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Por Pablo Siris Seade

Yo soy Chávez

Venezuela | 29 de julio de 2016

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El 1° de septiembre de 2015, durante la clausura del I Taller para el Diseño del Sistema de Formación Socialista del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que se realizaba en Caracas, la delegada por la región andina venezolana María Uribe dio a conocer la Oración del Delegado, una versión del Padre Nuestro que inicia con la frase “Chávez nuestro que estás en el cielo”. Ante esto, la Iglesia católica puso el grito en el cielo, pero el pueblo liso y llano de Venezuela -que tanto lo amó y tanto lo ama aún- tiene esta y mil otras formas de recordarlo.

Cuando este 28 de julio se conmemora el 62° cumpleaños del comandante Hugo Chávez, no podemos sino recordar a quien no solamente fue un revolucionario, un gran dirigente político, un estadista mucho más allá de las fronteras venezolanas, un fervoroso militante del socialismo, un destacado militar y docente, un polemista implacable, una persona sencilla y de extraordinaria calidad humana, sino a quien logró tocar el alma de millones y millones de personas a lo largo y ancho del planeta.

“Chávez nuestro que estas en el cielo, / En la tierra, en el mar y en nosotros los delegados y las delegadas / Santificado sea tu nombre / Venga a nosotros tu legado para llevarlo a los pueblos de aquí y de allá / Danos hoy tu luz para que nos guíe cada día / No nos dejes caer en la tentación del capitalismo / Más libranos de la maldad de la oligarquía como el delito del contrabando / Porque de nosotros y nosotras es la Patria, La Paz y la Vida / Por los siglos de los siglos. Amén. Viva Chávez.”

Cuando María Uribe leyó emocionada estas líneas, no hizo sino poner en palabras un sentimiento que llena a la inmensa mayoría del pueblo venezolano, sin importar creencias políticas, religiosas o filosóficas.

Y es que Chávez se metió en el corazón y el alma del pueblo venezolano y de todos los pueblos que están en pie de lucha por conquistar una nueva sociedad de iguales, con pan, paz y trabajo para todas y todos.

Por supuesto, las oligarquías de todos los colores y de más allá de las fronteras venezolanas, acompañadas por las jerarquías eclesiásticas indignadas cayó sobre María y la acusaron de todo lo acusable, amenazándola incluso con la excomunión.

Sin embargo, esta mujer sencilla de un pueblo pequeño en las montañas del occidente venezolano, había dicho lo que viven y sienten millones de venezolanas y venezolanos, que han puesto en sus altares familiares la imagen del comandante Chávez acompañando a sus santos y a sus difuntos queridos.

Incluso quienes no tenemos fe religiosa, sentimos esa necesidad de recordarlo y tenerlo presente cada día, contrastando nuestras acciones con lo que suponemos hubiera hecho, dicho o pensado el comandante Chávez ante diversas situaciones.

El dolor de millones que acompañó su fallecimiento el 5 de marzo de 2013, se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en responsabilidad por continuar su legado y completar el sueño revolucionario que construyó Chávez junto a su pueblo, que hoy lo mantiene vivo de una y mil formas.

Ese mismo día, aparecieron otros versos anónimos que circulaban de boca en boca y a través de redes sociales. Uno de ellos, en formato de Credo es particularmente emotivo: “Creo en Chávez, padre creador del futuro, hijo del pueblo de Bolívar, de Manuela y Zamora / Defensor y hacedor de la Patria Grande socialista / Espíritu justiciero y libertario / Creo en Chávez, con el Cristo de los pobres el guerrero del amor / Prócer de la nueva independencia, ángel que bajo a estas tierras, a estos mares, a estos vientos / Creo en Chávez en comunión con todos los pueblos de Dios / Creo en su mano milagrosa, amiga y solidaria / Con su verbo santo que cura los males de los pobres / Creo en Chávez y en el milagro de nuestra Patria Grande / Por su sacrificio, hoy es viento sabanero y nuestro protector eterno / Somos con el todo, todos somos Chávez / Creo en Chávez como hermano / Él es mi Comandante / Y yo también soy Chávez / Y tengo el poder del amor por la patria y por el prójimo / Creo en Chávez, creo en el pueblo y creo en Dios todopoderoso”.

