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Por Angèle Savino

Venezuela: aprender a desaprender

Venezuela | 18 de septiembre de 2017

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Primer día. “cantamos, porque somos militantes de la vida

“Por qué cantamos? Cantamos porque llueve sobre los surcos, y somos militantes de la vida. Cantamos porque el sol nos reconoce, y porque el campo huele a primavera, y porque en este tallo de aquel fruto, cada pregunta tiene su respuesta”. Luisa, directora de la escuela de Caquetios del movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil, en Barquisimeto, lee el poema de Benedetti. Estudiantes y profesores forman un círculo alrededor de la palabra Revolución que escribieron con piedras. Alrededor de las piedras, la bandera del MST. Luisa Araujo dio a luz a una niña, el 17 de diciembre de 2016, el día de la muerte de Simón Bolívar. Se llama Lydda, como la activista y poeta Lydda Franco, nacida en la década de 1960. La Mística como dicen los brasileños termina con el himno nacional de Venezuela en el fondo con la voz de Chávez, cuando cantó con el pueblo bolivariano 11 Junio 2012.

El primer día, los activistas del Movimiento Sin Tierra explican la historia y el funcionamiento de la escuela. Celia Rodrigues, encargada de la formación política en la escuela, regresó de Brasil, donde participó en un curso de formador de formadores. “No creemos en la casualidad sino en la causalidad”, dice Celia. La defensa de la Revolución bolivariana se basa en uno de los principios del MST, la solidaridad, estamos en una tierra liberada por la Revolución. Nuestro objetivo es ser autónomos para la producción de alimentos y la formación”. La tierra de Caquetios perteneció a los terratenientes que la utilizaron para carreras de caballos. Hoy en día, son unidades de producción social del gobierno. En 2010, el espacio fue recuperado por CVAL (Corporación Venezolana de Alimentos). En 2014, Nicolás Maduro firmó un acuerdo con el Movimiento Sin Tierras, y legalizó el título de la tierra. “Caquetios no es una isla, bombas de agua han sido pinchadas, hemos tenido muchos problemas en la producción, no tenemos suficiente agua, se nos hace difícil la cosecha, ya que nos roban nuestra producción.” El mayor avance según Celia fue la incorporación de venezolanos a la brigada del MST.

Simón Uzcategui, que coordina la producción, explica que hoy en día, los productores están empezando a fabricar fertilizantes biológicos. “Desarrollamos maíz autóctona guanape y calabaza, usamos el tricoderma para matar el parásito cogollero, producimos 600 litros de insecticidas naturales”. Los campesinos producen ahora una tonelada mensual de fertilizantes orgánicos, reparan los tractores argentinos y bielorrusos y cultivan dos huertos para su propio consumo. Las organizaciones campesinas se están articulando para formar un frente de Consejos Campesinos. Celia trata de organizar reuniones con mujeres para hablar sobre sus derechos sexuales y reproductivos. El MST también ha creado una red de amigos de la escuela para llevar a cabo cursos de producción y recuperación de semillas.

El taller de cine que duró cinco días permitirá a los estudiantes a aprender las técnicas del cine popular de EPLACITE, Escuela Popular Latino-americana de cine y teatro de la escuela Internacional fundada por Thierry Deronne en la década de los 1990. Thierry llegó a Venezuela después de un encuentro con venezolanos en la Nicaragua sandinista de los 80. La historia de la escuela está vinculada al proceso de transformación nacional de la revolución bolivariana con la creación de VIVE TV, pero también es la escuela de los movimientos sociales, con la participación del movimiento sin tierra en Brasil. “La producción audiovisual es como el trabajo del campesino, es exactamente lo mismo, en ambos casos se trata de alimentar a una población. En el primer caso, es una alimentación física y en el otro, es una alimentación intelectual, espiritual, pero estas dos producciones toman tiempo. No se hace un buen documental sin el tiempo de la participación, la investigación, la realización, el montaje, el retorno a la comunidad con las imágenes. Este proceso del tiempo, de la paciencia del campesino que sabe escuchar la tierra es la esencia también de una verdadera agricultura capaz de alimentar sanamente a un pueblo”.
El taller de cine se inicia con el análisis de secuencias y con la crítica de la monoforma televisiva, aquella del periodista todopoderoso que produce una radio disfrazada de televisión al imponer su comentario a una realidad reducida a tomas de apoyo veloces, y al decir al espectador pasivo lo que tiene que pensar. El «noticiero» de Santiago Álvarez propone otro modo de producción de la información: una espiral creciente por participativa que parte de un problema sufrido por el pueblo para remontar hacia sus causas, claves y posibles soluciones. Una forma de despertar la mente crítica del televidente-ciudadano corresponsable de la solución y de la transformación.

