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"Las mujeres pobres son más violentadas en el parto"

Fragmentos de mujeres que paren y ayudan a parir

Venezuela | 29 de abril de 2021

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“Mi primer embarazo fue a los 18 años y a los dos meses de gestación tuve un aborto espontáneo, Me internaron en la Clínica Santa Ana, donde fui medicada con pitosin y misoprostol durante 6 días. No me hicieron curetaje hasta que "el feto saliera de mi cuerpo". Todos los días tuve muchísimo dolor y cuando por fin lo expulsé, me hicieron esperar dos días más porque no había quirófano disponible”. Así vivió Angelymar Flores su primera experiencia de gestación. Ella es una mujer venezolana de 27 años edad y con una niña de 9. Es docente.

“Tengo una hija de 11 años y un hijo de un año y medio. La primera nació en Aquamater, que es una clínica de Parto Humanizado en Caracas y el segundo en un hospital de atención masiva en Bogotá. Con la primera sufrí mucha violencia obstétrica, con el segundo, muy poca, realmente, el hospital tiene un programa de parto humanizado, que aún cuando atiende muchas mujeres, resultó ser bastante efectivo”, nos comienza a narrar sobre sus embarazos, Yolanda Saldarriaga, mujer colombiana, madre de una niña venezolana, latinoamericanista y feminista.

Ellas fueron atendidas en centros de salud privados en Venezuela. Pagaron y supieron de otros dolores y de los suyos. De seguro, antes habían vivido violencia psicológica por alguna pareja o por familiares, ahora, estaban experimentando descarnadamente la violencia obstétrica. Sí, ¿quién puede pensar que una médica o un médico puede maltratar, violentar y hasta torturar? Se trata de otra violencia naturalizada que sufrimos las mujeres cuando gestamos y parimos.

¿Qué será de las mujeres pobres que paren solas en hospitales públicos, después de deambular, rompiendo fuente, en distintos centros, hasta dar con uno, en donde seguro aceptaron ingresarla a duras penas?

“abajo
al centro de mis cuclillas
donde ahora usted lo busca
su baba blanca castrada
no se le hubiera ensuciado
con mis fragmentos acuosos
hijo carnicero órgano semental
hubiera podido reunirlo
el dinero doctora
porque yo trabajo mucho
baba amarga vaca blanca”

“Para mí, la violencia obstétrica es todo tipo de violencia que se le hace a la mujer o persona gestante alrededor de la gestación. Que puede ser desde la violencia en consulta, alrededor del anticonceptivo, por ejemplo, que ya para mí entra en la cuestión obstétrica porque es la cuestión del embarazo o no, hasta la violencia frente a una mujer que pide abortar, que está abortando, que tiene un aborto espontáneo o uno provocado o la violencia alrededor del parto o del puerperio”, este es el concepto de violencia obstétrica de Alessandra Moonens, médica nacida en Bélgica, que vivió en Venezuela desde el año 2007 hasta el año 2015 ejerciendo la medicina, dando talleres de formación en las comunidades, sobre violencias y el derecho que tenemos todas de decidir sobre nuestros cuerpos.

Consultamos nuestra Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en el numeral 13 del artículo 15, “Se entiende por violencia obstétrica la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por personal de salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres”.

Yolandita testimonia y nos cuenta cuando nació su primera hija. Ayilen Sofía tiene ahora 11 años y es más alta que su mamá. Es grandota y muy lúcida. Ayilen significa “alegría” en mapudungun, idioma mapuche. “Siendo una clínica de parto humanizado, me atendió una doctora, Ana Lara, que en ese momento se estaba integrando a la visión de parto humanizado, tenía una mirada occidentalizada y decidió adelantar el parto porque ella quería viajar, era diciembre, entonces me aplicó pitosin, me rompió fuente, me hizo episiotomía”.

“El neonatólogo brincaba y apretaba para que la bebé saliera, salió con problemas respiratorios, estuvo en incubadora, yo tuve hipotonía uterina que es una dificultad del útero para volver a su tono, que genera hemorragia, la principal causa de muerte materna. Me hospitalizaron tres días en la Maternidad Concepción Palacios para hacerme transfusiones de sangre, fue muy dura y muy larga la recuperación. Tuve depresión postparto, interrumpieron el vínculo entre mi hija y yo, y la lactancia también se dificultó, además siendo la primera bebé es más difícil”, siguió Yolanda con su relato.

