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Por Yldefonso Finol

Chávez nació el 27 de Febrero de 1989

Venezuela | 28 de febrero de 2021

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Por Yldefonso Finol

Treinta y un años transcurrieron desde el 23 de Enero cuando cayó el dictador Pérez Jiménez hasta el Caracazo.

La primera fecha marca el inicio de una época de esperanza y cambio democrático donde el pueblo puso todas sus energías, la segunda aparece como el punto de quiebre, el estallido de la decepción popular por un régimen político falso que traicionó sus anhelos de tres décadas.

Ya a los inicios del período democrático representativo, las cúpulas pro-capitalistas traicionaron al pueblo, cerrándole el paso a la tendencia más comprometida con una verdadera transformación social.

El llamado “Pacto de Punto Fijo”, que antes fuera Pacto de New York, significó la hegemonía de los partidos de derecha, Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD) y el socialcristiano Comité Organizado de Política Electoral Independiente (COPEI), junto a la rancia burguesía capitalina, pseudo-industrial y comercial-importadora, parasitarias de la renta petrolera y sujetas al dominio imperialista.

No sólo sacaron del juego al Partido Comunista de Venezuela, que jugó un papel clave en la caída de la dictadura, sino que forzaron la salida de los sectores de izquierda que aún militaban en los partidos del sistema.

Así nacieron de divisiones en AD: en 1961 el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y en 1968 el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP); también se produjo muy temprano la salida de URD de uno de sus líderes fundamentales, Fabricio Ojeda, quien coordinó la alianza de partidos, sindicatos y sectores militares rebeldes contra Pérez Jiménez (Junta Patriótica).

El 30 de junio de 1962, el entonces diputado por Caracas, hombre de merecido prestigio político, Fabricio Ojeda, se dirigió al Congreso de la República con una histórica carta, que forma parte ya de la antología epistolar de la dignidad del pueblo venezolano.

“Señores
Presidente, Vicepresidente y demás
miembros de la Cámara de Diputados
Palacio Legislativo
Caracas.

Distinguidos colegas:

En el primer aniversario de la suspensión de las garantías Constitucionales, un grupo de estudiantes de la Universidad Central y yo, hicimos una promesa de extraordinaria significación. Estábamos en el Cementerio General del Sur, frente a la tumba de Alberto Rudas Mezzone - uno de los tantos jóvenes caídos en la lucha por la libertad -, allí levantamos las manos y las voces y juramos: que el sacrificio de nuestros mártires no sería en vano. Juramos continuar sus pasos y cumplir su obra, para que la sangre derramada retoñase en nueva vida para el pueblo.

Y desde entonces comenzamos a prepararnos para el cumplimiento irrenunciable. Con este objetivo, redimir al pueblo haciendo honor al sacrificio de sus mártires, hemos trabajado sin descanso, hemos luchado sin cesar. Ahora a mí, solo me queda, como decía un insigne pensador latinoamericano, "cambiar la comodidad por la miasma fétida del campamento, y los goces suavísimos de la familia por los azares de la guerra, y el calor del hogar por el frío del bosque y el cieno del pantano, y la vida muelle y segura por la vida nómada y perseguida y hambrienta y llagada y enferma y desnuda".

Es por ello, colegas Diputados, que vengo ante ustedes a expresar la decisión de dejar el Parlamento - este recinto que pisé por voluntad del glorioso pueblo caraqueño, hoy oprimido y humillado -, para subir a las montañas e incorporarme a los compañeros que ya han iniciado el combate y con ellos continuar la lucha revolucionaria para la liberación de Venezuela, para el bienestar futuro del pueblo, para la redención de los humildes”.

El diagnóstico que describía el querido líder revolucionario que llegó a ser jefe político del Frente de Liberación Nacional y su brazo militar las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, se adelantó a denunciar la farsa instaurada por la burguesía con sus partidos, y creó las condiciones subjetivas para emprender la acción revolucionaria.

Pudiéramos parafrasear a los camaradas cubanos, al atribuirle la autoría intelectual del asalto al cuartel Moncada a José Martí, diciendo que Fabricio Ojeda es coautor intelectual de los sucesivos alzamientos populares del 27 de febrero de 1989 y el 4 de febrero de 1992.