Profesores de Permacultura de la asociación Francia América Latina (FAL) en Burdeos enseñarán la técnica de la permacultura a los venezolanos de las regiones de Barquisimeto, Caracas y Falcón. El primer día, los estudiantes de permacultura reciben lecciones teóricas, que practicarán durante la semana. Habrá tres talleres: la construcción de baños secos, un tanque de agua para filtrar las aguas residuales y un sistema de recolección de agua de lluvia. El taller de cine comenzará con el análisis de secuencias cinematográficas y terminará con la realización de un pequeño film sobre la escuela de Caquetios.

La mística ritma este curso de 5 días de permacultura y cine popular. Formamos cinco grupos, cada grupo lleva un nombre, y será responsable de las diversas tareas colectivas en la escuela de Caquetios, como lavar los platos, los baños, los espacios colectivos, y aportar la merienda a los estudiantes: solidaridad, patria, lucha, revolución, socialismo. Cada mañana, un grupo presentará una mística durante por 15 minutos: “Es una reunión muy importante. Reafirmamos por qué estamos aquí. Queremos ver al pueblo, la lucha y sus esperanzas, alegría y celebración. La solidaridad internacional, por ejemplo, es este gran charco que han cruzado desde Francia para venir aquí a trabajar con nosotros latinoamericanos”, concluye Celia.
El primer día del taller de permacultura, una estudiante, Rossana Meléndez respondió a la pregunta del profesor de permacultura Franck. ¿Qué es la Permacultura? La cultura permanente es aprender a desaprender. Reaprender la cultura campesina ancestral. “La revolución de hoy no es la revolución verde, es la revolución de la resiliencia, resiliencia significa ser capaz de resistir, lo que ustedes conocen bien “, dice Franck.

Segundo día: “Enciendo esta vela para reavivar el fuego del patriotismo”

El grupo de solidaridad comienza la mística. Una joven lee el poema de Galeano “un mar de fueguitos”, del “libro de los abrazos”: “Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas”. Una vela pasa de mano en mano, y cada uno dice una frase inspirada por la luz. “Enciendo esta vela para revivir el fuego del patriotismo”, dice un venezolano. Es mi turno. La primera frase que viene a mi mente. “Que el sol “wicho” yukpa ilumine el camino de los pueblos en lucha”.
Sarah Gourdel vive en Francia, viene de Brasil para asistir al taller de cine. Trabaja en un jardín pedagógico para acompañar colectivos de habitantes en viviendas ya construidas, y algunas en construcción. La organización de formación implementa prácticas agroecológicas en jardinería natural. Gloria Verges, la presidenta de la asociación FAL vino a dar un curso de bio-fertilizantes y le habló del taller de Caquetios en Venezuela. “Decidí tomar una semana de vacaciones para participar en este taller de cine, al mismo tiempo estar conectada con la comunidad local de Venezuela, conocer a gente nueva, tomar este tiempo para mí, para formarme”.
¿Cómo hacer una película entre diez personas? “Empezamos con la investigación de campo, sin cámara, escuchamos con paciencia, nos dejamos sorprender por la realidad y no nos dejamos invadir por ella”, me explica Thierry en la pausa café. “Este aprendizaje se convierte en un plan de batalla para el documental a realizar. Los tres grupos de 4 personas se mezclarán en una edición paralela final”. Hoy, Sarah ha aprendido la técnica de la edición paralela: “dos situaciones se producen simultáneamente, intercalamos planes, hacemos elipses, no tenemos toda la situación al mismo tiempo”. El año pasado, los hermanos Rodríguez enseñaron otra metodología del documental. Pedían a la gente que caminara por el espacio de Caquetios, y sintiera este espacio directamente, sin necesariamente pasar por la entrevista. A partir de ahí, los estudiantes elaboraron su imagen personal, con un montaje final de orden poético. “Sabemos que hay diferentes maneras de abordar la realidad, que la poesía es tan importante como la sociología, la historia y la filosofía” explica Thierry.