Las consignas “Chávez vive, la lucha sigue”, “Chávez no murió, se multiplicó” y “Yo soy Chávez” se instalaron para siempre en las luchas de nuestros pueblos en toda la Tierra por hacer realidad los sueños de la humanidad.

Pero la alegría y la emoción que se contagian en Venezuela y en los países hermanos en su cumpleaños, hace pensar en que efectivamente Chávez está en y con nosotros.

Lejos de las rispideces y odios con los que algunos medios caracterizan a los bolivarianos, a los revolucionarios, a la izquierda en general, podemos decir junto con el Che Guevara que “a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”.

Si esta caracterización del Che es acertada, Chávez era un revolucionario a carta cabal. Quizás uno de los mejores.

¡Unidad! ¡Unidad! ¡Unidad!

El 8 de diciembre de 2012, durante su última alocución pública, el comandante Chávez señalaba: “Venezuela ya hoy no es la misma de hace veinte años, de hace cuarenta años. No, no, no. Tenemos un pueblo, tenemos una Fuerza Armada, la unidad nacional. Si en algo debo insistir en este nuevo escenario, en esta nueva batalla, en este nuevo trance —diría un llanero por allá— bueno es en fortalecer la unidad nacional, la unidad de todas las fuerzas populares, la unidad de todas las fuerzas revolucionarias, la unidad de toda la Fuerza Armada, mis queridos soldados, camaradas, compañeros; la unidad del Ejército, mi Ejército, mi amado Ejército. El Ejército, la Marina, mi amada Marina. Digo porque los adversarios, los enemigos del país no descasan ni descansarán en la intriga, en trata de dividir, y sobre todo aprovechando circunstancias como estas”.

¿Cuál es la respuesta?, se preguntaba el Comandante: “Unidad, unidad y más unidad. ¡Esa debe ser nuestra divisa! (…) El Partido Socialista Unido de Venezuela, los partidos aliados, el Gran Polo Patriótico, las corrientes populares revolucionarias, las corrientes nacionalistas. ¡Unidad, unidad, unidad! ¡Unidad!”

Chávez también advertía que “debemos garantizar la marcha de la Revolución Bolivariana, la marcha victoriosa de esta Revolución, construyendo la democracia nueva, que aquí está ordenada por el pueblo en Constituyente; construyendo la vía venezolana al socialismo, con amplia participación, en amplias libertades, que se están demostrando una vez más en esta campaña electoral para gobernadores, con candidaturas por aquí y candidaturas por allá. Libertades. En plenas libertades”.

Ese ha sido el terreno en el que se ha desarrollado el combate incluso antes de su fallecimiento; a pesar de todas las agresiones externas e internas, se han mantenido todas las libertades en la más absoluta unidad de las fuerzas revolucionarias que intentan construir la vía venezolana al socialismo en medio de las dificultades.

Sin embargo, a pesar de las diatribas a las que se ve sometida la Revolución Bolivariana, Venezuela ha logrado convertirse de mera proveedora de petróleo para Estados Unidos en una Patria y -como el propio Chávez ese día “¡cuanto costó recuperarla! Revivirla, levantarnos con ella entre dolores, entre pesares, recordemos cuanto ha costado, cuanto nos ha costado a millones, a millones. (…) Hoy, por fin, después de tanta lucha tenemos Patria a la cual seguir haciendo el sacrificio, desde mi corazón de patriota reitero mi llamado a todos los patriotas de Venezuela y a todas las patriotas de Venezuela, porque, bueno, somos revolucionarios, somos socialistas, somos humanos, somos muchas cosas pero en esencia, patriotas

De estas dificultades también hablaba Chávez en esa su últimas palabras a su pueblo adorado: “No faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para, bueno, mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la Patria. No, no podrán, ante esta circunstancia de nuevas dificultades -del tamaño que fueren- la respuesta de todos y de todas los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras como diría Augusto Mijares, es unidad, lucha, batalla y victoria”.

Que así sea, Comandante. Estamos contigo.


Artículo publicado en el blog de Pablo Siris, Caja de herramientas.

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