“A estas alturas de la historia, cuando un vendaval de renovación sacude al mundo, los venezolanos no podemos permanecer aferrados a una vida política, sin perspectivas de futuro y que mantiene al país sumergido en el subdesarrollo económico, en el atraso crónico y al pueblo, doblegado bajo el peso constante de la miseria y la ignorancia y el hambre. Venezuela es un país privilegiado por la naturaleza. Las entrañas de su tierra están pobladas de riqueza y sobre la superficie crecen montañas de dinero. Pero estas riquezas y este dinero sólo van a parar a los bolsillos de los grandes tiburones de la política nacional e internacional, mientras que el pueblo, dueño de ellas, se debate entre la angustia de no poseer nada y el dolor de su precaria situación económica. Este país, donde se produce tres millones de barriles de petróleo diariamente y mas de veinte millones de toneladas de hierro cada año, donde las empresas extranjeras que lo explotan acusan utilidades que sobrepasan los mil quinientos millones de bolívares anuales, vive un drama terrible con centenares de miles de obreros sin trabajo, con centenares de miles de campesinos sin tierra, con centenares de miles de niños abandonados y sin escuelas, con centenares de miles de analfabetos, con legiones de indigentes que escarban en los desperdicios en busca de alimentos y centenares de miles de hombres y mujeres sin techo que se arrastran hacinados en ranchos insalubres, sin la menor protección social, sanitaria o económica. Este país que es el más rico de toda la América Latina, muestra ante los ojos angustiados de su gente, un panorama de males y penurias que se ahonda en la existencia misma de grandes contradicciones: mientras unos lo tienen todo, comodidades, lujos, placeres y bonanza; otros nada poseen, ni nada les espera, a no ser la muerte en la más completa pobreza. Mientras unos tienen en bancos y cajas fuertes millones de bolívares, otros carecen de recursos más elementales de la vida humana. Mientras unos pueden mandar a sus hijos a los mejores colegios, otros tienen que resignarse a ver a los suyos crecer en la ignorancia. Mientras unos viven como parásitos, sin trabajar ni producir, otros no encuentran donde colocar su fuerza de trabajo. Mientras unos ven a sus mujeres dar a luz en clínicas lujosas, otros, los más, tienen que conformarse con verlas parir como animales en sus ranchos inmundos.

Este es el drama, la horrible tragedia de nuestro país y nuestro pueblo. Buscarle remedio es responsabilidad de los venezolanos progresistas, encontrarle solución es deber irrenunciable. Pero no debemos detenernos en aplicar los consabidos "paños calientes" que sólo postergan la enfermedad, sino que hemos de ir a su misma raíz para extirpar, como el buen cirujano, los orígenes del mal. Ya el pueblo venezolano está cansado de promesas que no pueden cumplirse y esta ya decepcionado de una democracia que no llega, pero que a nombre de la cual se le maltrata, se le persigue y se le engaña”.

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El “Caracazo” fue la primera insurrección popular contra los paquetes neoliberales en el continente.

CAP sobreestimó su liderazgo, embelesado con su segunda elección y con la expectativa internacional que generó su triunfo; de hecho, era el primer presidente venezolano que llegaba a un segundo mandato por elección popular.

Mayores expectativas generó aún en el país, donde sectores importantes de la población apostaban a una nostalgia por la bonanza financiera que acompañó al primer gobierno de Pérez como consecuencia del boom petrolero de 1973.

Pero este CAP II, como lo bautizó la prensa, tenía otros planes, distintos a los que la catatimia electoral hizo ver a la mayoría que, seducida por su ego megalómano votó por él.

“El 26 de febrero el ministerio de Energía y Minas anunció el alza del 30% en el precio de la gasolina, y el incremento del transporte público urbano e inter-urbano en un 30% a partir del 27 de febrero, válido para los 3 meses siguientes, después de los cuales podrían aumentarse hasta el 100%”, reseña un informe posterior a los hechos.