Odilio tiene 20 años, viene de un consejo comunal cerca de la Comuna El Maizal en el estado de Lara. Ángel Prado, representante de la Comuna fue elegido en la Asamblea Constituyente como representante territorial. “Estamos muy orgullosos de su elección, hemos estado luchando por 9 años para la consolidación de la Comuna que ahora estará consagrada en la Constitución. Queremos lograr el autogobierno”. La comuna ha solicitado ayuda para plantar 800 hectáreas de maíz este año. En 2016, se plantaron 1.100 hectáreas y se cosecharon 4.000 toneladas de maíz.

“-¿Pero dónde está la harina? El problema de la falta de conciencia del campesino es un problema serio. Hay mucha corrupción entre nosotros. Sin autocrítica, no podemos avanzar. Una de las propuestas de Chávez fue poner fin a la rivalidad entre nosotros. La Comuna El Maizal en el Estado de Portuguesa, está compuesta por 22 consejos comunales, se encuentra frente a la Comuna El Pinal en Lara y sus 4 Consejos Campesinos, “Los campesinos se niegan a ayudarse unos a otros. ¿Cómo podemos dialogar entre comuneros? Nuestra comuna está mejor consolidada, podríamos ayudar a la Comuna El Piñal con el problema de la electrificación, el consumo, el agua”.

El problema de la producción de alimentos también está vinculado a la falta de inspección. Cuatro millones de hectáreas han sido entregadas a los campesinos que no producen, pero tienen un único objetivo: obtener recursos del Estado. El Fondo de Desarrollo Agrícola (FONDAS) ha caído en ruinas varias veces, porque muchos créditos han sido desviados por los campesinos. El Estado no puede, por lo tanto, darles nuevos créditos, ni financiar a otros productores. “Estamos acostumbrados a esta cultura capitalista para recibir órdenes, siempre necesitamos la figura de un jefe”, crítica Douglas Quintero, del movimiento Fabricio Ojeda, que pertenece al Consejo Comunal Indio Chejendé. “Hay que presionar al campesino para que lo produzca sin perjudicarlo, porque dependiendo de las estaciones, la productividad cambia”. Cambiar el ineficiente sistema burocrático es esencial. Antes, el Instituto Nacional de Tierras (INTI), se demoraba cinco años para entregar el título de tierra al campesino. Hoy en día, el sistema es automatizado, y dura sólo 15 días. Douglas proviene de una familia pobre, se define a sí mismo como un “alma libre” a quien no le gusta recibir órdenes. Ha trabajado en varias instituciones agrícolas y fundaciones privadas, y ahora es técnico agrícola en Boconó, Estado Trujillo. “Me gusta este trabajo porque siento que ayudo a la gente”.

Tercer día. “Colibri, ¿no estás loco? ¡No es con estas gotas de agua que vas a apagar el fuego! – “lo sé, pero hago mi parte”

En el centro de la palabra Revolución, un sombrero Indio Yukpa. Dos compañeros leyeron algunas líneas del libro “Nuestra américa, pasado comunitario, porvenir socialista”, “Con Guaicapuro, Paramaconi – los desnudos y heroicos Caracas – hemos de estar y no con las llamas que los quemaron, ni con las cuerdas que los ataron, ni los con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron”. Durante la lectura, una de las mujeres del grupo Patria, distribuye flores y plantas a estudiantes y profesores. Leí un pasaje del libro de Pierre Rahbi “Hacia la sobriedad feliz”, la historia del colibrí, este pequeño pájaro, que trata de extinguir un enorme fuego recogiendo gotas de agua sobre las flores mientras los animales huyen del bosque. El cachicamo le pregunta:“Colibrí, ¿no estás loco, no es con estas gotas de agua que extinguirás el fuego? “Y el colibrí contestó”: Lo sé, pero hago mi parte”.

“Estas flores que fueron dadas y luego puesta en el suelo para la tierra, ofrendas, oraciones para la tierra, la tierra está sufriendo y tenemos que cuidarla, esto es lo que más me conmovió”, recuerda Sarah. “Es nuestra madre tierra, adoro la naturaleza, el hecho de abordar varias lecturas incluyendo la del Colibrí, con cada uno que hace su parte. Esto viene de Europa, es bueno hacer este intercambio”.

