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Por Pablo Siris Seade

Venezuela: La solución está en el pueblo Caja...

Venezuela | 19 de junio de 2016

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Por Pablo Siris Seade

17/6/2016

Desde que en 2002 Venezuela fuera víctima del primer intento de golpe de Estado contra el gobierno legítimo del comandante Hugo Chávez, el pueblo de Bolívar tiene claro que hay una sola forma de salir de los problemas: yendo hacia adelante. Hoy la solución a los problemas del desabastecimiento y la especulación van de la mano con la población organizada a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

“Pa’trás ni pa’coger impulso”

Así reza el refrán venezolano que ilustra que uno jamás debe rendirse ni retroceder ante la adversidad.

Ese aprendizaje popular ha sido también una lección adquirida por el Gobierno Bolivariano a lo largo de ya casi 17 años de lucha contra un enemigo que una y otra vez ha intentado desconocer y derrocar las opciones por las que el pueblo de ese país se ha pronunciado por vía pacífica y electoral.

Cada vez que surgían nuevas agresiones imperialistas, nuevos intentos por desconocer un resultado electoral, nuevos conatos de golpe de Estado, el Gobierno Bolivariano dirigido por el comandante Chávez respondió con la radicalización de la Revolución.

A cada golpe de la burguesía entreguista y parásita, un contragolpe revolucionario de medidas que democratizaban el sistema político, la distribución de la renta petrolera, el acceso a bienes y servicios, e incluso a derechos humanos básicos negados hasta ese momento por un sistema que otorga pingües ganancias a quienes se prenden del flujo de divisas que genera el petróleo, pero que excluye y somete a la más abyecta pobreza a decenas de millones de personas.

Pero lo más importante de estas transformaciones políticas, económicas y sociales es que fueran hechas con y por el pueblo venezolano, con comunidades empoderadas, con gente asumiendo las más diversas tareas para garantizar la construcción de una nueva sociedad, sin explotados ni explotadores y con el ejercicio de todos los derechos por parte de todas y de todos.

Hoy Venezuela afronta la caída de los precios internacionales del petróleo, su principal recurso de exportación, y no han sido suficientes los esfuerzos por diversificar la economía y hacer al país definitivamente soberano desde el punto de vista alimentario.

Al mismo tiempo, la guerra económica expresada en el combate a la moneda venezolana, el desabastecimiento generado por los propios empresarios, la especulación y el contrabando de extracción de los productos regulados y/o subsidiados de la cesta básica han contribuido a generar una situación muy compleja para la población.

Largas colas para obtener algunos productos de la cesta básica, sobreprecios escandalosos, o la desaparición de estos insumos de los anaqueles de los comercios para luego aparecer en depósitos clandestinos donde son desviados al mercado negro.

Por si fuera poco, una larga sequía ha reducido al mínimo los embalses de agua y provocado largos apagones, así como ha mermado la producción agrícola a mínimos históricos.

Además, el sector más radical de la oposición de derecha promueve hechos violentos y desestabilización política como parte de su agenda a cuatro bandas para intentar derrocar a Nicolás Maduro -Presidente legítimamente electo- que anunciaron el pasado 10 de enero que incluye presión de calle para forzar la renuncia y/o reforma constitucional para restringir el mandato y/o declaración por parte de la Asamblea Nacional de que ha hecho abandono del cargo (???) y/o la activación del referéndum revocatorio del mandato.

El propio hecho de que estas vías sean presentadas juntas, demuestra lo antidemocrático de la agenda opositora.

Los CLAP

La solución al actual panorama -siguiendo lo que decíamos más arriba de que la forma era radicalizando la Revolución Bolivariana y su democracia participativa y protagónica, no podía ser como plantean algunos eruditos de la economía liberando el tipo de cambio y los precios y dejando sumergidos los salarios.

De esas recetas han habido bastantes en América Latina y solamente le han dado a nuestros pueblos miseria y exclusión, entre otros dramas sociales de los que aún no terminamos de reponernos. ¿Por qué si no continuamos siendo el continente más desigual del mundo?