Las principales medidas que incluía el “paquete” de Pérez estaban contenidas en un programa bajo supervisión del Fondo Monetario Internacional con el fin de obtener un financiamiento externo por 4500 millones de dólares en los 3 años siguientes.

El país se obligaba a aplicar la liberación de las tasas de interés activas y pasivas en todo el sistema financiero hasta un tope temporal fijado en alrededor del 30%, unificación cambiaria con la eliminación de la tasa de cambio preferencial, determinación de la tasa de cambio en el mercado libre de divisas y realización de todas las transacciones con el exterior a la nueva tasa flotante, liberación de los precios, anuncio del incremento de las tarifas de servicios públicos como teléfono, agua potable, electricidad y gas doméstico.

Igualmente, se aplicaría el aumento de precios durante 3 años de los derivados del petróleo, con un primer aumento promedio del 100% en el precio de la gasolina, y un aumento inicial de las tarifas del transporte público en un 30%.

Estos fueron la botella y la mecha para la molotov que estalló en la cara del sistema político aquéllos últimos días de febrero de 1989.

El anunciado aumento de sueldos en la administración pública central entre el 5 y el 30% e incremento del salario mínimo se volvió sal y agua ante la arremetida fondomonetarista.

La gente había aguantado callada, pero, como decía Luís Advis en su Santa María de Iquique, “que infierno se vuelven cuando el pan se está jugando con la muerte”.

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Según la excelente agrupación musical larense Caraota, Ñema y Tajá, los venezolanos de los barrios pobres “no quisimos aguantar el abuso de los acaparadores y por salir a la calle nos llamaron saqueadores, saqueadores son aquellos que robaron hasta que les dio la gana, y les alcanzó pa’ ellos y hasta pa’ la barragana, y el tesoro nacional se quedó en la carraplana”.

- “Puede ser que algunos sectores miren con sorpresa las decisiones que estoy tomando”, decía CAP.

- “Aquí están protestando por el alza del paquete económico, el alza de los precios de los autobuses”, dijo un policía metropolitano.

- “Al pasaje le están cobrando hasta un 200%, y no están reconociendo el pasaje estudiantil”, denunciaba un concejal del municipio Vargas.

- “Es el alto costo de la vida, es el pasaje, es la falta del aumento del salario, porque dijeron que era un 30% y es absolutamente incierto porque lo que están aumentando es el 2%”, afirmó con sorprendente firmeza una joven dama, de pequeño tamaño y hermoso rostro de pueblo.

- “Se suspenden en todo el territorio nacional las garantías establecidas en los ordinales primero, segundo, sexto y décimo”, anunció un vocero desconocido del gobierno.

- “Nuestro país ha retornado a la normalidad”, editorializó Eladio Lares, imagen pública del canal de televisión privado RCTV.

Pérez, ya seguro de que los fusiles le han despejado el camino, aparece en televisión parloteando su acostumbrada verborrea populista.

- “Fuimos al FMI, a sabiendas de que representa unas políticas…pero que no son las políticas de un directorio de una institución europea.. que es la política de todos los países en desarrollo, ese FMI representa Miterand socialista, a la Tatcher conservadora, o al presidente Bush de los EEUU, o al socialista Felipe González, ese FMI es el sistema que rige todas las transacciones financieras de nuestro mundo occidental, estamos en él, formamos parte de él, tenemos recursos venezolanos dentro del FMI, cualquier transacción internacional que se vaya a hacer, cualquier préstamo que queramos conseguir para resolver el problema del agotamiento de nuestras reservas internacionales, si no tiene la aprobación del FMI no lo lograremos ni hoy ni mañana, mientras no logremos modificar este injusto sistema de relaciones económicas internacionales que rige nuestro mundo, de manera que ir al FMI no es una opción, es la única opción que tiene un país que agotó sus reservas internacionales”.

Italo del Valle Alliegro, ministro de la defensa de CAP, asumió un protagonismo inusitado en la vocería política gubernamental, como consecuencia, entre otras cosas, de la incapacidad del ministro del interior y del jefe de la oficina central de información, de trasmitir una seguridad mínima en sus alocuciones por televisión.

