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Por Amilcar Figueroa

Zamora y las guerras campesinas

Venezuela | 18 de febrero de 2017

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Por Amilcar Figueroa

La reversión de las conquistas sociales que, por la vía de los hechos, obtuvieron las clases oprimidas durante las dos décadas de Guerra Nacional de Independencia condicionan la coyuntura política en la cual conoce la sociedad venezolana de dos guerras campesinas separadas por escasos diez años. En efecto, a las circunstancias que vivía el país al termino de la contienda independentista, donde resalta la escasísima productividad del campo y la miseria generalizada del campesinado, van a unirse una serie de medidas tomadas por los gobiernos de la Oligarquía Conservadora que generaron condiciones para que el fantasma de la guerra se entronizara en los campos venezolanos y, finalmente, Zamora, un simpatizante del Partido Liberal, fundador de la Sociedad Liberal de Villa de Cura, terminase por encarnar las mas sentidas reivindicaciones populares.

Como quiera que en Venezuela, de todas las colonias continentales, fue tal vez donde la lucha por la Independencia fue más cruenta y que a su interior se desató una guerra social, resultó que, aún sin proponérselo, ese proceso trajo aparejada la confiscación de gran cantidad de tierras (fundamentalmente de partidarios del colonialismo que habían huido del país) y un decreto de supresión de la esclavitud, a la vez, de sembrar en su pueblo firmes tendencias igualitarias, de “democracia de campamentos”; por lo tanto, en lo posterior, no le será fácil a la oligarquía recomponer el viejo orden social existen en el mundo colonial y al cual no había renunciado. Corresponde, entonces, a los gobiernos de la Oligarquía Conservadora ser el abanderado de la restauración, propósito que acomete desde la propia Constitución de 1830 y que continuó completando a través de la Ley de Manumisión y Ley de devolución de bienes confiscados, entre otras medidas.

Los hombres y las mujeres desposeídas que combatieron por la Patria asistían, a un panorama de miseria y expoliación terribles en aquella primera década que vivimos como Estado Nacional; cuadro de calamidades que van a padecer además del campesinado, otros sectores de clase como productores y comerciantes medios, gracias a los efectos de la Ley del 10 de abril de 1834 ampliamente benefactora de agiotistas y usureros. Ese fue, sin dudas, el caso de aquel pulpero que la historia conocerá como Ezequiel Zamora, General del Pueblo Soberano!.

Tales condiciones permiten que la formidable agitación política emprendida por la prensa liberal logre empujar a la rebelión a las mayorías descontentas. Para Antonio Leocadio Guzmán, Felipe Larrazábal, Rafael Arvelo y la casi totalidad de la dirección del Partido Liberal se trataba fundamentalmente de reivindicar la necesidad de “elecciones libres” luego del zarpazo dado por los conservadores a la elección del 46, pero las masas campesinas que corrieron a conformar el Ejercito del Pueblo Soberano en las serranías donde confluyen Guárico, Aragua y Carabobo, levantaban intuitivamente un programa agrario. Tierra y hombres libres!, el lema brotado de la garganta guerrillera del Indio Rangel se convirtió en la consigna central de una insurrección reprimida a sangre y fuego por antiguos militares patriotas devenidos en brazo armado de la Oligarquía Conservadora.

La historia vertiginosa que va desde la derrota del Ejercito del Pueblo Soberano en el Valle de los Tiznados, decapitación del indio Francisco José Rangel (14/3/1847), prisión de Zamora (25/3/47), su sentencia a muerte (25/7/47), conmutación de la pena por el Presidente Monagas (5/11/47) gracias a la presión y constantes diligencias emprendidas por sectores populares a la cabeza de los cuales estuvo su madre Paula Correa, su fuga de la cárcel el 22 de noviembre; los acontecimentos del 24 de Enero del 48 (asalto al Congreso Nacional que pretendía destituir a Monagas), incorporación de Zamora a la milicia con grado de Coronel a fin de que contribuyera a sofocar el levantamiento armado de Páez; la “Revolución” de Marzo de 1858 que derroca a José Tadeo Monagas e instala en el poder a Julián Castro quien entre sus primeras medidas expulsa a Zamora del país, y, el inicio en Coro de la Guerra Federal (20 de febrero de 1859); va a ser decisiva en la conformación de la personalidad histórica del futuro líder de la Guerra Federal en cuya formación política concurren varias vertientes:
- de su propia madre -Paula Correa- de quien hay indicios de ser gran admiradora de la gesta de Bolívar,
- influencia del pensamiento liberal de su maestro José Manuel García,
- de dos europeos conocedores de la discusión política que se adelantaba en sus pueblos de origen, el británico José Brandfor y su cuñado el inmigrante francés Juan Gaspers quien era conocedor de las corrientes avanzadas de su época incluido el socialismo utópico, siendo, además, admirador de las luchas que contra los latifundistas habían librado los campesinos en Europa.