Yolanda y Angelymar son amigas y juntas militan en el grupo feminista “Mala madre”. Yolanda viene de fundar la Escuela de Feminismo Popular Latinoamericano que inició en Venezuela. Alexandra también fue una de las fundadoras de esta escuela. Las tres hacen un diálogo necesario y esclarecedor sobre la violencia obstétrica. Las tres saben de los mismos dolores y conocen los mismos cuchillos.

“usted nunca ha parido
no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras del río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querido
doctor
no meta la mano tan adentro
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida”

¿Procedimientos obstétricos o torturas?

La experiencia de Alessandra, una médica que es feminista, aliada de las mujeres gestantes y en trabajo de parto, nos estremece y a la vez nos moviliza para seguir desmenuzando las violencias contra nosotras.

“Hay muchos procedimientos que yo he visto. Los vi muy natural en los médicos que los hacían pero que eran muy violentos. Como por ejemplo, en la Maternidad Concepción Palacios, las mujeres estaban en posición ginecológica para parir delante de un gran pasillo donde transitaba gente y tú lo que veías eran cubículos abiertos, vaginas, vaginas, vaginas, eso ya para empezar, no indica ningún respeto a la intimidad de la persona”, narra Alessandra.

“El hecho que las mujeres no puedan ser acompañadas durante el parto, el hecho que las mujeres no puedan vestirse, que están en batas de tela-papel cuando los médicos están con abrigo porque hay un aire acondicionado tan fuerte y hace mucho frío”, continúa la doctora belga, quien dice ser venezolana, de corazón.

“Ver médicos haciéndole un fórceps al bebé cuando ni siquiera la mujer empezó a pujar, cuando no hubo un intento de parto natural y que se está medicalizando el parto de manera violenta, con oxitocina, hacerles cesáreas cuando no es necesario, la violencia de la cesárea impuesta, sobre todo en los centros de salud privados cuando hay más de 80% de cesárea. ¡Es alucinante! En los centros de salud públicos suele haber 30% de cesárea, que ya es demasiado alto porque los casos de cesáreas necesarias oscilan entre el 10% al 15% en general. El resto es cesárea innecesaria porque el ginecólogo decide sin necesidad médica”, enfatiza Alessandra.

Esto le ocurrió a Angelymar. “En mi tercer embarazo, el de mi hija, decidí (y había la posibilidad) de tenerla en una clínica privada. Programamos cesárea, porque según el doctor que me atendió, yo tenía la pelvis muy estrecha. Rompí fuente dos días antes de lo programado, a las 3 am y enseguida empezaron las contracciones muy fuertes, el trabajo de parto iba muy rápido, llegamos a la clínica a las 5 am y ya tenía 6 de dilatación. Yo en ese momento, estaba muy desinformada y además me desgarraba el dolor. El doctor al ver que el trabajo de parto estaba muy avanzado, me realizó un tacto, empujando la cabeza de la niña hacia arriba (de vuelta al útero) para poder realizar la cesárea. Ahora, ya con más conocimiento, sé que podía dar a luz por mis propios medios”.

Voces de una médica que reconoce sus privilegios así como las violencias

Las mujeres pobres son más violentadas en el parto ¿Las y los médicos naturalizan esto? Tomamos el testimonio de la doctora Alessandra. “Para mí, es una cuestión de clase. Yo he dicho a algunas ginecólogas, “¿cómo pueden tratar a esta mujer así, usted que es mujer, la trataron así cuando parió?, no hubiese aguantado un trato así, ¿entonces por qué impone ese trato?”. La persona me miraba como si yo le estaba hablando de algo extraterrestre, porque ella sí tiene derecho a parir respetuosamente, aunque tuvo cesárea, en centros privados. En Venezuela no hay manera de parir natural, con respeto, porque el parto natural es para las pobres con maltrato y con torturas”.

“Para mí ya no es violencia obstétrica, para mí ya es tortura porque las y los médicos están programados para ser maltratadores y está el “parto respetado”, con un trato un poco mejor, en privados, pero con cesárea, ahí sí te hablan bien, te llevan el café, pero el seguro tiene que pagar, igual te van a hacer cesárea, es una súper violencia cortarte la barriga para sacarte el bebé”, argumenta Alessandra Moonens.