El locuaz general adoptó poses de dandi farandulero. La clase social conservadora lo idolatró. Qué chévere contar con perros rabiosos que muerdan a la chusma cuando aceche nuestros preciados tesoros.

- “Buenas noches, de conformidad con lo previsto en el Artículo 1º del Decreto número 49, de fecha 28 de febrero de 1989, por el cual se suspende en todo el territorio nacional la garantía de libre tránsito consagrada por el Art. 64 de la Constitución, resuelve: Art. 1º Se prohíbe la circulación de personas y el tránsito de vehículos en todo el territorio nacional de acuerdo al siguiente horario: a) desde las 8 pm de la noche del día de hoy, hasta las 06 am del día de mañana 1º de marzo de 1989, b) desde las 6 pm del día de mañana 1º de marzo, hasta las 06 am durante la vigencia de esta resolución…”

Bolívar parla: sia maledetto il soldato che spara contro il suo stesso popolo

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En la húmeda madrugada habanera, el combatiente del Congreso Nacional Africano, alias Daniel, ajusta con táctil minuciosidad la onda hertziana que nos permita escuchar el noticiero en castellano de la BBC de Londres.

El camarada delgaducho, de evidente descendencia india, confirma con una mirada brillante de goce la consecución de la meta tecnológica: -“la tengo”, nos dice y casi simultáneamente me coloca los improvisados audífonos sobre las orejas.

- “yuuuuiii….yuuuiii.uin..uuuuiiiinnn…”, la defectuosa señal me aturde los primeros segundos.

- “…mientras en Caracas…”, se escuchó torpemente.

- “coño logramos sintonizarla bien”, exclamé.

- “…en Caracas –según lo que este corresponsal constató- las personas han sido masacradas como perros en las calles”.

- “…un vecino de la populosa barriada del 23 de Enero afirmó que los muertos por la plomazón que dispararon los policías y militares pasan de mil…”

Desde finales de agosto pasado, un compañero de la Liga Socialista con el pseudónimo de “Alejandro Rodríguez” y yo, nos encontramos en la escuela superior del Partido Comunista de Cuba, la “Ñico López”, haciendo el curso de “Superación Político-Ideológica” que los camaradas cubanos impartían a cuadros de organizaciones revolucionarias del continente.

Allí compartíamos con cuadros políticos de más de treinta países del “tercer mundo”, incluidos muchos latinoamericanos, africanos, asiáticos y árabes que cursaban una particular licenciatura en ciencias sociales de cuatro años.

La ayuda de Daniel fue muy importante y sentida para mí y para “Alejandro”, ya que no disponíamos de otro medio para enterarnos de lo que sucedía en nuestro país.

La situación que nos tocó vivir fue particularmente jodida. Éramos dos revolucionarios venezolanos de esos que pasamos la vida preparándonos para un momento como éste, y nos tocó estar tan desubicados cuando más hizo falta echar para adelante.

Nuestra impotencia e indignación se agrandaban al ver los titulares y sumarios que publicaba el periódico Granma, vocero oficial del Comité Central del PCC.

Al principio no lo podíamos creer. Granma estaba defendiendo a CAP. Se referían a las personas que protestaban con los mismos adjetivos de la prensa burguesa de Caracas y el mundo.

Lo entrecomillaban, pero no lo aclaraban. Vale decir, lo justificaban.

Con el apoyo de mi compañero de habitación y compatriota, armé una inmensa cartelera de papeles y cartones reciclados, donde redactamos una “contraeditorial” sobre lo que decía Granma. Recuerdo que la ilustramos con una imagen de vampiro de CAP con las mandíbulas ensangrentadas.

Las autoridades de la “Ñico López” nos conminaron cordialmente a quitar la rebelde cartelera; nuestra respuesta nos puso al margen de una “deportación involuntaria”.

Pasadas algunas dolorosas semanas, la dirección del PCC nos dio la razón. Diplomáticos cubanos destacados en Caracas –a propósito de la coronación de CAP II- nos confesaron que vieron a soldados arrumar cadáveres en una esquina para luego rociarlos de gasolina y prenderles fuego.