La solución tenía que emerger del pueblo, para ser ejecutada con él y para él, como siempre lo promovió el comandante Chávez, como son las auténticas políticas de izquierda, como se paren las nuevas sociedades.

Así se han ido formando los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) en un número cada vez mayor de comunidades venezolanas, como mecanismo contra el desabastecimiento y la especulación encabezadas por la lacra social que ha asfixiado a la República durante toda su existencia: la burguesía parásita de la renta del petróleo, que ni siquiera produce, que solamente compra barato afuera para vender caro dentro, que lo único que hace es intermediar en la cadena de distribución.

Los CLAP constituyen la nueva forma de organización popular encargada de la distribución casa por casa de los productos regulados de primera necesidad.

Para esto cuentan con el apoyo del Ministerio del Poder Popular para la Alimentación, quien utiliza su infraestructura y logística para acercar a las comunidades los bienes que -de esta manera- dejan de ser mercancías.

Cada CLAP está integrado por una representación de la Unión Nacional de Mujeres (UnaMujer), las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (Ubch, organización de base de articulación socio-política), Frente Francisco de Miranda (FFM, juventud organizada) y de los consejos comunales conformados por las diversas comunidades.

Los CLAP son certificados por el Ministerio para las Comunas y Movimientos Sociales para evitar hechos de burocracia y corrupción, así como para tener un efectivo registro de cuántos alimentos y otros productos subsidiados son distribuidos y dónde llegan.

Freddy Bernal, coordinador nacional de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), indicó que los CLAP son una política de Estado con objetivos definidos, entre estos “evitar que nos tumben” en el marco de la guerra económica, pues mediante estos se busca evitar una explosión social al “garantizar que los alimentos lleguen a la población y apoyar la producción”.

Bernal explicó que los CLAP no restringen el abastecimiento en las cadenas privadas de distribución como los supermercados, sino que “50% se distribuye en la red privada y 50% en los CLAP”.

Al mismo tiempo, los CLAP se han convertido en la herramienta idónea para hacer llegar directamente al pueblo la producción de pequeños y medianos productores, que de esta manera logran desprenderse del mercado especulativo que les paga sumas irrisorias por sus cosechas, pero que luego vende los alimentos a precios muy altos a la población.

Adicionalmente, los CLAP -junto al Ministerio del Poder Popular para la Agricultura Urbana- están organizando a las comunidades para desarrollar huertos verticales y agropónicos, así como producciones intensivas en espacios reducidos de sectores urbanos, suburbanos y periurbanos, de forma de permitir que los cultivos lleguen rápidamente y sin intermediarios a los sectores de la población que más los necesitan.

La oposición de derecha ha demostrado que su participación en la guerra económica es directa al atacar a los CLAP y al promover acciones de saboteo de los mecanismos de producción y distribución.

Varios de sus dirigentes regionales y locales se han visto involucrados en el asalto y saqueo de depósitos de la red pública de distribución dependiente del ministerio de Alimentación, así como al organizar movilizaciones (reducidas en número pero plenas de un discurso sumamente violento) en contra de la existencia misma de los CLAP.

El pueblo venezolano, sin embargo, parece haber encontrado nuevamente la senda para dar por el traste a la guerra que le tienen los sectores de la derecha aliados a la burguesía parásita y al imperio norteamericano, así como continuar con su Revolución Bolivariana en la construcción del socialismo.

Parece también que el inicio de la temporada de lluvias logrará que se recuperen los embalses y ya se anunció por parte de las autoridades que el racionamiento eléctrico se flexibilizará. Al mismo tiempo, esas mismas lluvias contribuyen a aumentar los rendimientos de la producción agrícola.

Por si fuera poco, el Gobierno Bolivariano -con el apoyo de buena parte de los gobiernos del continente- ha logrado que en la OEA primen las posiciones que impulsan el diálogo y por añadidura está aumentando el precio del petróleo.

Malas noticias para los saboteadores de oficio. Buenas noticias para el pueblo bueno de Venezuela.


Fuente: http://cajaderespuestas.blogspot.com/

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