Colibríes, Movimiento por la Tierra y el Humanismo, lanzado por Pierre Rabhi alienta la emergencia e encarnación de un nuevo modelo de sociedad basado en la autonomía, la ecología y el humanismo. Su ambición es participar en la construcción de una sociedad basada en la felicidad de ser más que la voluntad de tener. En Europa, los movimientos ambientales han estado hablando de decrecimiento desde un poco más de una década. Una expresión que puede parecer aberrante para la gente del Sur de nuestra tierra. En Europa, se usa agua potable para la poceta, mientras que en el estado de Falcón, árida tierra en el noroeste de Venezuela, donde vive Rosaura Meléndez, el agua potable llega sólo una vez por semana con camión cisterna privado.

El sistema de recolección de agua de lluvia es muy útil. A pesar de que casi nunca llueve en esta zona, cuando la lluvia cae, puede durar varios días. Su sueño es crear una reserva natural para la vida silvestre. Tenía 15 años cuando empezó a militar en un movimiento revolucionario, en desacuerdo con su familia de derecha. Ahora tiene 26 años, estudió gestión ambiental en la Universidad Bolivariana. La cara de Chávez tatuada en su muslo no es una chaqueta que siempre vuelve sobre el lado bueno, como nos recuerda el cantante francés Jacques Dutronc, en su canción sobre la crítica de la mentalidad capitalista.

“Creo que todos deberíamos tener la misma oportunidad de crecer. El crecimiento es un empobrecimiento moral. Debemos avanzar hacia el ecosocialismo. Creo que el problema del arco minero nos muestra que debe haber un equilibrio entre los diferentes recursos de Venezuela. Pero no debemos cometer los mismos errores que con el petróleo, debemos utilizar estos recursos para desarrollar la agricultura o el turismo. Recordemos a los campesinos que dejaron sus tierras para trabajar en las ciudades en el momento del boom petrolero en 1973. Ellos vuelven a trabajar en las minas, pensando en su supuesto “bienestar”. Pero quizás cuando quieran regresar a su tierra, ya no existirán. En este momento tenemos estos recursos minerales, pero no son infinitos”.

Menehould, una joven francesa de 22 años, decidió participar en el taller de baños secos, que ahora el 50% de la cantidad de agua necesaria para los seres humanos. Trabaja en aeronáutica y vive en un pequeño apartamento parisino. Su sueño: construir una casa de madera ecológica sobre ruedas, en la que instalaría este sistema de baño. Comparte la visión de Rosaura sobre el concepto de decrecimiento.

“Es un término peyorativo. En la mente de muchas personas, el decrecimiento de los países menos desarrollados, si puedo decirlo, es más bien una oportunidad para desarrollarse en la dirección correcta. En Europa, tenemos una comodidad muy inútil de la vida, y es difícil decirle a la gente que hagan lo contrario. Lo que es crecimiento, es viable sólo si consumimos más y más. Hemos llegado a los límites de nuestro planeta. El 2 de agosto, gastamos todos los recursos naturales del planeta que podríamos hacer en un año”.

Hemos perdido 2.000 millones de hectáreas de tierra en 6.000 años, pero en 60 años hemos perdido 1.000 millones de hectáreas. “El hombre puede degradar el suelo, el agua y la atmósfera, pero no puede eliminar el suelo. Para destruir el agua tendría que hervir a 100, lo que nunca sucederá felizmente, por otra parte el suelo se degrada muy fácilmente. Así que la noción de suelo es muy importante en términos de permacultura”, explica Franck. Los estudiantes aprenden la técnica de “fitodepuración”, filtros naturales van limpiar esta agua.

Patricia Leal y David Torres de la Red Nacional de Comuneros están trabajando, con la esperanza de poner en práctica este método en su región semi-árida. Construyen con sus camaradas un primer filtro vertical. El agua cae en este filtro vertical, como una piscina. La llenan con grandes piedras en el fondo. Un desagüe permitirá la evacuación de los gases, ya que se realizará una gran actividad bacteriológica, sin oxígeno. El drenaje evita matar el sistema, que captura toda la contaminación, lo transforma en nitrato, nitrógeno, potasio. Las partículas permanecen unidas a las grandes piedras. Otro tubo transporta el agua a otra piscina poco profunda, de sólo 30 centímetros, horizontal. El paso del agua se hará horizontalmente. “Voy a poner grava, especialmente, las partículas permanecerán en la grava”, explica Gloria Verges, profesora de permacultura. Esta piscina está necesariamente cubierta con agua, voy a instalar plantas, que moverán la grava, y permitirán oxigenar esta agua, al final pongo una tubería, y allí el agua irá en un pequeño estanque con plantas de agua que terminan de limpiar el agua, cuando el agua está allí, está perfecta”.