En esos días Silvio Rodríguez regresaba de una gira nacional por Cuba (Gira por la Patria) que comenzó en el Turquino, para cerrar en La Habana en plena Plaza de la Revolución.

Para allá nos fuimos a soñar con la escurridiza posibilidad de la revolución.

De regreso a la habitación de la Ñico López, tomé mi única arma a la mano, el cuatro, y disparé la llamarada bolivariana que destellaba mi corazón. Salió la

Canción a Bolívar.

“No me diga Bolívar que no

Que Caracas no va a despertar

Por las calles los estudiantes lo andan buscando

En Guayana, en la Costa Oriental

Los obreros están preguntando

Por la espada y el caballo blanco, mi General

Dicen que están dispuestos a acompañarlo

Que en la lucha serán libres o morirán

Que la patria no resiste ya tanto engaño

Que el poder de los corruptos acabará, General.

Póngase las botas mi General

Ya ensillé el caballo pa’ cabalgar

Sobre el tiempo nuevo que está viniendo

Que llegará

Y no se me muera de soledad

La hora del desquite está cerca ya

En la gesta suya que nuestro pueblo

Continuará.

Bolívar”

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Así se sentiría el patriota Chávez encerrado en la “boca del lobo”.

Él mismo cuenta cómo vio desfilar a los mandatarios de decenas de países que vinieron a convalidar la ascensión de CAP II.

Ese año Chávez tenía 35, CAP 67, habían pasado 159 de la muerte de Bolívar, y el imperialismo gringo llevaba 150 añitos jodiéndonos.

Pérez Jiménez llevaba 31 años en autoexilio dorado, y la Revolución Cubana cumplía 30, iniciándose una etapa de graves sacrificios que graduó al pueblo cubano de experto suma cum laude en resistencia, conciencia y dignidad.

Pero en 1989 Cuba no sólo perdió el apoyo soviético, tuvo otras pérdidas mucho más sentidas: ese año aciago murieron Nicolás Guillén, poeta nacional de la isla, y José Antonio Méndez, uno de los mejores compositores que ha parido el Caribe.

En Venezuela estaba por perderse un tesoro en oro. “El 18 de febrero de 1989, la banca internacional exige garantías en oro y petróleo a futuro para otorgar los empréstitos solicitados por el gobierno de CAP II”.

“El día 20, el Banco Central embarca a Londres ocho toneladas de oro de las reservas internacionales. Los periódicos mostraban dos gandolas estacionadas frente al ente emisor, usadas para trasladar el tesoro dorado”.

El entonces presidente del BCV, Pedro Tinoco, banquero de uña y pezuña, dueño del Banco Latino, informó que “parte del oro será vendido para obtener cien millones de dólares”.

Ese año marcó el desmoronamiento del proyecto socialista en Europa del Este con la caída de la Unión Soviética y su falso sistema satelital. Desde el barco Máximo Gorki –escritor ruso, autor de la famosa novela épica socialista La Madre- fondeado en las costas de Malta, el sovietófago Mijaíl Gorbachov le dio el sí al vaquero de Hollywood Ronald Reagan, para sellar el final feliz al mejor estilo movie western.

Los pedazos del Muro de Berlín quedaron para coleccionistas de suvenir y para ayudar a la ideología dominante a simplificar gráficamente una historia arrecha que nunca debió reducirse a un pedazo de pared.

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Un mosquetero menos. El cálculo fue hecho por geniales desdichados. Sacaron a Felipe Acosta Carlez de la Academia para mandarlo a una emboscada.

Es que el Caracazo también le sirvió a la oligarquía venezolana para sembrar terror en la población. Decidieron mostrar lo que eran capaces por aferrarse al sistema de dominación. Masacraron indiscriminadamente al pueblo como para decir quién manda aquí.

Pero igual aplicaron el asesinato selectivo de cuadros revolucionarios y líderes sociales que los cuerpos de represión tenían estigmatizados como ultrosos.