Pero, en definitiva, es la intensidad de su praxis político-militar lo que le permite internalizar lo esencial de la problemática nacional. Acompañado este aprendizaje vivencial -a decir de sus biógrafos- de una importante formación autodidacta; todo lo cual redunda en su acelerado proceso de radicalización política.

La Guerra Federal, Guerra Larga o Guerra de los 5 Años constituye el hecho político-militar de mayor trascendencia en la Venezuela de segunda mitad del siglo XIX. Fue una lucha social, de clase; su naturaleza de guerra esencialmente campesina está determinada por las consignas esgrimidas por sus combatientes: tierra y hombres libres!, horror a la oligarquía!; y no por los postulados de Federación nacidos de la pluma de la intelectualidad liberal. Desde sus inicios se marcaron en su seno dos grandes tendencias que respondían a intereses distintos: la que proclamaba la democracia liberal y estados Federales, que demagógicamente, a fin de congraciarse con las mayorías, criticaba a la “godarria” y, la de las masas campesinas, al frente de las cuales se colocó Ezequiel Zamora, que luchaba esencialmente por su necesidad mas sentida, la tierra. El General del Pueblo Soberano no sólo asume las consignas del campesinado, sino que al frente de él va al campo de batalla, actitud de la que se cuidaron muchos dirigentes federales. En la medida que controla territorio y dirige combates exitosos como los de El Palito, la ocupación de San Felipe, el combate en las sabanas de Araure, o el hecho militar que lo consagra, la batalla de Santa Inés, por nombrar algunos de sus relevantes triunfos; incrementa el nexo con los desposeídos que había empezado a labrar desde la primera insurrección campesina (1846-1847) y consolida su prestigio militar, a tal punto que se constituye en líder indiscutible de contingentes de miles de mujeres y hombres que le sumaban desde distintas regiones de la patria.

Ezequiel Zamora es asesinado el 10 de enero de 1860 en momentos cuando pasaba revista al victorioso ejercito popular que había conducido hasta sitiar San Carlos, paso previo para el avance hacia Valencia y Caracas contemplados en su plan operativo. Al caer muerto a los pies de Guzmán Blanco se abre el camino para que la conducción de esa fuerza quedase en manos de la corriente del liberalismo más dispuesta, desde siempre, a acordarse con los Godos. El campesinado alzado, bajo el mando de Juan Crisóstomo Falcón, quien desecha el plan militar de Zamora y lo conduce a una pavorosa derrota, propia de su incapacidad de dirección, en la pantanosa zona del Coplé, sur de Guárico. El General en Jefe y Presidente en Campaña huye hacia territorios de la otrora Nueva Granada pero la masa campesina sigue combatiendo por largo tiempo, cambiando a la modalidad de lucha guerrillera. Sigue cantando las mismas coplas, teniendo el mismo horror a la oligarquía y manteniendo la esperanza viva de conquistar un pedazo de tierra. Los dirigentes Liberales se encargaron mas tarde en reagruparlos en un sólo ejército con el claro propósito de consumar la entrega: el 23 de abril de 1863 se firma el Tratado de Coche; pacto de conciliación de clases. Con él se inauguran las traiciones a los programas populares en la historia política de este país.

La huella profunda dejada por Ezequiel Zamora y la Guerra Federal en la sociedad venezolana la evidencia su presencia en las luchas actuales. Fue inspiración de las gestas guerrilleras de la segunda mitad del siglo XX y, es parte sustantiva del pensamiento que animó las insurgencias militares de 1992. De poco le sirvió a la historiografía burguesa su esfuerzo en ignorarla y/o estigmatizarla. Reivindicada primero por la naciente historiografía marxista encabezada por Federico Brito Figueroa y, levantada luego como paradigma, por Hugo Chávez y el movimiento bolivariano, renace cada vez que el conflicto por la tierra, y en general, cualquier reivindicación popular asoma en el horizonte de la lucha.


Artículo publicado en el periódico Politik, edición #20, Febrero 2017.

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