Rosana espera organizar un viaje a Falcón con el equipo FAL para estudiar las posibilidades de la permacultura: “Vengo de una zona muy arrida, donde hay muy poca agua, prácticamente nula. ¿Cuál sería el mejor método para usar esta agua? “Debemos mirar el suelo”, le responde Franck. Es necesario plantar árboles para que no haya una fuerte evaporación, el día con mucho calor, porque el agua se evaporará muy rápidamente. Tienes que plantar árboles porque son las raíces de los árboles que permitirán que el agua sea percollada en los acuíferos subterráneos. Debemos postrarnos ante los árboles. Es en el árbol que debo sacar mi energía. El árbol hace el suelo, interfiere con la contaminación atmosférica, filtra permanentemente el agua. Purificará el aire, será ante todo un extraordinario reservorio de biodiversidad”.

Cuarto día: el Orinoco y el Magdalena se abrazaran para cantar y sonreír a la paz

El grupo Lucha se encarga de la mística de la mañana del jueves, que esta vez no tiene lugar en el aula, sino al aire libre. Un mapa de Venezuela está dibujado en la arena. Estamos invitados a hacer el recorrido, luego tomamos uno de los objetos puestos en el suelo: semillas, flores, cámara, frutas, instrumentos de música, herramientas de trabajo. Y nos situamos en un lugar del mapa del país. Todo el mundo dice una frase como cada día. Tengo una bolsa de semillas en sus manos, la pongo en el suelo: “¡Viva la ley de semillas indígenas venezolanas, prohibición de la directiva 9.70 en Colombia! (La ley prohíbe a los campesinos conservar sus semillas autóctonas obligadas a comprarlas a la multinacional Monsanto)

En Venezuela, el uso de productos químicos ha devorado el suelo por décadas, el desarrollo de la agroecología es como la gota del colibrí, pero empieza a extinguir suavemente el fuego. Pero primero, se debe luchar contra las mafias de la distribución. En 2015, en la región de Trujillo, el fertilizante químico fue monopolizado por las grandes agro-tiendas. El precio ha aumentado tanto que nació la idea de crear un Consejo Campesino. “Pudimos crear un vínculo directo con AgroPatría, y comprar el fertilizante directamente de Pequiven, con el fin de bajar los precios de manera consecuente”, explica Douglas. Estos productos no pueden ser mantenidos por más de 3 o 4 meses, son muy corrosivos y se deterioran rápidamente. Douglas reconoce que combatir la agricultura convencional no es fácil porque es muy rentable económicamente.

Frente al capitalismo que devora a nuestra madre tierra, la permacultura nos ofrece la oportunidad de dedicar tiempo a observar la naturaleza, a intercambiar, a mutualizar constantemente. El tiempo no es una línea recta para los pueblos originarios, es una espiral, una forma ampliamente utilizada en la naturaleza: “El viento es una espiral, el sonido es una espiral, la voz es una espiral, el universo es una espiral, los caracoles, las corolas, es una forma muy hermosa la espiral, porque partimos de no mucho, y crecemos, hace el efecto mariposa”, dice Franck.

El jueves por la noche, el grupo de la Revolución está encargado de preparar la mística. Nos distribuyen algunos papeles pequeños. La luz se apaga, una voz habla desde la oscuridad, la tristeza, el dolor, la pena. Todo el mundo quema los papeles en el centro del círculo, y la luz se enciende. Los tambores suenan al ritmo de la batucada. Sarah baila en el centro, y nos unimos a su baile. La fiesta comienza. Cantamos juntos una canción de Alí Primera. “Ven, amigo colombiano, vamos juntos a cantar por la segunda independencia, vamos a luchar juntos, El Orinoco y Magdalena se abrazarán entre las canciones de selva, tus niños y mis niños le cantarán y les sonreirán a la paz.

Gloria Verges, presidenta de FAL 33, empezó la militancia política con los exiliados políticos latinoamericanos en la década de 1970. Crea con sus camaradas una asociación “la Peña”, que recibió músicos en el exilio, como Inti-Illimani, Quilapayun, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti. Para dar a conocer a los movimientos de liberación de América Latina, participó en la creación de un Comité de Francia América Latina en Gironda, en 1981. “Entonces empecé a militar en el comité Francia-Cuba. Hice un primer viaje a Cuba en 1980•”. Paralelamente, crea en 1983, un festival de cine latinoamericano. Se va a vivir a Cuba 3 años y luego regresó a Francia en 1987.