En el caso del movimiento militar bolivariano, a pesar de haber funcionado bajo un esquema de clandestinidad, tenían precisados a algunos de sus integrantes, producto de delaciones y filtración de información, donde no estuvo ausente la fanfarronería de algún que otro bocón infiltrado.

Recuerdo que a finales de 1990, José Albornoz, a la sazón correaje de seguridad de la Dirección de la Causa R, fue expresamente al Zulia a darle un parao a un teniente coronel retirado que andaba fanfarroneando necedades, al punto que era considerado por los compañeros del aparato armado como un soplón, y lo habían declarado posible objetivo militar, porque sus habladurías pusieron en riesgo a oficiales activos que si estaban comprometidos con la insurrección.

El sitio al que mandaron a Felipe Acosta Carlez fue al sector La Montañita, en los alrededores del Fuerte Tiuna.

Cuentan los veteranos del lugar, que quienes prepararon la emboscada, debieron calcular muy bien sus planes, ya que en esos callejones con pendiente “en cualquier recodo suena un tiro y listo”.

Algunos afirman que le dispararon por la espalda con gran precisión, como si se tratase de un francotirador de la PM o la DISIP. En la FFAA también hay duchos en esto.

Al morir el “Catire Felipe”, sólo quedarían tres de los cuatro conjurados en el Samán de Güere: Chávez y dos que luego se rajaron.

7

A Chávez le fue pasando lo que Nazoa canta de manera tan excelsa en este soneto: “Yo cantaba la lluvia y los membrillos, yo cantaba las flores de la tierra; mi corazón fue niño por la sierra coleccionando ramos amarillos. Pero escuché la voz de los sencillos, campesinos y obreros de la tierra y vi sobre el amor venir la guerra con su turbión doliente de cuchillos. Ay, todo era combate, sangre y muro ¿Cómo pudo esta sorda mano mía cultivar su clavel entre las balas? Cambiar quiero mi plata en plomo duro. Quiero poner mi armada poesía, al lado de los picos y las palas”.

Nunca mejor dicho. Que Aquiles ha sido en poesía para este país, lo que Alí Primera en la canción. Ambos son fuelle para el alma y savia de la conciencia. Ambos habían muerto antes del Caracazo. Nazoa en 1976, cinco meses antes que el camarada Mao, y Alí en 1985, un mes antes que el camarada Konstantín Chernenko.

Hacía siete años Chávez había hecho su juramento en el Samán de Güere, árbol de una enorme simbología patriótica, cuyas historias se remontan a nuestros ancestros arahuacos, pasando por la mirada exploratoria de Humboldt, y la pausa bajo sus generosas sombras que a las huestes de Bolívar y Rafael Urdaneta sirvió de elixir reconfortante para reemprender la gesta libertadora.

Aquél primer Chávez en Miraflores, sirviendo forzadamente al enemigo, viendo impotente cómo se maldecía el ejército de Bolívar disparando a su pueblo, conteniendo la rabia, debió tragar grueso y amargo, recordando con Martí, que “En silencio ha tenido que ser… porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.

Pasados unos días de la masacre, en la terrible soledad del ermitaño ideológico, el joven oficial Jefe de Ayudantía del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa, cuyas oficinas estaban en Palacio Blanco, Miraflores, paseó su memoria velozmente por los sucesos históricos que presenció en estas instalaciones en menos de un mes.

Apenas unas semanas atrás vio a Fidel Castro y a Daniel Ortega desfilar entre la multitud de mandatarios extranjeros que vinieron a la coronación de CAP II, y ahora esto de un pueblo en estallido de rebeldía contra la opresión y la politiquería.

Es fácil suponer que esas noches de reflexión en solitario a Chávez se le reafirmaron las convicciones patrióticas, porque la conclusión más directa después de haber presenciado El Caracazo era: “Si el pueblo desarmado y desorganizado se alzó tan bravíamente, ¿cómo no hacerlo desde los cuarteles, armados y con un plan predeterminado profesionalmente?”.

Por eso ya nadie tiene dudas que el “4 de Febrero” es hijo del “27 de Febrero”, si hasta el mismo apellido llevan.

Sólo la verdad histórica forma pueblos libres.

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