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Por Geraldina Colotti

Venezuela al contraataque: Contra el dólar, entra el Yuan

Venezuela | 12 de septiembre de 2017

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¿Sufrir o contraatacar buscando abrir nuevos caminos? También esta vez, el socialismo bolivariano escoge la segunda vía, relanzando el propósito de Chávez: “Aquí no se rinde nadie”. Cierto, la partida es difícil y el terreno sobre el que resistir es duro, pero el juego vale la pena, para ellos y para nosotros. Por otra parte, las últimas acciones efectuadas parecen haber hecho el efecto esperado. Luego de cuatro meses de ataques violentos hechos por las grandes camarillas internacionales con toda la artillería pesada de los medios de guerra, dentro y fuera del país, la tan criticada propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) ha desactivado la subversión, desenmascarando la inconsistencia política.

Después de tantos gritos y ruido y 121 muertes – treinta de los cuales quemados vivos por los “pacíficos manifestantes” - gran parte de la oposición ha decidido presentarse a las elecciones regionales. Solamente no ha aceptado la pasdaran María Corina Machado con su grupo Vente Venezuela, a la que va, sin duda, el mérito de una coherente monomanía: hacer de Caracas una sucursal de Miami, sacando con la fuerza a Maduro como ya lo ha intentado con Chávez. Para los “puputistas” - inventores de la “bomba de excrementos”, lanzada durante los recientes enfrentamientos – la coherencia no ha sido nunca determinante. Sus partidarios están acostumbrados a las piruetas, llevadas al diapasón luego de la victoria de Maduro sobre Capriles en abril del 2013.

Apenas llegaron al Parlamento, las derechas han prometido “sacar a Maduro en seis meses” y han hecho pesar sus comentarios. Aunque sabiendo que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), destinado a vigilar el equilibrio de los cinco poderes de los cuales se compone la Constitución Bolivariana, los habrían suprimido, enseguida han aprobado algunas leyes liberticidas, sobre el modelo de Brasil y Argentina, que hoy nuevamente son víctimas de gobiernos neoliberalistas: la ley sobre el trabajo y pensiones y aquella que habría vendido a las inmobiliarias la Misión Vivienda (casi dos millones de viviendas amobladas asignadas gratuitamente al pueblo).

Un enfrentamiento de poderes todo dirigido al exterior de Venezuela, basado sobre la equivocación de que el Parlamento y la democracia representativa modelo Fondo Monetario Internacional fuera la clave para decidir en un país que, en cambio, se basa sobre “la democracia participativa y protagónica”: sobre la participación popular cuanto más directa, quiero decir, y no llamada en causa sólo en cada elección. Por esto, la constitución bolivariana prevé la posibilidad de un referéndum revocatorio de todos los cargos públicos electos, posible a mitad del mandato. Otro punto sobre el cual las derechas han tratado de actuar subvirtiendo los procedimientos, como siempre lanzando la piedra y escondiendo la mano.

En ese modo, entre fraudes y propaganda, han tenido ocupada la autoridad electoral (CNE), acusando luego al gobierno de haber querido posponer las elecciones de los gobernadores, previstas para el año pasado. Si el CNE habría fijado las regionales en lugar de seguirles en su propósito de referéndum revocatorio, lo habrían acusado de boicot. Todo esto en un clima de guerra económica y de escasez inducida, agravada por la drástica caída del precio del petróleo (de más de 100 dólares al barril a casi 30); y en el multiplicarse de los ataques en los organismos internacionales, conducidos sobre todo por el pasdaran de los Estados Unidos en la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. Una batalla de códigos, reglas y procedimientos apasiona y divide el país bolivariano desde cuándo, con la victoria de Chávez (1998), las formas de la democracia no fueron consideradas más un hecho ritual o simplemente procedimental.

Desde entonces, el ejercicio democrático del voto, en Venezuela, ha servido al chavismo para hacer crecer la conciencia de las masas, incluyéndoles en el ejercicio del poder y de la representación: no para controlar y narcotizarles, como sucede en las llamadas “democracias avanzadas”. La política así ha impregnado la vida cotidiana de los sectores tradicionalmente excluidos de la esfera pública, ha creado aquella “polarización” que en Italia ahora se ve sólo en los fanáticos de los equipos de fútbol.

Y así durante la enfermedad de Chávez, desde la Amazonía al centro de Caracas, todos han discutido con propiedad de aquellos artículos de la Constitución que habrían consentido o impedido que el presidente fuera sustituido por su vice (Maduro). En las calles y en el Parlamento, se apasionaban sobre tiempos y modos de convocar a nuevas elecciones. Al mismo modo, en el pleno del enfrentamiento de poderes con el Parlamento gobernado por las derechas, se ha discutido y participado, llenando los teatros sobre cuestiones que, en Italia, habrían animado sólo a pocos especialistas. Y así, cuando el Primero de mayo de este año Maduro ha lanzado la propuesta de Asamblea Constituyente, ha discutido el país entero. Y para la ANC han ido a votar en masa: más de 8 millones de personas.