Empieza a militar con los zapatistas a finales de la década de los 80, desarrolla un proyecto con las madres solteras en Bolivia. El período especial comienza en Cuba. Gloria sigue yendo allí con regularidad, también viaja a Colombia para trabajar sobre el problema de los paramilitares, desplazados por la guerra, las ejecuciones extrajudiciales, y se interesó en la agricultura urbana en Cuba “Conocí la fundación Antonio Núñez Jiménez (www.fanj.cult.cu), un compañero de Fidel Castro, geógrafo y espeleólogo cubano, que mapea Cuba, y que descubrió las cuevas de la mitad de Cuba, ha trabajado en Venezuela en el Orinoco y el Amazonas, que fundó una asociación para la protección del medio ambiente por los jóvenes, la administración de entornos de humedales en particular en Cuba”.

La fundación comenzó a desarrollar capacitación en permacultura, comenzando en 1994 con australianos, que estaban en Cuba en la época especial, y que propusieron formar a los cubanos en permacultura, para poder hacer jardines espontáneos en la ciudad. “Practicando la permacultura, no vamos a vivir como los hombres que vivían en las cuevas, no. Sabemos que uno puede vivir cómodamente, satisfaciendo todas las necesidades fundamentales del hombre, es decir, alimentarse bien, alimentarse para estar en buena salud, tener un techo, estar en buena relación con el otro, tener tiempo para uno mismo, pensar, no hacer nada, soñar, escribir poesía, cantar, ver la luna, y no trabajar durante 40 horas como idiotas, e irse a casa completamente cansado, y pararse frente a la TV como idiota, delante de las pantallas para aturdirte. La permacultura es una forma de concebir el mundo, la relación del hombre con el planeta, es una filosofía de vida en el planeta.”

Gloria descubre Venezuela después de ver una película de Thierry Deronne, “El paso de los Andes”. El director viene a presentar su película. Ella hace su primer viaje a Venezuela en 2011, para conectar la EPLACITE con el festival de cine de Burdeos. “Esto nos permitiría conectar nuestros dos sectores principales, que son el cine y la solidaridad. Tenía un proyecto de agroecología, sabía que el Movimiento de los Sin Tierra estaba en Venezuela. Se creó un proyecto en Camunare con mujeres campesinas en el estado agrícola de Yaracuy. El año pasado hicimos un curso de capacitación en permacultura y cine, y después vinimos aquí, desarrollamos el proyecto Camunare, el proyecto Caquetios, y seguimos con EPLACITE”.

Juan José Moreno, Jota, tiene 25 años, estudió en la escuela Eplacite, ahora es profesor de cine, acompaña a los estudiantes de Caquetios para la realización de su película. El taller realizado en Camunare con las mujeres que crearon la televisión comunitaria es una experiencia inolvidable. Querían hacer una película de ficción a partir de una tesis hecha por estudiantes de la Universidad Central en la década de 1970. “Hemos extraído de este libro una lucha que ha marcado la historia de este pueblo. Una mujer violada, separada de sus padres, esclavizada, es testiga del nacimiento de la Revolución bolivariana. En la película contamos el asesinato de su madre en el momento de su nacimiento, luego su secuestro por un peón del terrateniente. Esta mujer ya no está viva, pero las que escribieron el guion la conocieron. En este cortometraje de 12 minutos, vemos a un compañero que lucha por la titularización de la tierra, varios personajes se cruzan. La película no termina con la etapa de la Revolución, sino con una mirada de esperanza. Para nosotros fue muy importante mostrar que la revolución bolivariana es un proceso que nunca nació hace muchos años, y no ha parado. La historia de Camunare Rojo nos llevó a la historia de las raíces de la primera resistencia indoamericana en estas tierras, la lucha de Ezequiel Zamora y el Comandante Chávez”.

5º día: Sonrisa, vida, tierra

Estamos en un círculo, afuera. Todo el mundo escribe en una hoja de papel tres palabras que resumen su estancia en Caquetios, y la depositará en el círculo. Escribo: “sonrisa, vida, tierra.” Ménéhould canta el canto de los partisanos. Su voz dulce me emociona. “Amigo, ¿escuchas el vuelo de los cuervos sobre nuestras llanuras? Amigo, ¿escuchas estos gritos sordos de un país que encadenan? ¡Eh! partisanos, obreros y campesinos, es la alarma. Esta tarde el enemigo conocerá el precio de la sangre y de las lágrimas”.

