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Por Yldefonso Finol

Vuelve el fascismo a Latinoamérica

América Latina y Caribe | 16 de octubre de 2018

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O, tal vez, nunca se había ido del todo, sólo se mantenía agazapado.

Mezcla de nacionalismo chauvinista, xenofobia, racismo, monolitismo político, dogmatismo religioso, desprecio a la diversidad, todo cuanto signifique la expresión violenta de la clase dominante contra quienes considera débiles, atrasados, inferiores; todo eso reúne el fascismo o nazismo en su acepción germánica.

El expresidente ecuatoriano Rafael Correa ha dicho que estamos ante una nueva “Operación Cóndor”, como se denominó la conspiración transnacional derechista ejecutada por las dictaduras suramericanas en las décadas de los setenta y ochenta, que asesinó líderes de la izquierda democrática en una decena de países y ejerció el terrorismo de Estado a nivel continental.

El estratega principal de esta corporación del terror, fue el delincuente de lesa humanidad Henry Kissinger, quien dio la instrucción al dictador Pinochet, para que coordinase el plan con los gobiernos militares títeres de Estados Unidos: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay, más la colaboración muy activa de agentes de la CIA, el sionismo, y la mafia cubana anticomunista de Miami, con todos sus tentáculos en las policías políticas del continente.

Para armar aquel mapa del terror, Estados Unidos aupó el golpe de Estado militar contra Joao Goulart, ahora aupó un golpe de Estado judicial-legislativo contra Dilma Rouseff y contra Lula Da Silva.

II

Sin lograr divisarlo desde la mirada desprevenida de una ciudadanía atada a los rigores de la cotidianidad, hemos sido sometidos a un enrevesado experimento de recolonización que tiene dos tiempos de ejecución: 1) hacer fracasar los proyectos emancipatorios emprendidos en cada uno de los países latinoamericanos, y, 2) imponer el autoritarismo como sostén principal de la restauración neoliberal.

La dirección de esta operación continental la lleva –como es lógico- el imperialismo estadounidense a través de sus instrumentos tradicionales de control, vale decir: Departamentos de Estado y de Defensa, agencias de inteligencia y contrainteligencia, Secretaría del Tesoro, más un intrincado sistema de injerencia diplomática y manipulación informativa, con presencia de ONGs tarifadas, y el concurso sumiso de la clase político-militar-judicial subordinada a los intereses del gran capital dominante.

En tiempos de la “Guerra Fría”, la doctrina de la Seguridad Nacional promovió la formación de ejércitos que fungían como fuerzas de ocupación y justificó la instauración de dictaduras derechistas, so pretexto de luchar contra el comunismo y por la “democracia”; hoy, todas las máscaras son útiles para impedir que se rebele el “patio trasero” y surjan gobiernos nacionalistas populares con estabilidad y proyección exitosa.

Dichas máscaras van desde la supuesta lucha contra la corrupción o contra el narcotráfico, hasta la defensa de la separación de poderes y los derechos humanos; cualquier patraña es buena si la misma permite reinstalar la hegemonía imperialista.

III

La prisión de Milagro Salas es el escarmiento inquisitorio contra la herejía popular de soñar y realizar los sueños redentores trascendiendo la sacra propiedad. La prisión de Lula es el azote al líder que inspiró esperanzas más allá del dios mercado.

El golpe de Estado a Dilma desbarató la calma construida sin el dogma del todopoderoso imperio. La persecución a Cristina es apedrear a la mujer altiva que rescata historias encerradas y libera verdades prisioneras. Es el poder misógino del facho di combatimento.

Los asaltos a Zelaya y a Lugo se tramaron en la oscura taberna de los tahúres. Acusados de nada los derrocaron para que gobernaran cipayos depravados y voraces.

También los disfraces de “diplomáticos demócratas” y de “compañeros”, le sirven al plan restaurador de oprobios: con Almagro pidiendo intervención militar en Venezuela se acaba la diplomacia interamericana, y con Moreno se revierte la digna y progresista Revolución Ciudadana. Dos figuras emblemáticas del proceso liberador en América Latina, Pepe y Correa, deslucen como seleccionadores. Desmoralizar es una forma de derrotar.

¿Y, asesinar? Chávez y Kirchner enfermaron y murieron luego de la reunión en Santa Marta con Juan Manuel Santos. Yo he llamado a este hecho “el escenario post Santa Marta”. Pensemos en lo que ese lugar simboliza para los bolivarianos.

Magnicidio con masacre incluida de las autoridades civiles y militares en Caracas es una jugada de alto vuelo en el ajedrez geopolítico mundial. Anulada por suerte.

IV

La posibilidad cierta y horrorosa de que un Jair Bolsonaro acceda a la presidencia de Brasil, nos ha obligado a volver la mirada al fascismo, esa cara macabra del capitalismo cuando de sostenerse y ampliarse se trata. La violencia es esencial del sistema explotador. No cabe duda que discursos como el de Trump estén promoviendo conductas fascistas.

Pero el terrorismo de Estado con fachada electoral, muy formal en sus pautas de democracia liberal burguesa, representativa, lo encontramos desarrollado en Colombia. ¿Estaríamos ante una rara forma de fascismo institucionalizado?

La campaña de Duque se inició con vallas publicitarias xenófobas antivenezolanas. La narrativa de su gobierno y medios de comunicación que lo apoyan, es absolutamente hostil hacia todo cuanto represente lo venezolano y abogan por la represión contra las luchas populares. Con la excusa de una tergiversada migración –cuyos números nunca terminan de aclarar- estigmatizan todo lo negativo y evaden tratar los verdaderos y profundos problemas de la sociedad neogranadina.

Simultáneamente, la gestión de Duque exacerba un verbo patriotero y guerrerista frente a sus vecinos, se arrastra servil ante el patrón norteño (teoría muy santanderista esa de “mirar al norte”), mientras desprecia los acuerdos pactados por el Estado y cierra los diálogos de paz sin dar alternativas de negociación con las insurgencias históricas.

Entre tanto, el genocidio contra líderes sociales continúa, y las amenazas autoritarias a la protesta retrotraen la situación a estadios tenebrosos de sicariato y paramilitarismo, “falsos positivos” y masacres, desapariciones y fosas comunes, que han sido el repertorio de un país asolado por la violencia oligárquica imperialista.

Coincidencias notorias en el pensamiento de Bolsonaro con dos altos funcionarios de Duque: el representante en la OEA y el embajador en Washington. Simpatías con Macri y Piñera. Y una escuela militar en Chile homenajeando a un criminal de lesa humanidad.

El fascismo está aquí, en las muertes de Berta Cáceres y Marielle Franco. En la desfachatez de Bolsonaro o en la hipocresía de Duque.

Hay que detenerlo.

Yldefonso Finol

Economista e Historiador

Experto en Derechos Humanos y Derecho Internacional de Refugiados

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