociar con las FARC.
¿Por qué insiste en negar que su gobierno busco en secreto una salida negociada al conflicto?
Aceptarlo sería la mayor incoherencia de su vida. Sería desmitificarse a sí mismo como el adalid de la lucha contra la guerrilla. Significaría aceptar que siempre que le dijo al país que “no se puede dialogar con terroristas” estaba mintiendo, porque él mismo quería y estaba tratando de hacerlo.
¿Qué pensará el uribista de a pie al saber que esa persona admirada por él, y que se hacía fuerte en su discurso del odio, buscaba negociar con los “terroristas” de las FARC? Sin duda sentiría una decepción muy grande, y Uribe perdería su credibilidad a la hora de criticar una salida negociada al conflicto.
¿Qué habrían pensado las Fuerzas Armadas al saber de los intentos de Uribe por negociar con las FARC?, ¿sabían?, ¿se les habría bajado la moral a los combatientes? Ahora los argumentos de Uribe comienzan a caerse frente al sector de la ciudadanía que lo ha respaldado.
La coherencia –por su escasez- es el capital político más respetable que puede tener un político en Colombia. Uribe era coherente desde su derecha retardataria y eso lo hacía respetable frente a quienes tienen este pensamiento. Ahora Uribe niega sus deseos secretos de diálogo porque teme que ya no le crean sus críticas, y lo que para él es peor aún: no negarlo sería aceptar que él en el fondo también sabe que la solución política al conflicto es la única posible.
Por mi parte lamento sinceramente que Uribe no haya logrado la paz con esos deseos y acercamientos secretos con las FARC. Soy partidario de la salida política al conflicto armado y social que vive el país desde hace 50 años, y considero que esta solución debe ir más allá del deseo egoísta de un gobernante de quedar ante la historia como “el hombre que le dio la paz a Colombia”. Es por esto que como ciudadano invito a Álvaro Uribe y las personas que le siguen, a que apoyemos esta nueva ventana que se abre para la paz.
Si desea conocer más sobre los acercamientos secretos de Álvaro Uribe con las FARC:
Wikileaks: Uribe buscó en secreto el diálogo con las FARC
Carlos Lozano y León Valencia: sí hubo acercamientos con las guerrillas en el gobierno Uribe
Categorías: Colombia
Alba TV es un proyecto para la integración desde los pueblos, desde los movimientos sociales, desde las comunidades que junto a las televisoras comunitarias del continente articulamos las luchas populares contra el imperialismo, por la construcción y fortalecimiento de la identidad del sur, y para impulsar las transformaciones políticas, económicas y culturales hacia el socialismo.
Email: albadelospueblos@gmail.com
Caracas, Venezuela