El último día, conozco a Ubiel Viñales, un agricultor ciego que practica la agroecología. Ubiel ha recuperado la tierra de Yaracuy, con su compañero diputado Braulio Álvarez. Tuvo que esconderse durante un año, hace 20 años, porque los terratenientes lo buscaban para asesinarlo. Luchó contra los policías de Eduardo Lapi que perseguían a los campesinos que luchaban. “El Centro Mathilde es una tierra de tradición indígena. Pudimos demostrarlo con la Gaceta Oficial de 1904, cuando Cipriano Castro ordenó el derecho de abandonar estas tierras. Si los derechos indígenas son transferibles, inalienables e inatacables, ¿Cómo es posible que Jesús Asquetas, colonizando Cuba, llegó a Venezuela en 1946, para comprar las reservas indias de Fermin Calderon, un hombre rico que tenía su propia moneda? Si usted era el dueño de una reserva indígena, y usted necesitaba dinero, le prestaba dinero, pero ponía la tierra en garantía. Como después de dos años, no podías pagar tu deuda, recuperaba la tierra indígena.

Ubiel hizo un curso en la Universidad Experimental de Portuguesa y Llanos UNELLEZ y luego se formó en la agroecología, con la Misión Saber y Trabajo, que debe “eliminar la división de clases, sin un jefe o trabajador, si nos esforzamos por la verdadera independencia”. Creó un fertilizante orgánico, el curachire viñalero. El origen del nombre es un pájaro de Amazonia. Cuando este pájaro vuela sobre los campos, es la señal de que viene una gran producción. “Nuestros antepasados no utilizan fertilizantes químicos, se cortaba la madera “Rosa”, se quemaba y se usaba como fertilizante. Y así, podían producir todo el año”.

Marta, la esposa de Ubiel, es profesora retirada de la escuela, que ha implementado proyectos con comunidad escolar para formar a los niños al desarrollo ecológico. “Es una semilla que queda aquí. Tenía 30 pequeños, había muchos productores alrededor que usaban productos químicos. Un día, me enfermé, tuve bronquitis fuerte, los niños también. Empezamos a organizar conversaciones con los guarda-bosques. La maestra actual continúa mi trabajo, por eso es tan importante la educación. El mundo está al revés, como dijo Galeano. ¿Dónde está el agua? En los países del Sur. ” Y Ubiel, añade: “el río Tocuyo desemboca en el mar Caribe, en el estado Falcón”. (Explica Ubiel). “Cada vez que crecía iba arrastrando arena y arena.

El acumulamiento de arena, en los médanos de coro, a través de la brisa. Cuando Cristóbal colon vino y se consiguió, allí en la orillo del mar caribe a los indios, los Indios ya conocían este rio, porque era navegable. La pareja está encantada por la creación de la Universidad del Ambiente en la Flor de Venezuela en Barquisimeto, construida por Fruto Vivas, el pabellón venezolano en la Feria Mundial de Hannover en 2000. El techo está compuesto por 16 pétalos que se abren y se cierran. A los venezolanos les encantan ver desde allí, la puesta de sol. “Pero la práctica de la agroecología debe hacerse sobre el terreno, no en una aula”, subraya Ubiel.

La educación ambiental marca el camino hacia el ecosocialismo. “Los jóvenes son como esponjas”, dice Odilio. Debemos conservar toda esta información y darla a conocer en nuestras comunidades, y ponerla en práctica. Hoy, en la Comuna el Maizal, sólo hay abuelos. Luchamos por la Comuna, morimos, y entonces, ¿qué están haciendo los jóvenes? El 70% de los votos para los constituyentes son jóvenes.

Debemos luchar para no perder valores. ¡Soy joven, rebelde, vive la Comuna!”. David Torres y Patricia Leal no quieren dejar la tierra de sus ancestros. “Queremos como dijo mi papa, si volviera a vivir, quiero nacer en el mismo lugar, como decía nuestro comandante Chávez“.