“También está naturalizado tanto en los médicos como en una parte de las mujeres. El equipo médico que está trabajando en hospitales públicos, hace sentir a las mujeres que paren en estos centros, que son pobres, indias, negras y malandras, que su marido es malandro y que va a querer matar al médico, entonces no puede entrar. Yo escuché estas cosas, entonces uno siente la diferencia de clase impuesta en el médico tratante hacia la paciente en el sistema público, a pesar que hay gente muy buena también. No son todos, estamos hablando de la naturalización de la violencia. Los médicos no son conscientes de la naturalización. El sistema te deshumaniza”.

“Para mí, no hay mujeres en Venezuela, en América Latina y en el mundo que no haya vivido violencia obstétrica, sólo que muchas no la identifican. Porque la naturalización no está solamente en el cuerpo médico sino en la sociedad en general, así como la violencia conyugal hacia las mujeres. Hay mucha naturalización de las violencias hacia las mujeres. Yo he vivido violencia obstétrica muchas veces, yo que soy blanca, médica, formada, europea, de clase media alta, es decir con todos los privilegios”.

¿Cómo contrarrestamos la violencia obstétrica?

Seguimos dialogando con la doctora Alessandra, pero también acudimos a la ternura de una doula. ¿Qué es una/un doula? “son unos brazos que contienen, unos oídos, una voz que dice: “Aquí estoy para ti”. Brindamos apoyo emocional a las mujeres durante el embarazo, el parto y posparto, lo cual incide en su entorno familiar y en la vida en gestación. Este apoyo procura que se empoderen para que vivan con conciencia, autonomía y seguridad estas etapas, en el ámbito emocional, espiritual y fisiológico. No intervenimos en procedimientos médicos, aunque nuestra presencia asista de forma indirecta al personal médico o a las parteras al apoyar a las parturientas en su equilibrio. En otro sentido, también douleamos los espacios que habitamos, en sororidad plena. En general acompañamos los procesos asociados a la gestación, el parto y posparto, así como las pérdidas gestacionales”.

Esta voz-ternura-doula es de Beira Lisboa, una mujer maravillosa que es docente y poeta. Ella se unió a este diálogo-sanación tejido por Yolanda, Angelymar y Alessandra.

Nuestra doctora que se identifica como revolucionaria y chavista, habla claramente. “El cambio no va a venir de los médicos, va a venir de la calle, de los movimientos feministas, de las mujeres, del proceso político, pero no vendrá de los médicos, aunque tenemos que buscar médicas y médicos aliados para que su voz nos apoye, pero el cambio no está dentro de la academia, está afuera”.

Ante una violencia tan legitimada en los sectores más poderosos, organicémonos, movilicémonos y no perdamos la ternura. “La violencia obstétrica y la ginecológica, en general, son la expresión máxima de la violencia patriarcal y del capitalismo dentro de la esfera más íntima, que es la esfera ginecológica de una mujer. La colonización del cuerpo de la mujer. Esto no es solo en el parto también en procesos de abortos. Nos robaron el parto, nos robaron el aborto, nos robaron el proceso de la procreación, nos robaron el derecho a decidir nuestra fertilidad. El cuerpo médico nos lo robó porque es patriarcal, paternalista y capitalista”.

“El mismo médico que te maltrata en el sistema público, es el mismo médico que te trata bien en el privado. Los médicos nunca van a militar para el derecho de las mujeres a abortar de forma segura, porque a ellos les conviene que el aborto sea ilegal”. Recordemos que las mujeres pagan mucho dinero para poder abortar en condiciones salubres y seguras en clínicas privadas. “Eso es el capitalismo en pleno, más allá del patriarcado”.

Beira vuelve a intervenir y así sanamos todas juntas. “Cada mujer es un universo, cada cual siente y vive esta etapa de forma distinta. Sin embargo, hay cambios comunes que las embarazadas experimentan y requieren especial atención. Lo más importante es que tanto las mujeres como sus parejas puedan formarse a través de cursos prenatales que les permitan advertir estos cambios y actuar en consecuencia con responsabilidad y en conexión verdadera”.

La poeta-doula nos recuerda y eso nos moviliza más, “el interminable “ruleteo” al que siguen siendo expuestas en búsqueda de un centro de salud público que las atienda en trabajo de parto, por ejemplo, es sin duda un acto de violencia obstétrica”. Insistimos en esto y esperamos que las autoridades lean este artículo y no dejen de agotar todos los recursos para que nunca más una mujer en trabajo de parto sea ruleteada en Venezuela.

“y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río”.


Con extractos de poemas de María Auxiliadora Álvarez. Poeta venezolana.
María Mercedes Cobo/Alba TV

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