Una participación inédita y también heroica, que ha desafiado las amenazas del paramilitarismo “guarimbero”. Ha ido a votar también muchísima gente de oposición, exasperada por una situación de “guerra” que no lograba manejar más. Históricamente, se sabe, la burguesía se sirve del fascismo, pero luego, cuando la situación se hace inmanejable, se retira.

Una jugada vencedora, que ha desactivado la violencia y relanzado un nuevo tipo de democracia popular renovada, aquella socialista: no dirigida hacia los partidos o a los grupos de poder, sino a las partes conscientes del pueblo. El salto en adelante ha hecho retirar a algunos dogmáticos de la democracia formal, llevando al presente el encendido debate abierto en los tiempos de Rosa Luxemburgo sobre la relación entre revolución y democracia. El aporte más evidente del chavismo al debate de la izquierda en mérito al “socialismo real” ha sido tal vez justo la importancia dada a la democracia y a la participación popular en la construcción del socialismo. También por esto, no obstante 4 meses de actos violentos, al contrario de cuanto denuncia la propaganda conservadora, no ha habido una represión correspondiente, como en cambio, habría sucedido en Europa y en los Estados Unidos.

Sin embargo, en su querer proceder hacia el socialismo, el chavismo del origen está cambiando, continuando a hacer experiencia sobre el campo. Maduro así ha puesto el mandato a la orden no de la mayoría de la población, sino en las manos de la ANC: ósea en las manos de aquella parte consciente del pueblo soberano que quiere continuar a decidir del propio destino. Las deliberaciones de la ANC luego serán sometidas a referéndum popular. El objetivo no es aquel de abolir la avanzadísima Constitución Bolivariana, aprobada en 1999, sino de profundizar los elementos del socialismo, para vaciar desde el interior el Estado burgués.

Una tarea titánica contra la que ha hecho frente común el arco de fuerzas conservadoras y reaccionarias a nivel internacional, jerarquías vaticanas incluidas. Pero, mientras tanto, de la ANC han salido ya algunas propuestas para afrontar los graves problemas que atenazan al país. Problemas estructurales o contingentes, que afecten al plan económico y político y a aquel de la independencia nacional.

El 7 de septiembre, Maduro ha presentado a la ANC el Plan Constituyente para la Paz y Prosperidad Económica, en el intento de potenciar y blindar la economía golpeada por los ataques financieros, y superar el modelo petrolero heredado por la IV República. Antes de todo, ha sido aumentado del 40% el salario mínimo y las pensiones. Secundariamente ha sido establecido un plan de control de precios que fija un techo máximo para 50 productos y bienes esenciales.

Además, ha sido aprobado un subsidio para el inicio del año escolástico, dirigido a tres millones de familias de escasos recursos. A seguir, 8 leyes constituyentes entre las cuales aquella de gravar las grandes fortunas obtenidas con la guerra económica, para renegociar la deuda con los poseedores de los bonos de PDVSA luego del bloqueo económico-financiero impuesto por Trump, y para regular las inversiones extranjeras.

Pero la decisión más resaltante ha sido aquella de disponer un nuevo sistema de pago internacional basado sobre el más amplio número de monedas – entre ellas aquellas chinas y rusas- para reducir el poder del dólar y reaccionar a las sanciones de los Estados Unidos. Un aumento de orgullo que podría hacer escuela. Tal vez, entre las monedas consideradas estará también el euro, pero a condiciones – ha advertido Maduro – que Europa no ponga en acto la amenaza de las sanciones preanunciadas: porque, mientras tanto, continúa la ofensiva de las derechas venezolanas para convencer también a Europa a ponerse en el mismo camino de los Estados Unidos.

El presidente del Parlamento, Julio Borges (Primero Justicia) y el vicepresidente, Freddy Guevara (Voluntad Popular) han sido recibidos por Merkel en Alemania, de Rajoy en España, de Macron en Francia y por Theresa May en Gran Bretaña. Y otro ataque ha partido del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra. La Alta Comisión, dirigida por el jordano Zeid Ra’add Al Hussein quiere poner bajo investigación al gobierno bolivariano por posibles “crímenes contra la humanidad”.

Venezuela es uno de los 47 Estados miembros del Consejo de los Derechos Humanos, representado por Jorge Valero. A defender la “verdad de Venezuela” ha ido a Ginebra el vicepresidente Jorge Arreaza, que ha acusado a Zeid de “comportamiento selectivo, parcializado y politizado” y ha expuesto los datos relativos a los 4 meses de violencias derechistas. Arreaza, cuyo país preside el Movimiento de los No Alineados, ha agradecido a los varios representantes de los países del Mnoal que le han mostrado solidaridad y ha reafirmado que su gobierno todavía persigue el diálogo con la oposición, pero en el respeto de la Constitución y sin injerencia externa. Y, en Venezuela, se ha desarrollado una gran manifestación en defensa de la soberanía nacional, a 44 años del golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, el 11 de septiembre de 1973.

Traducido por Gabriela Pereira

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