Es la última mística. Luisa tiene su pequeña Lydda en sus brazos. Su dulce voz resuena en el aula. Hay velas en el suelo. “Cambia lo superficial, Cambia también lo profundo, Cambia el modo de pensar. Cambia todo en este mundo, Cambia el clima con los años, Cambia el pastor su rebaño, Y así como todo cambia, Cambia el cabello el anciano. Y así como todo cambia, Que yo cambie no es extraño (…) Pero no cambia mi amor. Por más lejos que me encuentre. Ni el recuerdo ni el dolor. De mi pueblo y de mi gente. Lo que cambió ayer. Tendrá que cambiar mañana. Así como cambio yo. En esta tierra lejana. Que yo cambie no es extraño. Cambia, todo cambia.

6º día: “hasta enterrarnos en el mar”

Voy al cine con Yanilys Torres, madre de David Torres, para ver la proyección de un cortometraje de Jesús, estudiante y ahora profesor de EPLACITE, realizado en el barrio de Catia, al oeste de Caracas. Vemos imágenes que se suceden, el sonido narra la historia y la realidad del barrio. “Me encanta la película de Jesús”, dice una persona mayor. Vi un barrio que no conocía cuando era niño. Thierry le enseñó a construir un discurso más allá de las palabras”.

La película “Hasta enterrarnos en el mar” comienza. Marilena Jara la presenta leyendo fragmentos de un diario de rodaje. “Viví un año en un barrio popular”, me dice Thierry Deronne, “los primeros 11 meses, sólo viví allí para hablar con la gente, sobre la lucha contra esta guerra económica y las escaseces que de ella se derivan, y luego sentía el momento en que había un punto de encuentro en relación con las imágenes y testimonios que podían definir el conjunto de esta realidad. Este barrio me apareció poco a poco como un gran barco con muchos pasajeros en un mar violento, que es la guerra económica, este océano caótico de la globalización cultural, de la desestructuración de la conciencia, de un joven que se pierde en un una tierra de nadie cultural, este mar violento que explica en parte este título”.

La primera imagen de la película, es un terreno baldío. Las mujeres evocan Chávez con nostalgia. “Si hubiéramos aprendido a sembrar, no estaríamos así hoy”. Ya no es el momento para la ilusión lírica de la Revolución Bolivariana, donde la imaginación se nutre de pasiones creativas. Hoy es el momento de la consolidación del sueño de Bolívar y Chávez. Una maestra regresa a la escuela con su bebé bajo el brazo. Vemos el sol levantarse y escuchamos a los niños decir “buenos días”. No hay medicamentos, pero una madre asmática, es atendida gratuitamente en el consultorio de Barrio Adentro. “También quería escribir esta crónica lo más fielmente posible sobre lo que estaba viviendo, cuando el cine militante a veces proyecta sus deseos sobre realidad, como cuando pinta a la guerrillera sonriendo con un bebé en sus brazos. Mirar la rosa con sus espinas, e intentar traer nuevas ideas para reflexionar colectivamente, mejor, con las lecciones que se aprenden de la experiencia para seguir avanzando, sin idealizar la realidad.”

Es el final de la película, las luces se encienden, el debate comienza. La emoción es fuerte. Denir Sosa, compañero brasileño, del Movimiento Sin Tierras, toma la palabra. “Es muy importante esta película, porque nos muestra que es posible otra comunicación, la de los barrios, invisible en la televisión comercial. Digo esto, porque las tele-novelas brasileñas son supuestamente las mejores, pero no es cierto, si prestas atención, verás que los negros son siempre empleados, conductores, amas de casa y cuando la vida de los barrios aparece, es una caricatura”.

Cuando salimos del cine, discutimos de la película con Yanillys. Le pregunto qué piensa sobre el tema de la colonialidad: “Veo en la colonialidad, el modernismo y el yo-ismo. Debemos dejar de ser siempre dependientes de una moda, e identificarnos en nuestras raíces. Chávez nos dijo que teníamos que aprender a producir. Debemos enseñar a los jóvenes a producir de una manera respetuosa con el medio ambiente, como la producción de alpargatas artesanales”. Yanillys, campesina del estado semi-arido de Lara, me habla de la importancia de la agricultura urbana. “No es porque estamos en la ciudad que no podamos sembrar verduras en nuestro balcón. La película concluye con el movimiento teatral cultural César Rengifo. Fue la imagen final la que más me impactó: la cultura. Un maestro explica a la coordinadora local del Movimiento que hay que enseñar sin espíritu de competencia, para no excluir a nadie. Debemos compartir el conocimiento, aprender a trabajar en una comunidad. Poco a poco, recuperar el amor de la siembra.”


Tomado de: escuelapopularcineytv

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