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Jorge Marchini

Virus internacionalista, pero vacunas privadas y nacionalistas

Internacional | 17 de febrero de 2021

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El enorme logro de la ciencia de haber alcanzado en tiempo récord vacunas contra COVID-19, es contrapuesto, como cruda paradoja, por la mercantilización de la salud. Ésta no solo pone en evidencia las distancias económicas y sociales abismales en la atención médica, sino, y en forma inmediata, pone en riesgo la eventual posibilidad de revertir en el próximo período la pandemia mundial a través de la vacunación universal.

Pese a declaraciones extendidas de líderes mundiales planteando que se trata de una «crisis de toda la humanidad», la provisión de vacunas se está desarrollando como un negocio privado excepcional.

La posibilidad y necesidad de la vacunación masiva para la superación de la crisis sanitaria tiene como freno evidente el hecho deLa vacuna contra el COVID-19 no debe ser obligatoria, dice la OMS que no solo que se trata a la vacuna como un producto de mercado -» el que paga accede» o, como se refleja ya en lo inmediato, «el país más rico vacuna primero»-, siendo que el virus contagia no respetando fronteras, privilegios económicos-sociales, ni leyes del mercado.

Paradójicamente, la inversión inicial en investigación y desarrollo ha sido y es financiada centralmente con fondos públicos y compras anticipadas estatales – ncluyendo las de países más pobres- que se han ido realizando aún previo a conocerse la efectividad de cada vacuna y el período de protección al contagio que puede brindar su aplicación.

Los recursos estatales volcados y comprometidos a nivel mundial en las vacunas contra la Covid-19 hasta el mes de enero de 2021 se han estimado en más de 86.500 millones de euros (unos 104.000 millones de dólares) [1], pero pese a ello los grupos fabricantes pretenden la propiedad monopólica de sus vacunas de veinte años, reclamando el privilegio del derecho de exclusividad de patentes privadas establecido por el acuerdo de propiedad intelectual (ADPIC) de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

No fue por lo tanto casual el cruce de denuncias por las dificultades en la fabricación y entrega de las primeras partidas y las campañas impresionistas y/o sucias de comunicación a favor y en contra de vacunas, revelando la prevalencia de la competencia por sobre la coordinación de esfuerzos internacionales.

Las disputas han dado pie hasta a posicionamientos geopolíticos de países centrales (EEUU, China, Rusia, Reino Unido, Unión Europea) para impulsar la más rápida aprobación y penetración de las vacunas de sus laboratorios

Simultáneamente, la competencia anárquica se ha reflejado en la disputa por la provisión prioritaria de vacunas por parte de los gobiernos de países más ricos. El desorden se ha evidenciado también muy claramente en el grado de especulación y falta de transparencia de los precios negociados para las compras de dosis limitadas vacunas.

En tanto, han seguido sin conocimiento público los costos reales de investigación, producción y distribución y, por supuesto, la magnitud de las ganancias empresarias . Estas podrían tener aún mucho mayor significación a largo plazo, si acaso se planteara el requerimiento de vacunaciones anuales recurrentes.

¿Negocios primero, caridad después?

Aun cuando todos los laboratorios han prometido precios «justos y razonables», el compromiso concreto de su significado ha seguido siendo ambiguo, lindando entre prometer vender a costo en un período inicial, a ser definido por las propias empresas, a brindar condiciones de venta y crédito más accesibles para países más pobres, sin aclarar cuáles. .

Ante la evidencia de la inequidad previsible en la distribución de la vacuna, la Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsó en abril de 2020 el lanzamiento de la iniciativa pública-privada Covax, aspirando a la provisión de dos mil millones de vacunas a países más pobres en 2021.

Pero ya comenzando a avanzar el año, la propuesta había sumado compromisos de aportes que cubrirían solo la tercera parte de los fondos necesarios para hacer posible el objetivo global de vacunación planteado para el presente año, con 7.000 millones de dólares necesarios y apenas 2.400 millones comprometidos

Covax, además, sufre el hecho de la incidencia deformadora de decenas privados que utilizan su participación muy limitada (el 90% de los fondos prometidos hasta el momento son públicos), como pantalla de relaciones públicas y para brindar opiniones grandilocuentes no especializadas o sesgadas.

Es la humanidad, estúpido

Poco antes de las elecciones de 1992 en EEUU, el entonces presidente George Bush (h.) era considerado imbatible por la mayoría de los analistas políticos. En este marco, James Carville, estratega del candidato demócrata Bill Clinton, pegó un cartel informal en las oficinas de campaña sintetizando que su candidatura debiera centrarse solo en definiciones muy simples que no debieran ser explicadas sino solo agitadas: a) cambio vs. más de lo mismo, b) es la economía estúpido, c) no olvidarse de la salud.

Mucho ha cambiado el mundo desde entonces, y no justamente para mejor. Se ha evolucionado hacia un mundo que pese a sus notables avances tecnológicos, plantea desigualdades y marginaciones cada vez más evidentes. El combate imprescindible a la pandemia pone claramente en evidencia ahora también la necesidad de superar el ocultamiento de intereses reales tras frases altisonantes, superficiales y/u oportunistas de asesores de imagen.

Los países de América Latina, así como en general todos los países periféricos y sectores marginados de la atención de la salud , deben establecer y reclamar claramente sus prioridades y coordinar posiciones y acciones urgentes y viables, como ser:

a) Priorizar los presupuestos de salud pública considerando la existencia de un estado de necesidad ( Ej: primero la salud y no los especuladores financieros).
b) Garantizar la vacunación universal , combatir concretamente y tomar posición abierta en foros internacionales contra discriminaciones que inhiben el acceso alcanzable, seguro y efectivo de tratamientos diagnósticos y vacunas de países periféricos y sectores marginales.
c) Siendo una pandemia mundial y gozando los laboratorios de una apoyatura pública y social garantizada, exigir la transparencia pública de costos/ beneficios/ precios de producción de vacunas. Desarticular superbeneficios rentísticos (patentes monopólicas de largo plazo), por deber ser considerada en forma terminante ésta como una «crisis de seguridad», tal como es definida puntualmente en acuerdos internacionales existentes [5].
c) Impulsar sin demora políticas públicas activas de investigación y desarrollo para la producción local y la complementación armónica regional e internacional en la fabricación y abastecimiento de equipos, insumos y medicamentos (incluyendo vacunas)
La crisis actual no requiere de palabrerías vacuas e impresionistas, sino de propuestas, medidas y acciones urgentes concretas que prioricen la salud de la humanidad por sobre los negocios privados y las especulaciones geopolíticas. La pandemia ya ha provocado demasiado dolor y daños. No hay tiempo que perder.


Jorge Marchini/Alba TV

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